La Revolución es hija del pecado

Acompañemos al Dr. Plinio en algunos trechos de su obra “Revolución y Contra-Revolución” – escrita por él en 1959 –, en forma de preguntas y respuestas. En el presente artículo, él nos muestra cómo, subestimando la existencia del pecado y eliminando de las consciencias la distinción entre bien y mal, la Revolución pretende negar la Redención operada por Nuestro Señor Jesucristo.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

¿Hay alguna relación entre pecado y Revolución?

“Entre los múltiples aspectos de la Revolución, es importante resaltar que ella induce a sus hijos a subestimar o negar las nociones de bien y mal, de pecado original y Redención” (p. 86-87).

¿Por qué la Revolución no quiere que se hable de pecado?

“La Revolución es, como vimos, hija del pecado. Pero, si ella lo reconociese, se desenmascararía y se volvería contra su propia causa.

Así se explica por qué la Revolución no solo tiende a pasar bajo el silencio la raíz de pecado de la que brotó, sino a negar la propia noción del pecado. Negación radical, que incluye tanto la culpa original como la actual” (p. 87).

¿De qué modo se realiza esa negación del pecado?

Ella “se efectúa principalmente:

– Por sistemas filosóficos o jurídicos que niegan la validez y la existencia de cualquier Ley moral o dan a esta los fundamentos vanos y ridículos del laicismo.

– Por los miles de procesos de propaganda que crean en las multitudes un estado de alma en el cual, sin afirmar directamente que la moral no existe, se hace abstracción de ella, y toda la veneración debida a la virtud es tributada a ídolos como el oro, el trabajo, la eficiencia, el éxito, la seguridad, la salud, la belleza física, la fuerza muscular, el gozo de los sentidos, etc.” (p. 87).

¿Cuál es la consecuencia de todo eso?

“Es la propia noción de pecado, la distinción misma entre el bien y el mal, que la Revolución va destruyendo en el hombre contemporáneo. E, ipso facto, va negando la Redención de Nuestro Señor Jesucristo, que, sin el pecado, se vuelve incomprensible y pierde cualquier relación lógica con la Historia y la vida” (p. 87-88).

En su etapa liberal, ¿cómo la Revolución subestimó o negó el pecado?

“En la fase liberal e individualista, ella enseñó que el hombre está dotado de una razón infalible, de una voluntad fuerte y de pasiones sin desarreglos. De ahí resulta una concepción del orden humano en el cual el individuo, reputado un ente perfecto, era todo, y el Estado nada, o casi nada, un mal necesario… provisionalmente necesario, tal vez. Fue el período en que se pensaba que la única causa de todos los errores y crímenes era la ignorancia. Abrir escuelas era cerrar prisiones. El dogma básico de esas ilusiones fue la concepción inmaculada del individuo” (p. 88).

¿Ante el fracaso de esa concepción, qué hizo la Revolución?

“En vez de reconocer su error, ella lo substituyó por otro. Fue la concepción inmaculada de las masas y del Estado. Los individuos son propensos al egoísmo y pueden errar. Pero las masas siempre aciertan, y jamás se dejan llevar por las pasiones. Su impecable medio de expresión, el sufragio universal, del cual resultan los parlamentos impregnados de pensamiento socialista, o la voluntad fuerte de un dictador carismático, que guía siempre a las masas hacia la realización de la voluntad de ellas” (p. 89).

En suma, ¿la Revolución en quién confía?

“De cualquier manera, depositando toda su confianza en el individuo considerado aisladamente, en las masas o en el Estado, es en el hombre en quien la Revolución confía. Autosuficiente por la ciencia y por la técnica, él puede resolver todos sus problemas, eliminar el dolor, la pobreza, la ignorancia, la inseguridad, en fin, todo aquello a lo cual llamamos efecto del pecado original o actual” (p. 89-90).

¿En qué consiste la utopía hacia la cual la Revolución nos va conduciendo?

“Un mundo en cuyo seno las patrias unificadas en una República Universal no sean sino denominaciones geográficas, un mundo sin desigualdades sociales ni económicas, dirigido por la ciencia y por la técnica, por la propaganda y por la psicología, para realizar, sin lo sobrenatural, la felicidad definitiva del hombre: he aquí la utopía hacia la cual la Revolución nos va encaminando” (p. 90).

En ese cuadro, ¿cuál es el papel de la Redención de Cristo?

“En ese mundo, la Redención de Nuestro Señor Jesucristo nada tiene que hacer. Pues el hombre habrá superado el mal a través de la ciencia y habrá transformado la tierra en un “cielo” técnicamente delicioso. Y por la prolongación indefinida de la vida esperará vencer un día a la muerte” (p. 90)1.

1) Para todas las referencias: “Revolución y Contra-Revolución”, Editora Retornarei, São Paulo, 5ª. Edición en portugués, 254 páginas.


(Revista Dr. Plinio, No. 144, marzo de 2010, pp. 30-31, Editora Retornarei Ltda., São Paulo).

Last Updated on Monday, 10 June 2019 17:12