Ut omnes unum sint

El 11 de marzo de 1940, reunido el Clero de la Arquidiócesis de São Paulo, Su Excelencia Reverendísima Don José Gaspar de Affonseca y Silva, Arzobispo Metropolitano, anunció el nombramiento del Dr. Plinio como presidente de la Junta Arquidiocesana de la Acción Católica. Días después, en “O Legionário”, el Dr. Plinio expuso el programa de la nueva Junta bajo el lema: Ut omnes unum sint.

  

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Habiendo sido nombrada la primera Junta Arquidiocesana de la Acción Católica, es natural que los lectores del “Legionário” tengan curiosidad en conocer su programa.

Nuestro programa se resume en un lema que aceptamos con entusiasmo, porque nos es dictado por la propia naturaleza de las cosas establecida por la Providencia. Es el dístico que se encuentra en el blasón de armas del Excmo.  Sr. Arzobispo Metropolitano: “Para que todos sean uno”.

El conocimiento más elemental de los Santos Evangelios muestra el ardor extremo con el cual Nuestro Señor Jesucristo pedía para la Iglesia, y recomendaba a los fieles, la unión. Se puede incluso afirmar que pocas veces brotaron de los labios divinos con igual ardor.

La razón es simple, como debe ser concebida según la doctrina de los Santos Evangelios, está en la esencia de la propia misión de Nuestro Señor Jesucristo en el mundo. Como Salvador, Él vino a restablecer el vínculo de unión de la gracia que estaba partido desde el pecado original. Y, al mismo tiempo, a unir en la abundancia exuberante de las gracias de la Nueva Alianza a todos los fieles entre sí, recomendándoles que trabajasen por unir a sí a todo el género humano, en un aprisco único, bajo el báculo de un único Pastor. Unión del hombre a Dios, de los fieles a la Iglesia, de los hijos de la Iglesia entre sí, y de los infieles al Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo, en esto se puede resumir la obra del Divino Salvador.

En lo que me dice respecto personalmente, la primera aplicación que debo dar al lema del Excmo. Sr. Arzobispo es referente a mi unión interior con Dios Nuestro Señor. Que la intensidad de los trabajos no haga menguar, sino por el contrario, crecer en mí la intensidad de la vida interior; que mi piedad se torne más ardiente y mi vida de oración más auténtica, he aquí la primera de mis preocupaciones, que menciono apenas para pedir, en este sentido, a tantas almas piadosas que leen O Legionário, el apoyo de sus oraciones. Porque si en este terreno no hubiere progreso, habré traicionado implícitamente la confianza de mi Pastor, haciendo mi apostolado sin frutos reales y sin mérito delante de Dios.

Esa unión a Nuestro Señor tiene como condición y como consecuencia necesaria una unión cada vez mayor con la Santa Iglesia de Dios. Pero la Santa Iglesia está muy lejos de ser un ente abstracto. Estar unido a la Iglesia es estar unido al Papa y al Arzobispo, así como a todas las demás autoridades eclesiásticas constituidas por encima de mí. Estar unido a la Autoridad es obedecerle amorosamente, exactamente, fielmente. Errando con la autoridad, se acierta. Acertando sin ella o contra ella, se erra…

Unidos todos nosotros a la Iglesia, estaremos unidos entre nosotros. El conocimiento de lo que es la Iglesia, el amor a la Iglesia, obediente a la Iglesia, he aquí la médula de todo cualquier programa de unión.

Seamos uno en la oración, uno en la vida interior, uno en el modo de pensar, de sentir y de vivir, y necesariamente seremos uno en la hora del combate. Ese gran ejército, así unido, podrá infundir terror al adversario y, lo más importante, atraer sobre sí la abundancia de las bendiciones de Dios.


(Revista Dr. Plinio, No. 144, marzo de 2010, p. 5, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de O Legionário del 17/3/1940 – Título del artículo en la Revista: Marzo de 1940 - Presidente de la Acción Católica).

Last Updated on Thursday, 30 July 2020 17:14