Nuestra Señora del Buen Suceso

En la pequeñísima Quito del siglo XVI se dio un gran acontecimiento: María Santísima apareció a una religiosa concepcionista y le hizo revelaciones sobre el futuro de su país y del mundo en el siglo XX. El Dr. Plinio les dio una atención especial.

  

Plinio Corrêa de Oliveira

El 2 de febrero, la comunidad de las Hermanas Concepcionistas celebra en Quito, Ecuador, la fiesta de Nuestra Señora del Buen Suceso. ¿Cuál es la historia de esta devoción?

La Madre Mariana de Jesús Torres y el triunfo de María

La Madre Mariana de Jesús Torres, religiosa concepcionista, fue a Ecuador en 1576, cuando todavía era niña, acompañando a su tía, la Madre Mariana de Jesús Taboada, quien partía con la intención de allá fundar un convento.

Con ellas viajaron otras religiosas españolas, quienes se establecieron en Quito – ciudad que en aquel tiempo era punta de avanzada de la penetración española en América del Sur. Por lo que se conoce de sus vidas, esas religiosas fundadoras murieron en olor de santidad, y yo tengo mucha esperanza de que – para mayor gloria de Ecuador y de las Américas en general – ellas sean canonizadas.

En la pequeñísima Quito de aquellos tiempos, la Madre Mariana de Jesús Torres, siendo abadesa del convento, tuvo extraordinarias visiones y revelaciones privadas de Nuestra Señora.

Aunque no tomemos estas revelaciones como dogma – la Revelación está cerrada con el Nuevo Testamento – debemos considerarlas especialmente.

Tales revelaciones prenuncian un tiempo en el cual Ecuador se independizaría de España y sería sacudido por una gran revolución de carácter religioso-temporal; en el mundo entero la Fe se extinguiría en muchas almas, y habría innumerables calamidades morales. Pero después de esos acontecimientos terribles sería instaurado un tiempo de gloria para la Iglesia.

Historia de la imagen

¿Cuál es la historia de la imagen de Nuestra Señora, que a partir de entonces pasó a presidir el convento?

En una de las apariciones1, la Santísima Virgen pidió a la Madre Mariana que hiciese una imagen suya, en tamaño real. Para eso, la vidente deseó medirla, a fin de que se cumpliese ese deseo.

Entonces, Nuestra Señora sostuvo una de las puntas del cordón franciscano que llevaba en su cintura, para auxiliar a la Madre Mariana a tomar sus medidas.

La confección de la imagen fue confiada a un escultor local2.

Cierto día, al subir al coro de la iglesia del Convento – lugar donde esculpía la imagen – cual no fue la sorpresa del escultor: ¡encontró la imagen lista! ¡Estaba magnífica!

Ninguna mano humana había terminado la imagen; durante toda la noche la iglesia había permanecido cerrada. Es una imagen hecha por manos de ángeles3.

Lo que nos comunica la imagen

¿Qué nos inspira esa imagen en el fondo del alma?

El mensaje que ella contiene: una gran promesa, un gran triunfo. Algo puesto por la gracia se acrecenta a los recursos de la escultura y anuncia, en el fondo de nuestras almas, las alegrías y las certezas de la promesa.

El báculo y las llaves, que Nuestra Señora lleva consigo, dan a entender que Ella es quien abre y cierra los acontecimientos grandiosos; y también las miserias y las catástrofes de los hombres; en fin, las victorias de Dios dentro de la Historia.

¡Más que las joyas, quien la adorna realmente es su Divino Hijo! Ella lo lleva triunfalmente, como quien dice: “Estoy venciendo, pero venzo para que Él venza. ¡Yo soy Reina, sí, no obstante, lo soy porque Él es el Rey!”

En Ella también hay un aspecto sobre el cual llamo la atención: Ella comunica su virginalidad extraordinariamente. Es imposible mirar esta imagen sin tener la impresión de que, en torno a ella, la pureza se irradia.

Ella está inundada de una felicidad de alma que es el premio de la virtud de la pureza. La pureza concede esto al alma que la practica: seguridad, discernimiento, dignidad, compostura por donde se aplastan los infortunios. De ahí proviene la lozanía de la victoria y del triunfo transmitida por esa imagen.

La lucha va a ser aún mayor

De este modo Ella nos prepara para las agruras de la lucha, hablándonos de la alegría y de la gloria que vendrán.

Antiguamente, hasta mediados del siglo XIX, tal vez, no se conocían los anestésicos, y las operaciones se hacían en frio. El paciente – muchas veces despierto – de vez en cuando preguntaba al médico cómo estaba transcurriendo la cirugía.

Era comprensible que el cirujano, amigo del paciente – o simplemente movido por sentimientos de compasión que aquellos dolores no podían dejar de causar –, durante la primera fase de la operación le dijese: “Está yendo bien, estoy consiguiendo abrir tal zona, ya estoy en tal otra, etc.; dentro de poco viene la extracción.” ¡Ese “dentro de poco viene la extracción” animaba al paciente! O sea, las fases más delicadas del peligro se están acercando y van a terminar.

Después de que la amputación había sido realizada, si los dolores persistían o aumentaban, ¿qué hace el médico? Él dice: “Mire, lo peor ya pasó, de ahora en adelante los dolores van a declinar, ya estamos llegando al fin.” Y comienza a apuntar hacia aquello que es el ideal del enfermo: el fin de la operación.

Es el camino de la normalidad: en la fase ascendente se habla de que todo va bien y se incita a tener coraje; cuando alcanza un punto en el cual es necesaria toda la resistencia, se comprende que se diga: “ahora va a mejorar”.

Nuestra Señora del Buen Suceso nos da la impresión de que está diciendo en el fondo de nuestras almas: “¡Hijos míos, la lucha va a ser aún mayor, pero mi Reino ya va a comenzar a relucir en el horizonte!”

¡Es la alegre y victoriosa proclamación del Reino de María!

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1) En 1610.

2) La propia Virgen María escogió el escultor, diciendo: “Para esta tarea, debes llamar a Francisco del Castillo, quien es un hábil escultor, y darle las descripciones de mis medidas.”

3) De hecho, la Madre Mariana tuvo una visión de los ángeles concluyendo la imagen, mientras el escultor se ausentaba para buscar los barnices y pinturas para el acabamiento.


(Revista Dr. Plinio, No. 143, febrero de 2010, pp. 21-23, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de conferencias del 14.8.1982 y 2.2.1983).

Last Updated on Tuesday, 27 August 2019 13:51