Odiad el error y amad a los que yerran

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Se acostumbra a decir que “debemos odiar el error y amar a los que yerran”. ¿Quién osaría negar el principio sublime que esta frase define? ¿De qué se alimentó el celo de todos los apóstoles que, desde los comienzos de la Iglesia hasta hoy, en línea ininterrumpida, han combatido el error procurando salvar de sus garras a los que yerran? Justamente de un odio al error y de un amor al pecador. Disminúyase en el espíritu del apóstol este odio o este amor, y dejará de ser un apóstol auténtico.

Sin embargo, esta frase debe ser bien entendida. Debemos ciertamente amar a los que yerran, y esto, inclusive cuando en el paroxismo de su odio a la verdad ellos nos causan los más grandes perjuicios y nos infligen las más tremendas afrentas. Pero, ¿cómo debemos amarlos? En otros términos, ¿en qué debe consistir concretamente ese amor? ¿En qué sentimientos, en qué acciones se debe traducir?

La pregunta no es ociosa. Dios, que es infinitamente sabio, no juzgó suficiente recomendarnos que lo amásemos sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Él; por el contrario, juzgó necesario promulgar diez mandamientos en que ese precepto del amor quedase bien definido, perfectamente explicitado y las obligaciones de ahí derivadas concretamente discriminadas. Y la Santa Iglesia aún juzgó un deber acrecentar cinco mandamientos a los diez que Dios había promulgado en los primeros tiempos: todo esto solo para que el cumplimiento del precepto del amor no quedase entregado a los caprichos del sentimentalismo, sino para que se efectuase conforme a la voluntad de Dios.

¡Ay de los que no aman a los pecadores y a los herejes! Ellos mismos son herejes y pecadores. Pero, ¿cómo se les debe amar? Aun cuando se combata el error, ¿será legítimo atacar encarnizadamente a las personas que lo sustentan?

En efecto, las ideas no se sustentan ni se difunden por sí mismas. Son como flechas y proyectiles que no herirían a nadie si no hubiese quien los disparase con el arco y el fusil. Al arquero y al fusilero se deben dirigir, pues, en primer lugar, los tiros de quien desee herir su puntería mortal, y cualquier otro modo de guerrear podría ser muy conforme a los principios liberales, pero no tendría sentido común.

Los autores o propagandistas de doctrinas heréticas son soldados con armas envenenadas: el libro, el periódico, la arenga pública, la influencia personal. No basta, pues, retroceder para evitar el tiro; lo que se debe hacer en primer lugar, por ser más eficaz, es poner fuera de combate al tirador. Así, conviene desautorizar y desacreditar su libro, periódico o discurso y, en algunos casos, su propia persona, por ser esta el elemento principal del combate.

En ciertos casos, pues, es legítimo publicar sus infamias, ridiculizar sus costumbres. Solo es necesario que la mentira no sea puesta al servicio de la justicia, pues nadie tiene el derecho de distanciarse de la verdad por poco que sea.

El hábito de los Santos Padres prueba esta tesis. Inclusive los títulos de sus obras dicen claramente que, al combatir las herejías, procuraban asestar el primer tiro contra los heresiarcas: Contra Fortunato maniqueo, Contra Adamantium, Contra Felix, Contra Secundino, Quién fue Petiliano, De los gestos de Pelagio, Quién fue Juliano, etc. De suerte que, casi toda la polémica del gran Agustín fue personal, agresiva, biográfica, por así decir, tanto cuanto doctrinaria; cuerpo a cuerpo con el hereje, tanto cuanto con la herejía. Y lo mismo podríamos decir de todos los Santos Padres.

¿De dónde sacaron, pues, los liberales, la extraña novedad de que, al combatir los errores se debe prescindir de las personas, e incluso mimarlas y acariciarlas? Atengámonos a lo que sobre esto enseña la tradición cristiana, y defendamos la fe como ella siempre fue defendida en la Iglesia de Dios. Hiera, pues, la “espada” del polemista católico, y vaya directo al corazón, pues esta es la única manera verdadera de combatir.


(Editorial de la Revista Dr. Plinio, No. 270, septiembre de 2020, p. 4, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de O Legionário, No. 470, 14/9/1941).

Last Updated on Monday, 07 September 2020 18:15