Esclavos militantes de la Reina del Cielo y de la Tierra

 

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Hay un primer aspecto de la realeza de Nuestra Señora que se refiere a la que Ella ejerce en el Cielo. Esa realeza consiste en que la Santísima Virgen fue exaltada por encima de todos los santos y ángeles, sobre los cuales Ella tiene un verdadero imperio.

No debemos entender esa soberanía como la de una Reina Madre terrena, la cual, por ser madre del Rey, goza de una situación eminente en la corte pero no tiene poder de mando. María Santísima, por el contrario, fue instituida como Reina de toda la Creación, y Dios le dio, de hecho, el gobierno del universo, del cual hace parte el dominio sobre los espíritus celestiales, de tal manera que los ángeles, aunque son superiores a Ella por naturaleza, la obedecen, haciendo en todo su voluntad.

Así pues, María es verdaderamente la Reina de los ángeles y de los santos, así como también del género humano y de la Iglesia Católica. No hay en la Creación absolutamente nada que no esté colocado bajo el cetro de Nuestra Señora.

En la Tierra, esa realeza de María se ejerce principalmente en cuanto siendo Ella la Medianera de todas las Gracias. Una vez que es Madre de Jesucristo, todos los pedidos van a Dios por medio de Ella, y todos los favores y dones nos vienen de Dios por su intermedio. La Santísima Virgen posee la omnipotencia suplicante, pues por sus súplicas consigue absolutamente cuanto que quiere, y nunca se oyó decir que un pedido de Ella no fuese enteramente atendido.

Todo eso hace de la Santa Virgen María la verdadera Reina. He aquí el título por el cual nos consagramos a Ella como esclavos1, y que constituye un conjunto de atributos según los cuales Ella merece, de hecho, nuestra obediencia incondicional.

Por consiguiente, la restauración de la realeza de Cristo en el mundo es la restauración del reinado de María. Sin embargo, como en todas las épocas de la Historia de la Iglesia hay algunas verdades que brillan más que otras, esa realeza de Nuestra Señora se ha explicitado mucho y cada vez más a partir de San Luis Grignion de Montfort hasta Fátima, donde Ella anunció: “¡Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!”.

Si María triunfa, evidentemente como triunfadora Ella reinará, pues uno de los títulos por los cuales una persona es investida legítimamente de realeza es la conquista en una guerra justa.

Nuestra Señora anuncia un título nuevo para su reino: Ella vencerá; es el calcañar de Ella que, una vez más, aplastará la cabeza de la serpiente, quebrará el dominio del demonio e implantará el Reinado de su Sapiencial e Inmaculado Corazón.

Por lo tanto, el sentido de nuestra consagración a María es el de no hacer un solo acto que no tenga en vista restablecer el reinado de esta soberana Señora, haciéndola triunfar, aplastando las fuerzas de la Revolución. Nuestra posición es la de esclavos militantes de una Reina que está en guerra y a quien debemos defender contra sus adversarios, luchando continua e incesantemente hasta que venga el Reino de María.

He aquí, en esta era histórica, la autenticidad de esa consagración: luchar por Nuestra Señora, suplicándole las fuerzas necesarias para conducir esa lucha hasta el fin.

Estas serían las consideraciones que la proximidad de la Fiesta de Nuestra Señora Reina sugiere.

1) El Dr. Plinio se refiere a la esclavitud de amor a la Santísima Virgen, enseñada por San Luis María Grignion de Montfort en su libro: “Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen”.


(Editorial de la Revista Dr. Plinio, No. 269, agosto de 2020, p. 4, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 29/5/1964  Título del Editorial en la Revista: Esclavos militantes de una Reina en guerra).

Last Updated on Monday, 03 August 2020 18:22