El Rosario, una devoción de lucha

El Rosario confiere a la meditación de la vida de Nuestro Señor la nota marial por excelencia, teniendo por detrás la gran verdad de fe que debemos anhelar, del fondo de nuestra alma, que se convierta en dogma: la Mediación Universal de María.

  

Plinio Corrêa de Oliveira

Dada la grandeza de la fiesta del Santo Rosario, es importante que digamos una palabra sobre esta devoción, que consiste en la meditación de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, hecha en tres partes, cada una con cinco misterios1.

La persona verdaderamente piadosa reza por lo menos un Rosario por día

Sin duda, es magnífico meditar respecto a los misterios de la vida de Nuestro Señor. Además, los misterios allí señalados, en aquella enumeración, aunque no sean los únicos, están muy bien concatenados y expuestos, y podemos fácilmente comprender el provecho que las almas tienen con esa meditación.

No obstante, debemos reconocer que en la Iglesia existen otros métodos de meditación de los misterios de la vida de Nuestro Señor. Tenemos, por ejemplo, la meditación hecha según los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Esa técnica ignaciana se puede aplicar a cada uno de los misterios del Rosario. Existe otra devoción que medita los misterios dolorosos magníficamente: el Viacrucis.

Por lo tanto, aunque sea el Rosario una devoción muy importante, considerado en su última coherencia no es sino otra presentación de estilos de meditación y de actos de piedad que la Santa Iglesia, en su empeño materno, multiplica de varias formas.

Y, por esa causa, queda sin una explicación muy clara la siguiente cuestión: ¿Por qué todos los enemigos de la Iglesia detestan tanto el Rosario? Lo detestan y lo combaten más que todas las devociones congéneres

¿Por qué también, por otro lado, el Rosario es objeto de una predilección especial de los verdaderos hijos de Nuestra Señora y de la Iglesia, de tal manera que ellos tienen un gran aprecio, no solo al método, sino también a algunos imponderables ligados al propio objeto de piedad, usado continuamente como una especie de garantía de bendición, de favor de Nuestra Señora, hasta el punto de, por ejemplo, no concebirse una persona verdaderamente piadosa que no tenga siempre consigo su rosario y que no rece por lo menos un rosario por día?

Y no se concibe un miembro de nuestro Movimiento que no rece el Santo Rosario, es decir, los tres rosarios todos los días; o que, no pudiéndolo hacer por justas razones, no tenga un gran pesar por eso y una viva esperanza de volver a rezar el Rosario.

Una de las bellezas de la Iglesia Católica

Son numerosas las Órdenes Religiosas que usan el Rosario como elemento integrante de su hábito. Es una costumbre generalizada enterrar los difuntos con un Rosario entrelazado en las manos; o sea, para esperar la resurrección de los muertos, el verdadero católico no se contenta con ir a la sepultura con un crucifijo, sino que también va con el Santo Rosario. Las indulgencias con las cuales los Papas cubrieron el Rosario son innumerables. La invocación de Nuestra Señora del Rosario está muy generalizada: catedrales, diócesis, familias religiosas, personas que usan el nombre “Rosario”, en varias naciones.

Por todos lados, el Rosario goza de una influencia y de una aceptación por parte de los buenos, solo comparable al odio que experimenta por parte de los malos. Hay varios hechos que narran cómo el demonio, procurando atormentar esta o aquella alma, retrocede cuando la persona atormentada le muestra el Rosario. Todo el que tiene mal espíritu odia el Rosario, lo subestima o directamente lo combate. Por ejemplo, los jansenistas lo odiaban, los protestantes lo odian.

Podríamos, entonces, preguntarnos cuál es la razón de esa gloria tan especial del Rosario para la cual, al fin de cuentas, no encontramos un fundamento cuando analizamos la última substancia del Rosario, que es la meditación de los misterios de la vida y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Me parece que, para comenzar, debemos reconocer que esta es una de las bellezas de la Iglesia Católica. Siendo ella enormemente precisa en su pensamiento teológico, es, sin embargo, llena de imponderables, los cuales, bajo algunos aspectos, constituyen la esencia de la devoción.

Mediación Universal de la Santísima Virgen

Tomemos como ejemplo la devoción admirable del Viacrucis. En él se encuentra algo de la ternura de San Francisco de Asís, y sus imponderables convidan a una meditación enternecida, conmovida de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y de su muerte sacratísima, de un modo especial. Hay un espíritu que fluctúa en torno del Viacrucis, que constituye, tal vez, lo mejor de su eficacia. Es una gracia específica ligada a esa forma de devoción.

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio también son un modo no propiamente de devoción, sino de meditación que lleva consigo una gracia especial de lógica, de energía, de honestidad de conciencia y de generosidad, al ponerse el fiel delante de los problemas relacionados con su salvación eterna.

En el Rosario, la gran fuente de inspiración de nuestra meditación y el objeto inmediato de nuestra oración es la Santísima Virgen. A mi modo de ver, es por causa de esa focalización muy especial de Nuestra Señora que el Rosario constituye la devoción marial por excelencia, teniendo por detrás la gran verdad de fe que debemos anhelar desde el fondo de nuestra alma que se convierta en dogma: la Mediación Universal de María.

El sistema de rezar el Rosario apelando a Nuestra Señora en todo, rezando Avemarías mientras se considera algún episodio, ora relacionando la oración con aquel hecho, ora concentrando lo principal de la atención en el misterio, ora en el Avemaría, en todo caso, siempre en una unión continua con Nuestra Señora, he ahí el carácter marial que, a mi modo de ver, constituye la esencia del Rosario, pues esta devoción no tendría sentido si la Mediación Universal de María no fuese verdadera.

Por representar un preludio de toda la teología de San Luis María Grignion de Montfort, de la verdad de fe referente a la Mediación Universal, el Rosario es tan odiado por el demonio. Y es por causa de ese imponderable que nosotros debemos aferrarnos mucho al Rosario.

En suma, por causa de la nota marial que el Rosario confiere a la meditación de la vida de Nuestro Señor, es una señal de predilección de Nuestra Señora el hecho de que alguien tenga una devoción especial al Santo Rosario. También es una señal de que Ella ama a alguien el hecho de, a través del Rosario, llevar el alma a amar una posición que solo se justifica delante de la Mediación Universal. Por lo tanto, el Rosario es el verdadero símbolo de la devoción del fiel a Nuestra Señora, de aquel que quiere pertenecer a Ella plenamente.

Que Nuestra Señora nos haga luchadores enteramente de Ella

Eso se confirma por el odio del demonio y de los malos a esa devoción. A veces ellos son más perspicaces que los buenos; y cuando odian mucho algo, podemos tener la certeza de que eso es muy bueno.

La razón por la cual, al decorar nuestra sede principal colocamos en la puerta de la capilla un Rosario pendiente de una espada, es para llamar la atención hacia dos verdades o dos pensamientos que deben marcar a quien allí entra: ante todo, la fidelidad al Rosario y, a través de él, a esa devoción omnímoda a Nuestra Señora, que es, al fin de cuentas, la de la Mediación Universal. Después, la espada que nos recuerda el espíritu de lucha.

Eso no está allí como un mero adorno, sino que fue colocado a propósito de ese modo para llamar la atención de los que entran, y marcar como un prefacio, preparando, por una especie de golpe en la mentalidad de quien entra, el espíritu con el cual se debe estar dentro de aquella capilla. Ese simbolismo es un estímulo continuo que querríamos dar para que, cada vez más, practicásemos la devoción al Santo Rosario.

Queda, entonces, este pensamiento para recordarnos de que el Rosario es una devoción de lucha y que estamos en una época de batallas. Pidamos, pues, a Nuestra Señora, que nos haga auténticos luchadores enteramente de Ella. No conozco un pedido mejor para ser hecho a través del Rosario.

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1) N. del T.: El Papa San Juan Pablo II añadió en 2002 una cuarta parte al Rosario, los Misterios Luminosos.


(Revista Dr. Plinio, No. 259, octubre de 2019, pp. 10-12, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 6.10.1966).

Last Updated on Tuesday, 15 October 2019 17:21