Luchando por los derechos de la Iglesia

Incansable luchador por los derechos de la Iglesia, el Dr. Plinio usó, desde joven, todos los medios para hacerlos valer. Así, en 1932, dos años antes de la Asamblea Nacional Constituyente, denunció, en las páginas del semanario “O Século”, la violación de los derechos más elementales por la prohibición de la enseñanza religiosa.

 

 

Plinio Corrêa de Oliveira

La Nota de la Semana1 no podría dejar de ocuparse del desastroso acontecimiento que hace unos días atrás trajo consigo un golpe profundo a más en los sentimientos religiosos de los paulistas.

Un militar que, a título interino, ocupaba la Interventoría, a la cual fue elevado por mera casualidad y lo colocó en una evidencia que nunca había soñado2, se cree con el derecho de perturbar profundamente la paz religiosa del Estado, para imponer a los católicos paulistas sus puntos de vista de sectarismo mezquino, ¡con el rótulo de libertad de conciencia!

Mucho ruido levantó el célebre decreto sobre la mendicidad, en que el Interventor, estribándose en alegatos absurdos, revocó el propio Código Penal.

No se le queda atrás su último decreto sobre la enseñanza religiosa, en el cual son abiertamente violados los principios más elementales del Derecho. Es verdad que la función de reglamentar los decretos federales le cabe al Interventor. En estas condiciones, podría Su Excia. haber modificado el decreto del Dr. Lando de Camargo, como bien le pareciese.

Sin embargo, nunca podría negar toda y cualquier reglamentación al decreto federal que instituyó la enseñanza religiosa en Brasil, por cuanto esto importa en negar pura y simplemente la aplicación a un decreto promulgado por el Gobierno Federal, para vigorar en todo el Brasil.

Se exorbitó, por lo tanto, evidentemente, el Sr. Interventor de sus funciones, y con esto puso implícitamente en jaque el propio sistema federativo.

Efectivamente, el decreto ataca la unidad de Brasil bajo dos puntos de vista fundamentales: 1) Tiene en vista quebrar la unidad religiosa, eslabón poderosísimo que une de norte a sur todos nuestros Estados en una admirable comunión de ideas; 2) quiebra la unidad legislativa de la Nación, negando a un Estado los beneficios que a todos los otros se conceden.

Contra tal abuso de autoridad, por parte de un funcionario federal, cabía un recurso al Jefe de Gobierno Provisional. Usando sus derechos de Pastor y Jefe, el Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo Metropolitano envió un telégrafo al supremo magistrado de la Nación, pidiéndole que restableciese entre nosotros la justicia y el derecho violados.

Tenemos el derecho de esperar del Gobierno Provisional medidas prontas y eficaces, que forzosamente se imponen como necesarias, al “espíritu jurídico” del Sr. Mauricio Cardoso, Ministro de Justicia.

Debemos, entre tanto, confesar que tales medidas ya se están haciendo esperar desde hace varios días.

¿Traicionará el Gobierno Provisional su alta misión de mantenedor de la unidad nacional, negando al pueblo paulista la justicia que a altos gritos reclama? ¿Llevará él la preocupación política al punto de abandonar sus más sagrados deberes?

Solo el futuro lo dirá. Esperemos… sin esperanza.

1) Nota de la Semana: sección del semanario O Século, en la cual el Dr. Plinio escribía.

2) Manuel Rabelo, Interventor Federal en São Paulo, desde el 13 de noviembre de 1931 hasta el 7 de marzo de 1932.


(Revista Dr. Plinio, No. 154, enero de 2011, p. 5, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de un artículo en O Século, del 3/1/1932).

Last Updated on Thursday, 07 January 2021 17:49