Navidad, confusión y angelización

 

Plinio Corrêa de Oliveira

En la Navidad celebramos este hecho sublime: el Verbo se hizo carne en las entrañas purísimas de la Virgen María y habitó entre nosotros.

Dios creó todos los seres en una jerarquía perfecta: ángeles, hombres, animales, plantas y minerales. Y decidió, desde toda la eternidad, unirse a una de sus criaturas – en una unión que la Teología denomina de hipostática –, de manera que elevase esa naturaleza hasta su propia divinidad.

Así, en Nuestro Señor Jesucristo la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se unió a la humanidad, constituyendo una sola Persona Divina con dos naturalezas: la divina y la humana.

En la inmensa variedad de seres creados, Dios no escogió para tal unión a la criatura más elevada, sino a aquella que de cierto modo participaba de todas las naturalezas, a fin de honrar, de esa forma, a toda la Creación.

En efecto, en la jerarquía del universo están en primer lugar los ángeles, puros espíritus; enseguida viene la naturaleza humana, compuesta de espíritu y materia; después comienza el reino de la materia, con grados de vida diversos, terminando en la materia inerte, tan magnífica y jerarquizada ella misma si consideramos la inmensa gama de seres existente, desde los pedregullos que se golpean inadvertidamente en la calle hasta las gemas más preciosas o los astros más luminosos.

Con la Encarnación, los ángeles buenos se regocijaron al ver su naturaleza espiritual honrada. Y, sin duda alguna, si los animales, las plantas y las piedras pensasen, en Navidad ellos cantarían de alegría, pues se puede admitir que en la Noche de Paz todos crecieron enormemente de brillo porque “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14).

No obstante, Dios honró especialmente al género humano, no solo por haber escogido a un Hombre para establecer la unión hipostática, sino por elevar una mera criatura humana a la dignidad de Madre de la cual Él habría de nacer. Nuestra Señora aparece, así, como el sustentáculo de la honra de la humanidad.

Todo el plano de la Creación tiene, por lo tanto, un sentido específico en función de la humanidad, por el cual la lucha para la salvación de los hombres – a fin de que den gloria a Dios, correspondan a sus designios y se haga su voluntad así en la Tierra como en el Cielo – toma una importancia que envuelve a toda la Creación.

El centro de esa guerra es la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y la perfección de las fuerzas, tanto del bien como del mal, combate en ese campo de batalla sagrado entre todos, constituido por nosotros, seres humanos.

Al finalizar un año más, el panorama de esa lucha se presenta así: una confusión enorme difundida por todos lados por los hijos de las tinieblas. Confusión dentro y fuera de la Iglesia, confusión en el plano eclesiástico, civil, político, social y económico; todo no es sino incerteza y caos.

Viendo tanta confusión entre batalladores de uno y otro lado, se diría que los verdaderos mentores de la lucha, esto es, los ángeles y los demonios, soltaron las riendas de los acontecimientos, y que los hombres, entregados a sus limitaciones, no hacen sino burricies. Ahora bien, los espíritus angélicos nunca entregan las riendas de la batalla. Luego, son los demonios los que provocan confusión y los ángeles la combaten.

Por otro lado, aunque esta sea una guerra a propósito de la salvación del género humano y, por lo tanto, trabada principalmente por hombres, la desproporción existente entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas habla a favor de la angelización de la lucha. Así, caminamos hacia un entrechoque en el cual la transparencia de las acciones angélica y diabólica quedará cada vez más clara.

El futuro está en las manos de Dios y en las oraciones de María, una vez que todo cuanto Ella pide, lo obtiene. Roguemos, pues, a Aquella a quien la Iglesia invoca como “Causa de nuestra alegría” y “Reina de los ángeles”, que derrame sobre el mundo una lluvia de gracias que lave la faz de la Tierra, disipe las tinieblas y haga brillar, con un cielo azul, el Sol de Justicia para la humanidad renovada.


(Editorial de la Revista Dr. Plinio, No. 273, diciembre de 2020, p. 4, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 5/12/1981  Título del artículo en la Revista: La Navidad y el centro de la lucha).

Last Updated on Monday, 14 December 2020 21:04