María Santísima Medianera

  

Plinio Corrêa de Oliveira

No hay cómo negar que la Virgen María ocupa un lugar especial en la economía de la Redención del género humano. Como afirma San Efrén, Dios quiso que, así como el género humano cayó por medio de Eva, la primera mujer, por medio de María, la nueva mujer, tuviese el hombre la gracia de la salvación.

En los Evangelios, en toda la vida de Nuestro Señor Jesucristo, los hechos más importantes, aquellos que se relacionaban más de cerca con la restauración de la humanidad, no se hicieron sin la intervención de Nuestra Señora.

En las bodas de Caná, el milagro que determinó la fe de los Apóstoles no se hizo sin la intercesión de María. Ahora bien, los Apóstoles fueron las primicias de la obra de Jesucristo y los fundamentos de la evangelización de todo el mundo.

Más tarde, cuando se consumó la obra de la Redención en la cruz, allí estaba la “Mujer” a cuya guarda confiaba Jesucristo a todos los hombres en la persona de San Juan.

Esos hechos llevaron a los Santos Padres y a los Doctores de la Iglesia a considerar bien en Nuestra Señora la Maternidad Divina y las consecuencias que de ahí se derivan. Si realmente María fue especialmente escogida por Dios para ser Madre de su Divino Hijo, si para ese fin la preparó la Bondad Divina con privilegios inefables, como el singularísimo de la Inmaculada Concepción, era natural que el Altísimo reservase a la Virgen María una situación especial y profunda en la restauración del género humano.

Eco de todos los Santos Padres y del sentimiento común de los católicos, el Bienaventurado Grignion de Montfort escribía: “Toda la tierra está llena de su gloria, particularmente entre los cristianos, entre los que se la tiene por tutelar y protectora en varios reinos, provincias, diócesis y ciudades. ¡Cuántas catedrales consagradas a Dios bajo su nombre! Ninguna iglesia sin un altar en su honor; ninguna comarca ni cantón en donde no haya alguna de sus imágenes milagrosas, y en donde se curan toda clase de males y se consigue toda clase de bienes. Tantas cofradías y congregaciones en su honor, tantas Órdenes religiosas bajo su nombre y amparo. Tantos congregantes y hermanos de todas las cofradías. Tantos religiosos y religiosas que publican sus alabanzas y que anuncian sus misericordias. No hay un niño que al balbucear el Ave María no la alabe; no hay pecador que, por endurecido que sea, no tenga en Ella alguna chispa de confianza, ni siquiera hay demonio en los infiernos que, a pesar de temerla, no la respete.”

De hecho, no hay gracia concedida por la Misericordia de Dios que no lo sea a través de las manos de María. En el Antiguo Testamento eran los merecimientos de Nuestra Señora que, previstos, movían la Bondad Divina a distribuir sus gracias a los patriarcas y a los fieles del pueblo elegido. Hoy, en el Cielo, Ella es la dispensadora de los beneficios que de allá bajan a este valle de lágrimas. Es precisamente en ese hecho que se encierra la mediación de todas las gracias, consagrada por la Iglesia el 31 de mayo.

El dominio, pues, de la Mediación de María Santísima, se extiende a todas las gracias conquistadas por Jesucristo. De ese hecho se sigue toda la importancia y necesidad moral de la devoción a la Santísima Virgen para el fiel en el difícil camino hacia el Paraíso. Si es verdad que la Virgen María, en los extremos de su cariño maternal, intercede junto a su Divino Hijo por todos los hombres, no hay la más mínima duda de que su protección se ejerce de modo tanto más especial, cuanto más tierna fuere la devoción que el fiel alimente para con la Virgen Santísima.

A propósito, ¿qué nombre merecería el cristiano que no tuviese para con la Madre de Jesucristo un acendrado amor y ternura filial? ¿Sería un verdadero católico quien no diese a María el culto al cual tiene derecho por la excelencia singular con que la distinguió la omnipotencia de Dios?

1) Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, No. 9.

                                                  ____________________          

(Editorial de la Revista Dr. Plinio, No. 278, mayo de 2021, p. 4, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de O Legionário, No. 350, del 28/5/1939).

Last Updated on Monday, 31 May 2021 17:33