Unidad y variedad en la belleza del universo

Dando diferentes y significativos ejemplos, el Dr. Plinio muestra que hay dos formas de belleza: una proveniente de la unidad y otra de la variedad. Dios, habiendo hecho la creación, quiso que algunos seres representasen su unidad, y otros, por la variedad, expresasen su belleza. Por eso, la unidad y la variedad son muy bonitas, sobre todo cuando se armonizan entre sí.

  

Plinio Corrêa de Oliveira

La jerarquía angélica no es formada apenas por una serie de seres distintos, sino que esos seres constituyen una escala de poderes, manteniendo una relación de mando entre sí. Por lo tanto, habiendo creado tantos seres desiguales, Dios los relacionó entre sí en una escala admirablemente organizada.

Sin embargo, surgen las siguientes preguntas: ¿No sería más perfecto que Dios crease un ser único? Dado que Él creó varios, ¿no sería mejor haberlos hecho iguales?

En los seres existentes se pueden considerar dos formas de excelencia, de belleza o de perfección. Hay algunos dotados de un pulchrum inherente a ellos, que reside propiamente en la unidad. Existen otros en los cuales la belleza no está en la unidad, sino en la variedad.

Unidad y simplicidad, una forma característica e inconfundible de pulchrum

Por ejemplo, un monolito como aquel obelisco localizado en el centro de la Plaza de San Pedro. Él posee una forma elegante, pero su belleza no está apenas en la elegancia. Imaginen que estuviese constituido de cuatro o cinco piedras cortadas y colocadas una sobre la otra, de manera a dar esa configuración. ¿No perdería el mérito? La excelencia del obelisco está en ser una sola piedra de ese tamaño. Luego, el elemento principal de su belleza es la unidad.

En Campos dos Goytacazes fui a visitar un viejo solar, hoy transformado en asilo. El piso del comedor, de grandes dimensiones, estaba constituido de tablas enormes que recorrían la sala casi de punta a punta. Cada tabla medía cerca de medio metro de ancho por casi diez de largo. Sin duda, eso confería una belleza peculiar a ese piso. Si aquellas tablas enterizas fuesen sustituidas por tacos, la majestad de aquella unidad quedaría destruida.

Otro ejemplo del pulchrum inherente a la unidad es el Lago Lemán, en Suiza. Son aguas muy paradas, tranquilas, que nunca sufrieron agitación, de un azul delicado y permanente, de una placidez absoluta. Aquella uniformidad e invariable serenidad de la superficie constituye la belleza específica de aquel paisaje.

Se nota también ese tipo de belleza en panoramas como el de Copacabana o de Praia Grande – cerca de Santos –, donde la línea del horizonte presenta una unidad muy grande. No se ve la arista de una isla quebrando aquello. En ciertos puntos ni siquiera se divisa la punta de una montaña que avance dentro del mar y rompa el paralelismo de aquellas líneas. A propósito, el pulchrum del Sahara está en esto: es un arenal que no se acaba.

En la perla, la hermosura está exactamente en su uniformidad. Si tiene algún carozo o mancha, no será bonita. Debe ser de una esfericidad y blancura invariables y perfectas en todos sus puntos.

La unidad tiene una belleza característica que puede ser incluso superada, pero cualquier adorno o modificación la perjudica o elimina.

Imaginemos que alguien quisiese hacer del ya referido obelisco de la Plaza de San Pedro una cosa maravillosa y lo recamase todo con piedras preciosas. Quedaría coruscante de colores, tal vez como un árbol de Navidad sin ramas y con bonitos efectos de luz; pero la majestad propia del monumento desaparecería. A su modo, también en el Asilo del Carmen, de Campos, si resolviesen serrar aquellas tablas y sustituirlas por un parquet lindo, formando diseños, quizás quedase más bonito y ornamental; sin embargo, se perdería lo bello característico de la unicidad.

No estoy comparando estilos de belleza, sino mostrando que en la unidad y en la simplicidad hay una forma característica e inconfundible de pulchrum. Así, encontramos ciertos seres que necesitan una presentación muy cuidadosa y simple.

Supongamos que un joyero tenga un lindo brillante para exponer en la vitrina. ¿Cómo debería presentarlo? ¿Quedaría bien colocarlo en una caja de brocado todo trabajado, o en medio de una multitud maravillosa de joyas? Para hacer sobresalir la simplicidad del brillante sería mejor colocar un bonito terciopelo de fondo sobre el cual se pusiese una caja muy simple, y exponerlo solo, en la vitrina. Esta presentación realzaría la belleza de ese diamante único, toda hecha de simplicidad. La unidad acentúa mucho la grandeza, pone en evidencia la homogeneidad de la substancia, la regularidad de la forma y la hermosura del aspecto.

Belleza específica de la variedad

Otra forma de belleza es la inherente a la variedad. Por ejemplo, el piso de la capilla de Versalles, para mí, es uno de los más bonitos que existen en el mundo. Es un mosaico de varios colores y formas que da una impresión maravillosa. Alguien podría sugerir que aquello fuese substituido por una inmensa uniformidad de mármol blanco. Allí no serviría, porque la belleza específica del lugar es la de la variedad.

En lo tocante a paisajes, oponiéndose a la uniformidad de Copacabana, se podría citar el Flamengo, con su variedad de montañas, islas, etc.

Ya en el mundo de las piedras, el ágata es rojiza, llena de vetas, de estrías, y lo bonito está en la diversidad de colores que se confunden e interpenetran. Muy característica también es la diferencia entre el ópalo y la perla. Esta es toda blanca, mientras aquella es multicolor. La belleza del ópalo se encuentra en la variedad.

Estamos, así, colocados delante de dos formas de belleza: una proveniente de la unidad y otra de la variedad. Alguien podría levantar el problema sobre cuál de ellas es la más excelente, y llegar a una de las siguientes conclusiones: Si la belleza derivada de la variedad es superior, el arte debe tender a extinguir las manifestaciones provenientes de la unidad y establecer, por toda parte, la variedad. Pero si es verdad que la unidad es la forma de belleza más perfecta, entonces se debe perseguir la variedad y establecer la unidad.

Encontramos esa dicotomía en el arte contemporáneo, con una tendencia cada vez más frecuente a imponer la unidad como belleza suprema. No quiero decir que sea esta la tendencia de todos los artistas modernos, porque hay también algunas variedades desordenadas en ciertas manifestaciones del arte moderno. Pero quiero afirmar que muy frecuentemente esta posición se demuestra. Podemos decir, por lo tanto, que ciertos artistas y cierto espíritu moderno aceptaron ese problema tomando posición frente a él y afirmando que la unidad es intrínsecamente superior a la variedad.

La Creación necesita tener unidad y variedad

Esto se relaciona con la primera cuestión puesta inicialmente, pues si la unidad es el bien supremo y en la variedad existe algún mal, entonces Dios debería haber hecho una sola criatura en vez de varias.

Santo Tomás de Aquino analiza tres argumentos a favor de la unidad. Parece que Dios debería haber hecho un solo ser en la Creación:

1) Todo efecto tiene las cualidades inherentes a la causa. Ahora bien, Dios es uno; luego, el efecto de Dios, que es la Creación, debería ser uno también. El hecho de que la Creación sea variada mientras Dios es uno, corresponde a hacer con que ella no sea un reflejo del Creador. Luego, la variedad de seres es un mal.

2) Dios es uno; ahora bien, si el mundo es la imagen y semejanza de Dios, el mundo debería ser uno también; si el mundo no es uno, es diferente de Dios. Todo lo que es diferente de Dios es malo; luego, el mundo es malo.

3) El fin de todas las cosas que existen es Dios. Ahora bien, Dios es uno; luego, todas las cosas deberían tender hacia la unidad; si no tienden, son malas y, por lo tanto, la diversidad no debería existir porque aparta de Dios.

A estos argumentos Santo Tomás responde: Dios, de hecho, creó el universo para comunicar a las criaturas su bondad y representarse en ellas. Pero ninguna criatura, por más excelente que sea, puede representar en sí todas las bondades de Dios. Por lo tanto, por más que Él hiciese perfecta una criatura, creando otra más además de esa primera, habría la posibilidad de que la Creación fuese más perfecta, porque tendría una semejanza aún mayor con el Creador.

Digamos que Dios solo hubiese creado a Nuestra Señora, que es el más alto de todos los seres en el orden moral; o entonces a un único ángel, el cual en el orden ontológico es la criatura más elevada. Por más perfecta que fuese la representación de Dios contenida en ese ser, él sería una mera criatura; así, cabría siempre una representación de Dios en otro ser. Por lo tanto, dos seres representan mejor al Creador que uno; tres lo representan mejor que dos; cuatro, mejor que tres, y mil lo representan mejor que novecientos noventa y nueve. La variedad, por lo tanto, tiene una representación de Dios mejor que la unidad; la variedad es un bien.

Es cierto, dice él, que la bondad en Dios es simple y uniforme. Pero sucede que Dios es un Ser supremo, perfectísimo, en Él la bondad puede ser simple y uniforme. No es lo que sucede con las criaturas, que no tienen la misma perfección de Dios. Por eso, ellas no pueden tener una bondad simple y uniforme. En ellas, la bondad tiene que ser variada. De manera que, aunque la unidad, en sí, sea más perfecta, para las criaturas ella no es así. Es necesario que ellas, de hecho, tengan variedad.

Llegamos, entonces, a la conclusión de que la alternativa unidad-variedad está mal puesta. Debe haber seres que por su espléndida unidad sean un reflejo de la unidad divina; y también seres que por su variedad reflejen mejor a Dios que por la unidad. Y propiamente lo que la Creación necesita tener es unidad y variedad.

Colores, música, y fachada de Notre Dame

Todos los modernos que buscan la unidad en todo andan mal, como andarían mal los que solo buscasen la variedad. Es necesario que ambas existan; seres excelentes por su unidad y por su variedad. De esta forma podemos comprender la perfección del universo.

Esto se hace más claro cuando tomamos ciertas formas de arte. Por ejemplo, la pintura. Tiziano1 pintaba cuadros con colores maravillosos. Yo veo la belleza de los cuadros de Tiziano, si tomo cada color y lo analizo. Claro que cada color es muy bonito. Pero, al lado de la belleza de cada color, yo noto que es más bonito tener varios colores que uno solo. Y hay una tercera forma de belleza que no consiste en la variedad de los colores, sino en el contraste y en la armonía entre ellos.

Entonces, tenemos tres formas de belleza: la de un color, la pulcritud especial que resulta de la existencia de varios colores, y otra proveniente de la combinación de los colores entre sí. Ahora bien, esas formas de belleza resultan de la variedad.

En la música, por ejemplo. El universo musical tiene una belleza particular que corresponde a cada nota. Sin embargo, es más bonito que haya siete notas que una sola; y es más bello aún que se pueda hacer una música y un juego entre esas siete notas. Tenemos así tres gamas de belleza, que forman la pulcritud del universo musical.

Dios, habiendo hecho la Creación, quiso que algunos seres representasen su unidad, y que la variedad de otros significase su belleza. Por eso, la unidad y la variedad son muy bonitas, sobre todo cuando se armonizan entre sí. Tenemos así seres con gran variedad y, al mismo tiempo, con gran unidad.

Característico de eso es, por ejemplo, la fachada de Notre Dame: llena de pequeños diseños, pero con una linda unidad en las líneas esenciales. Por ahí se prueba que Dios, para hacer el universo con el grado de perfección que Él quiso, tendría que hacer un universo variado. No habría alcanzado ese grado de perfección si hubiese hecho un solo ser.

La cuestión siguiente sería: ¿habiendo Dios establecido la variedad, debería establecer, necesariamente, la desigualdad? Pero esta es la materia para una próxima conferencia.

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1) Tiziano Vecelli (*1488-†1576). Pintor renacentista veneciano.


(Revista Dr. Plinio, No. 258, septiembre de 2019, pp. 30-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia de 1957. Título del artículo en la Revista: Perfección del universo: unidad y variedad).

Last Updated on Thursday, 19 September 2019 16:14