Contra-Revolución y vida interior

 

Plinio Corrêa de Oliveira

El sacerdote o católico laico que consagra verdaderamente su vida a la causa de la Iglesia, es aquel que tiene un modo de pensar por el cual relaciona con Dios todo lo que ve y trata. Y, por el hecho de considerar todo en función de Dios, discierne lo que es el bien y el mal, la verdad y el error, lo bello y lo feo.

Para eso, debe tener un alma profundamente admirativa, pues la persona incapaz de admirar es también incapaz de tener una verdadera vida de piedad. Entonces, al contemplar los diferentes aspectos de la Doctrina Católica con respecto a Dios, al pecado, a la Redención, a la Encarnación del Verbo, a la Maternidad Divina de María, a los Sacramentos, a la Iglesia, a la Ley de Dios, va analizando, encantándose, entusiasmándose, profundizando y admirando cada vez más.

Él practica, de esa forma, la máxima tomista de ver, juzgar y actuar. Según las apetencias de su alma, piensa en esas riquezas inagotables y hace correlaciones. A medida que correlaciona, conoce más: ver. Al ver, admira más: juzgar, pues la admiración presupone la conclusión de que algo es admirable y, por lo tanto, se trata de un juicio. Solo después él va a actuar, o sea, a hacer apostolado.

Solamente un alma meditativa y embebida de admiración puede realizar un apostolado auténtico. Ahora bien, esa meditación que eleva el pensamiento, desapegándolo de lo meramente palpable para relacionar todo con el Creador, se llama oración, esto es, la elevación de la mente a Dios, imbuyéndose del espíritu católico para difundirlo en torno de sí.

De esas horas de recogimiento y contemplación el apóstol sale al campo de batalla de la existencia cotidiana, llevando consigo los recuerdos de las verdades contempladas y observando. Así, en cualquier lugar donde ponga su mirada, él analizará, sobre todo, los contrastes entre el espíritu revolucionario y el contrarrevolucionario, que es el de la Iglesia, considerando todo cuanto la Contra-Revolución trajo de bello al mundo, y lo que la Revolución puso de feo y de asqueroso.

En el Bautismo recibimos la gracia, que nos confiere una participación en la propia vida de Dios. Para usar una imagen, se da en nosotros más o menos lo que sucede cuando se injerta una planta en otra. Toda comparación claudica, pero esta figura nos permite tener una idea de cómo pasamos a vivir de una vida que no es solo la nuestra, sino una verdadera participación de la vida divina.

Ahora bien, solamente por la gracia obtenemos la fe y nos volvemos capaces de esa admiración a la cual me referí y cuyo nombre es amor.

Esa vida divina la podemos comunicar a los otros, pues, al entrar en contacto con nosotros, las personas pueden recibir la gracia. Haciendo circular la gracia, hacemos circular la vida de Dios por el mundo.

Un católico que quiera hacer apostolado sin la gracia de Dios es un loco, pues se trata de algo imposible. Así también, no hay Contra-Revolución sin vida interior.


(Editorial de la Revista Dr. Plinio, No. 274, enero de 2021, p. 4, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 22/5/1976).

Last Updated on Monday, 11 January 2021 15:34