La bomba atómica que no mata, sino que resucita

En el segundo semestre de 1945, el Dr. Plinio recibió la noticia de que el Beato Luis María Grignion de Montfort sería canonizado en breve. Admirador del “Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen”, de autoría de Grignion de Montfort, el Dr. Plinio se regocija y proclama, en las páginas del periódico “Legionario” (21/10/45), el papel central que, en los siglos venideros, tendrá la doctrina enseñada en ese precioso libro.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Nos llaman muchas veces de pesimistas. No hay tal. Somos optimistas, e incluso más optimistas que el común de las personas. Nuestra combatividad no es, de hecho, sino optimismo. Donde muchos creen que “todo está perdido”, y que los católicos están reducidos a mendigar con lamentos, creemos, por el contrario, que “nada está perdido”, y que la situación todavía está bastante buena para pleitear la defensa de nuestros derechos con vigor, gallardía e intrepidez. La diferencia que va de nuestra posición a la de muchos de los que no nos comprenden, es precisamente esta. Mientras ellos conciben la táctica católica como la del suplicante pedidor; de sombrero en mano, cabeza baja, voz débil y mirada fija en el piso, nosotros la concebimos como la de un hombre que se defiende; consciente de su fuerza, de sus derechos, y sereno en cuanto a su victoria. Resumamos. No sentimos nuestra situación de católicos en mendiants, sino en combattants (como mendicantes, sino como combatientes).

 

En seguida, el Dr. Plinio ejemplifica estas afirmaciones refiriéndose a la batalla ideológica incesante y corajosa que él trabó en las páginas del “Legionário” contra el nazi-fascismo, que acababa de ser derrotado en la Segunda Guerra Mundial.

Aniquilado este adversario, el Dr. Plinio no depuso la espada. Como un auténtico Cruzado del Siglo XX, ya había iniciado la misma lucha doctrinaria sin tregua contra otro enemigo mortal de la Iglesia: el comunismo. Así continúa él el artículo:

 

A nuestro modo de ver, frente al nazismo y a sus consectarios, el comunismo y sus variantes, la táctica debe ser esta y solo esta.

Como condición de victoria, sin despreciar ni de lejos las providencias concretas, debemos contar esencialmente con los recursos sobrenaturales. La Historia demuestra que no hay enemigos que venzan a un país cristiano que posea tres devociones: al Santísimo Sacramento, a Nuestra Señora y al Papa. Investíguese bien la decadencia de naciones aparentemente muy fervorosas en su adhesión a la Iglesia: alguna broca secreta las minaba en una de esas tres virtudes claves.

La victoria, pues, depende de nosotros. Tengamos al día nuestra conciencia, estemos tranquilos en Dios, y venceremos.

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 Esto explica la extraordinaria relevancia que le damos a una noticia apagada, que los periódicos reprodujeron hace poco: la canonización inminente del Bienaventurado Luis María Grignion de Montfort.

La noticia nada significa para el común de las personas. Ella significa todo para los que conocen el verdadero fondo de las cosas. La Providencia resolvió lanzar su bomba atómica contra los adversarios de la Iglesia. Al lado de esta bomba, las convulsiones de Hiroshima y Nagasaki no pasan de inocentes tembladeras. Hace dos siglos que está pronta la bomba atómica del Catolicismo. Cuando ella explote, de hecho, se comprenderá toda la plenitud del sentido de la palabra de la Escritura: “Nec est qui se abscondat a calore ejus” – “No hay quien se esconda de su calor” (Sal 18, 7).

Esta bomba se llama con un nombre muy dulce. Es que las bombas de la Iglesia son bombas de Madre. Se llama el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen. Pequeño libro de poco más de cien páginas. En él, cada palabra, cada letra es un tesoro. Este es el libro de los nuevos tiempos que han de venir. 

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 Nuestro artículo ya está demasiado largo, para que demos un resumen biográfico de la extraordinaria vida de ese Bienaventurado. No conozco ninguna que sea más fascinante y más edificante. Lo que en nuestro asunto es esencial, se dice en pocas palabras.

El Beato Grignion de Montfort expone en su obra en qué consiste la perfecta devoción de los fieles a Nuestra Señora, la esclavitud de amor de los verdaderos católicos a la Reina del Cielo. Él nos muestra el papel fundamental de la Madre de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo y en la vida espiritual de cada cristiano. Él nos enseña a vivir nuestra vida espiritual en consonancia con esas verdades. Y nos inicia en un proceso tan sublime, tan dulce, tan absolutamente maravilloso y perfecto, de unirnos a María Santísima, que nada hay en la literatura cristiana de todos los siglos, que lo exceda en este punto.

Esta devoción – dice Grignion de Montfort –, uniendo el mundo a Nuestra Señora, lo unirá a Dios. El día en que los hombres conozcan, aprecien, vivan esta devoción, ese día Nuestra Señora reinará en todos los corazones y la faz de la tierra será renovada.

¿De qué forma? Grignion de Montfort esclarece que su libro suscitaría mil oposiciones, sería calumniado, escondido, negado; que su doctrina sería difamada, ocultada, perseguida; que ella crea automáticamente una antipatía profunda en los que no tienen el espíritu de la Iglesia. Pero que un día vendría, en que los hombres por fin comprenderían su obra. Ese día, escogido por Dios, la restauración del Reino de Cristo estaría asegurada.

Durante siglos, la canonización del Beato Grignion viene caminando. Por fin, ella llegó a su término. Es absolutamente imposible que ese hecho no tenga un nexo profundo con la dilatación de la Verdadera Devoción en el mundo.

Y, nosotros lo repetimos, esta Verdadera Devoción es la bomba atómica que, no para matar, sino para resucitar, Dios puso en las manos de la Iglesia en previsión de las amarguras de este siglo.

Pues bien, nuestro optimismo es este: confiamos inmensamente más en la bomba atómica de Grignion de Montfort, y en su poder, de lo que recelamos de la acción devastadora de todas las fuerzas humanas.


(Revista Dr. Plinio, No. 4, julio de 1998, pp. 14-15, Editora Retornarei Ltda., São Paulo).

Last Updated on Tuesday, 24 September 2019 16:58