La felicidad de hacer el bien

 Cortesía, pulidez, gentileza, amistad… son conceptos muy afines con el Dr. Plinio:

“Cuando yo era niño, tenía colegas con los cuales de vez en cuando establecía una amistad. En el primer período de la amistad había una simpatía mutua, interés, agrado. Pero en determinado momento me parecía percibir el fondo de la mentalidad de mi compañero, y así su compañía quedaba sin gracia, perdía la atracción.

Tenía entonces una sensación frustrante: ʻa la distancia, las personas nos dan buena impresión, pero cuando las conocemos de cerca, notamos algo que repeleʼ.

Eso, naturalmente, cuando no terminaba en alguna ruptura o generaba por lo menos un trato tenso.”

¿Cuál era el fondo de ese pensamiento? ¿Qué faltaría para la continuidad de esa amistad? El propio Dr. Plinio responde:

“Leyendo hechos relativos al Ancien Régime – donde la cortesía estaba presente en el trato, y correspondía a un hábito social –, yo notaba cómo las personas de aquellos tiempos se veían en una perspectiva completamente diferente: ellas tenían la alegría de causar alegría, la satisfacción de causar satisfacción. La convivencia era otra: la douceur de vivre estaba implantada entre los hombres…

Esa idea me llevó a la siguiente pregunta: ¿En los tiempos paganos, eso era así?

La respuesta era clara, bastaba mirar la Historia. Tomemos, por ejemplo, un romano que manda a llamar a un esclavo y le dice: ʻquiero matar a un enemigo, y para eso necesito hacer la prueba de un veneno. Tú vas a tomártelo para yo pueda ver si es suficientemente fuerte.ʼ Y el esclavo moría en medio de contorsiones terribles, delante de su dueño.

Es decir, a los paganos, por lo tanto, solo les importaban sus propias ventajas: la felicidad de los otros no les interesaba.

Ahora bien, en comparación con los tiempos antiguos, en las personas de mi generación, por más que el trato no fuese igual al de los romanos, la cortesía era medio cinematográfica. Se puede decir que estaba muriendo para dar lugar al trato correcto, que no tenía las dulzuras de otrora.

Yo pensaba: ʻsi yo conociese a alguien capaz de esa dedicación, de esa solidaridad, su compañía me comenzaría a parecer interesante, y tendría alegría de dedicarme también a él.ʼ

*     *     *

¡Tres palabras explican la historia de la dulzura entre los hombres: Nuestro Señor Jesucristo!

Él vino a la tierra cuando el mundo estaba inmerso en la noche de las tinieblas más densas. Entonces la alegría de ser bueno y de hacer el bien comenzó a refulgir entre los hombres.

ʻPertransivit benefaciendo – pasó la vida haciendo el bienʼ. El tiempo entero, desde el comienzo hasta el fin, Nuestro Señor hizo el bien. Y con el desbordamiento, con la abundancia que conocemos: por más que los discípulos hubiesen dormido en el Huerto de los Olivos, cuando Él fue apresado dio orden a los verdugos: ʻdejad que ellos se vayan en paz.ʼ

Para tener la verdadera alegría en el alma, para tener la luz de Nuestro Señor Jesucristo delante de nuestros ojos, sepamos sacrificarnos por los otros sin esperar retribución. Cuando nos demos cuenta, el aroma de la convivencia entre nosotros estará embalsamado, perfumado y agradable. Cristo Nuestro Señor estará presente.


(Editorial de la Revista Dr. Plinio, No. 151, octubre de 2010, p. 4, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 1.6.1985).

 

Last Updated on Thursday, 20 June 2019 16:44