La exaltación de la Santa Cruz

Entre las fiestas litúrgicas sabiamente instituidas por la Santa Iglesia, se distingue la Exaltación de la Santa Cruz. La cruz, en la cual morían los condenados por delitos graves, era por ese motivo símbolo de ignominia y repulsa por parte de los antiguos, como bien expresó San Pablo en su carta a los Corintios: “escándalo para los judíos y locura para los gentiles” (Cf. 1 Cor 1, 23). Fue ese el instrumento por medio del cual el Redentor abrió al género humano las puertas del Cielo, transformándola en señal de nuestra Fe.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Hoy, 14 de septiembre, se conmemora una de las fiestas más bonitas como título y significado: la Exaltación de la Santísima Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

Exaltar quiere decir colocar en lo alto. Y en este día la Iglesia proclama y recuerda al mundo que Ella levanta por encima de todas las cosas, poniendo en la mayor de todas las alturas posibles, la Cruz de Nuestro Señor.

La cruz es el símbolo de la Pasión de Cristo, de todo el sufrimiento que el católico carga en esta vida, con el cual él abre para sí, en unión con el Redentor, las puertas del Cielo.

Colocar la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo en el punto más alto fue una preocupación constante de la Civilización Cristiana. Antiguamente, los edificios más elevados de una ciudad eran las iglesias, en cuyas torres se colocaba la cruz; lo mismo se hacía en lo alto de las coronas de los reyes. Cuando se quería elaborar un documento importante, en su inicio se inscribía la cruz. En fin, en todo aquello que el hombre concebía de más elevado, estaba la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, la cual llevaba consigo la idea de que la misión de Él, no agotándose en la Cruz, tenía en ella, sin embargo, su punto central; y entre todas las cosas que el Divino Salvador había hecho, lo más admirable y adorable era haber sufrido y muerto en la cruz.

La aceptación del sufrimiento es una inmolación, y representa un acto de fidelidad del hombre a su propia vocación, en función de la cual él enfrenta las luchas, los tormentos y las dificultades.

Nuestro Señor Jesucristo, para redimir el género humano, aceptó la muerte. Mantuvo la lucha en el Huerto de los Olivos, después caminó hasta lo alto del Calvario y fue crucificado, para realizar su misión. Y la cruz es la afirmación de que nosotros, católicos, aceptamos ser humillados, odiados, combatidos, aislados, escarnecidos, perseguidos de todos los modos, no como un saco de golpes, sino caminando de encuentro al sufrimiento como un cruzado.

La verdadera alegría de la vida no consiste en tener placeres, sino la sensación de limpieza de alma que tenemos cuando vemos nuestra cruz de frente y le decimos . Hacemos, así, como Nuestro Señor Jesucristo, el cual no solo permitió que el tormento cayese sobre Él, sino que caminó en dirección al tormento. El Redentor previó, se entregó porque quiso y, con paso valeroso, llevó su Cruz hasta lo alto del Calvario y allí se dejó crucificar.


 (Editorial de la Revista Dr. Plinio, No. 138, septiembre de 2009, p. 4, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 14.9.1964. Título del Editorial en la Revista: La Cruz, símbolo glorioso de la victoria).

Last Updated on Friday, 13 September 2019 23:05