La IV Revolución

El 1º. de mayo de 1968, los fragores estridentes y caóticos de una gigantesca rebelión estudiantil, apoyada después por agitaciones obreras, se tomaron las calles de París. Durante un mes, las universidades francesas – especialmente la Sorbonne – fueron palco de una contestación global contra el Estado, la sociedad, la moral y la cultura.

Viviendo esos días en medio del desorden, de la suciedad, de la promiscuidad sexual y de las explosiones de violencia, los revolucionarios sorbonianos anunciaron la muerte de la civilización de la razón y de la voluntad. Proclamaron una nueva era histórica en la cual los instintos humanos serían liberados. Su eslogan: “Prohibido prohibir”.

Ese movimiento contestatario se esparció por el mundo entero, detonando rebeliones estudiantiles inclusive en Brasil.

Ese estallido no sorprendió al Dr. Plinio. Hacía mucho venía él previendo la irrupción en el escenario mundial de la revolución anárquica, cuyos contornos ya había demarcado, por ejemplo, en las páginas de su obra clave “Revolución y Contra-Revolución”.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

El proceso revolucionario en las almas produjo en las generaciones más recientes, y especialmente en los adolescentes actuales que se hipnotizan con el “rock and roll”, una forma de espíritu que se caracteriza por la espontaneidad de las reacciones primarias, sin el control de la inteligencia ni la participación efectiva de la voluntad; por el predominio de la fantasía y de las “vivencias” sobre el análisis metódico de la realidad.

Y así, ebrio de sueños de República Universal, de supresión de toda autoridad eclesiástica o civil, de abolición de toda Iglesia y, después de una dictadura obrera de transición, también del propio Estado, ahí está el neo-bárbaro del siglo XX, producto más reciente y extremado del proceso revolucionario. (Op. Cit. Parte I, Cap. VII; Parte I, Cap. III).

El Dr. Plinio escribió esas palabras en 1959. En el inicio de los años 60, la 3ª. Revolución caminó hacia su apogeo, imperando victoriosa en el Este europeo, en el Extremo Oriente y en Cuba. Sin embargo, el Dr. Plinio escudriñaba el horizonte en búsqueda de una manifestación aún más virulenta del espíritu revolucionario.

En los movimientos insuflados por el “rock”, en los cuales muchos no veían sino fenómenos pasajeros o singularidades de la juventud, el Dr. Plinio percibía los primeros gruñidos de aquello que él llamaría más tarde de 4ª. Revolución. En 1965, él esperaba en breve el estallido del anarquismo. Decía él en una conferencia:

 

El comunismo parece el término final de la Revolución, pero dentro de él aún habrá un desmoronamiento. Los comunistas tipo Marx, Lenin y Stalin, afirmaban que el Estado, el poder público con su maquinaria, su administración, todavía tiene un resto de desigualdad, debiendo llegar el día en que tal poder no exista más y todas las autoridades sean suprimidas.

En el campo moral, el derrocamiento se inició cuando el protestantismo estableció el divorcio, que es una primera y, a propósito, vigorosa satisfacción del instinto desordenado de la sensualidad. Comenzó así la poligamia, pues, ¿qué es el divorcio sino la poligamia a plazos?

Hoy llegamos a una situación próxima al amor libre. ¡Cuántas jóvenes van al altar vestidas de novia, sin tener derecho al velo blanco! A partir del momento en que se permite el amor libre, horresco referens, también el homosexualismo adquiere ciudadanía, porque ese es el amor libre en toda su fuerza. Ha de llegar el momento, deseado por los anarquistas, del nudismo total y de la completa libertad de relaciones sexuales, como entre los animales.

Hablé del nudismo. ¿No es hacia él que el mundo va caminando, con la aceptación de la minifalda?

Estamos hoy en la apoteosis del orgullo y de la sensualidad, en las vísperas de la anarquía.

 

Estas previsiones del Dr. Plinio se fueron confirmando con la creciente ola mundial de contestaciones estudiantiles, la propagación de las modas hippies, la agresión sexual y la subcultura del “rock and roll” y de las drogas.

Finalmente, en mayo de 68 estalló la rebelión de la Sorbonne, marco inaugural de la 4ª. Revolución. En aquellos días, comentó el Dr. Plinio:

 

Este movimiento universitario es la punta de lanza del último y más violento salto contra lo que resta de desigualdad en el orden civil. Estamos ante la tentativa de un nuevo comunismo.

Históricamente hablando, un meridiano fue transpuesto. ¿Cuál es ese meridiano? Esas reivindicaciones contestatarias, que eran venenos inmundos cultivados en pequeños cenáculos revolucionarios y no se mostraban así a la luz del día, se arrancaron la máscara. Y al arrancarse la máscara crearon una situación irreversible como la de la maré montante. Esta sube y después baja un poco, enseguida viene otro oleaje y ella sube más. Puede haber un vaivén, pero es una maré montante.

Los mentores de la revolución de la Sorbonne prometen una situación que nosotros calificaríamos de desorden caótico, pero ellos consideran un sano terremoto rumbo al orden. Liberando el instinto, se alcanzará cierto “orden”, que evidentemente no es el orden cristiano.

La meta es la igualdad completa. Pero tal objetivo no es presentado como una convicción doctrinaria. La característica singular de ese movimiento es de ser un puro impulso universal que sacude la sociedad entera. Un impulso que abre una era histórica nueva, una época en la cual el hombre renuncia a la razón, a la ascesis, y espera que la liberación del puro instinto dé origen a un nuevo orden.

La revolución de esos jóvenes proclama como filosofía básica no un sistema doctrinario, sino la liberación del instinto. No se puede hacer una negación más radical de la verdad, no se puede hacer una revolución más profunda que esa. La iniquidad se muestra así con la cara abierta y con la acción política organizada, para realizarse en el mundo actual.

De ese modo, en la punta de la Revolución que comenzó con el Humanismo renacentista y se vino desarrollando hasta nuestros días, tenemos el nacimiento de la Revolución de los instintos.

Y la Revolución Francesa, cuando hablaba de libertad, igualdad y fraternidad, hablaba, en realidad, de ese anarquismo que es la liberación del instinto.

 

Durante aquel efervescente mayo de 1968, Francia, especialmente París, quedó sumergida en el caos revolucionario, hasta que la población, asustada, resolvió reaccionar en defensa de la normalidad. El 30 de ese mes, medio millón de personas desfilaron por la Avenida Champs Elisées, en una manifestación de repudio a la revolución anarco-contestataria y de apoyo al General de Gaulle, Presidente de la República. En virtud de eso, el Gobierno retomó el control de la situación, ocupó las escuelas y restableció el orden.

La Revolución de la Sorbonne parecía haber sido vencida. ¿Lo fue realmente?

Así no pensaba del Dr. Plinio. Él preveía que Occidente, sin mayores convulsiones, acabaría por sucumbir a los ideales propugnados por la 4ª. Revolución – que continuaban siendo difundidos por el hipismo, por el “rock and roll”, etc. –, y caminaría hacia la disolución de la sociedad, de la familia, hacia la práctica de la magia, hacia el caos y hasta hacia el desmoronamiento del comunismo soviético. Comentaba él en esa época:

 

Se está generalizando la opinión de que las luchas ideológicas perdieron importancia, y de que ahora solo interesan las cosas económicas.

La ideología, los principios eternos del Evangelio, de la Religión y de la Moral, que dan a la existencia humana su colorido y su razón de ser; la idea de otra vida en orden a la cual vivimos en esta tierra, todo eso va siendo barrido por la propaganda revolucionaria.

A la par de lo anterior, se verifica una espantosa agresión sexual al mundo. Es decir, el terrorismo pornográfico, el terrorismo indumentario, el terrorismo de la indisciplina organizada, sistemática, van modificando de un modo asombroso los hábitos de Occidente.

Las jóvenes están usando faldas que muchos padres hace poco consideraban obscenas. Ellos se creen tan vacíos que admiten hoy aquello que ayer condenaban. ¿Por qué? Porque no tienen verdadero amor a Dios. Son hechos de oportunismo. Aceptan un nivel de moral que la sociedad tolera. En otros términos, son tan buenos cuanto la sociedad les permite ser, pero son tan ruines cuanto la sociedad les exige que sean.

Gente de ese tipo nunca contendrá la marcha ascendente de la agresión sexual. En sus casas entrará la inmoralidad que ayer calificaban de locura; y aquello que otrora consideraban imposible, hoy golpea sus puertas, ellos abren, dejan entrar y dicen: “Es imposible reaccionar”.

Esta transformación prepara el camino hacia la liberación del instinto. Se niega la existencia del bien y del mal, de la verdad y del error. Se niega que el hombre debe obedecer reglas. Esas reglas constituyen aquello que los freudianos llaman de superego. Para ellos, ellas tienen que ser abolidas. Se debe igualar, aflojar y confundir todo.

Es necesario considerar también que la atonía de gran parte de la opinión pública ante la decadencia mundial no acontece sin alguna relación con la extraordinaria expansión del nudismo, pues, donde entra la sensualidad, entran todas las formas de ceguera psicológica.

Con tristeza somos obligados a constatar, al lado de la agresión sexual, el pavoroso retroceso de la Iglesia. No se oye hablar, por ejemplo, de alguna reacción contra la minifalda.

Y así, en la medida en que Occidente se corrompe, camina hacia la promiscuidad sexual y hacia la realización de una de las tesis que el comunismo más se empeña en afirmar: que no debe haber familia.

No hay duda de que la sociedad contemporánea está siendo llevada hacia el “hippismo” por una especie de trasbordo ideológico. El fondo de lo que esta Revolución pretende es una rotación del propio desarrollo de la naturaleza humana. O sea, hacer con que el hombre renuncie al uso de la razón como medio para encontrar sus propias vías, y renuncie al uso de la voluntad propia e individual para seguir su camino propio e individual. Hacer con que, influenciados por las drogas y por la magia, que los pondrán en contacto con el demonio (enmascarado bajo el aspecto de un dios inmanente y universal), todos los hombres acaben teniendo una sola inteligencia y una sola voluntad. Me parece que, salvo la expresión más enérgica e incisiva que se encuentre, podríamos llamar esto de Revolución panteísta despersonalizante. En este contexto, de ese modo sería casi innecesaria la existencia de autoridades.

Tenemos aún que subrayar el hecho de que los hombres se van habituando a vivir con naturalidad en el caos, otra característica de la situación actual.

En efecto, uno de los elementos distintivos de toda civilización es ser ordenada según una lógica.  No encontramos civilización que no tenga presupuestos, y a partir de esos presupuestos, una lógica, y a partir de esa lógica, un orden.

Ahora bien, estamos ante el abatimiento de todos los presupuestos, de la licuefacción de todas las lógicas en la mente humana, de donde se cría una situación que, tarde o temprano, resultará en el caos completo. Y, según me parece, justamente uno de los puntos en que el caos está progresando más es en este hecho de que la mente humana se habitúe a él.


(Revista Dr. Plinio, No. 2, mayo de 1998, pp. 16-19, Editora Retornarei Ltda., São Paulo - Título del artículo en la Revista: Hace 30 años estalló la 4a. Revolución).

Last Updated on Friday, 23 August 2019 13:35