La "celestialización" de la vida temporal

El verdadero arte debe buscar lo maravilloso de un modo creciente. Su misión consiste en trazar, tanto cuanto sea posible, un ambiente en torno del hombre de tal forma que él tenga el camino indicado y sea llevado hacia el Cielo. La Revolución hace exactamente lo contrario.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Una nueva perspectiva bajo la cual se podría considerar el tema “gracia” sería la siguiente:

Métodos para representar lo maravilloso

Imaginemos que hubiese un lugar donde los ángeles bajasen visiblemente y estuviesen algún tiempo allí alabando a Dios, y después se fuesen. Por ejemplo, el lugar donde apareció el ángel en Cova da Iria. Ahí hay bendición, es algo indiscutible. Ahora bien, el alma humana fue hecha para sentir cosas de ese tipo por toda la eternidad; y nuestro estado normal de bautizados consiste en encontrarnos en presencia de realidades que tengan ese quilate. Ese es nuestro punto de reposo final.

Eso significa que, tanto cuanto es posible, la misión del arte consiste en trazar ese ambiente en torno del hombre, de tal manera que él tenga el camino indicado y sea llevado hacia el Cielo. Mientras que el papel de la Revolución consiste, evidentemente, en lo contrario.

Así, no hay maravilloso que baste para un arte verdadero. Sin embargo, es necesario hacer la distinción de dos cosas. Una es lo maravilloso en cuanto representado a través de cosas materiales, por ejemplo, un cuadro cualquiera de una escena medieval de cruzados partiendo para la guerra. Y otra sería una pintura de ángeles, hecha por Fra Angélico, que se sirve de las cosas materiales para representar el puro espíritu en estado de gracia. Y donde el tema casi directo no es la materia, sino la gracia. Aquellos cuadros de Fra Angélico representan indiscutiblemente una tentativa de servirse de la pintura para representar lo maravilloso. Y de hecho lo representan. Es diferente de representarlo a través de una catedral. No obstante, ambos métodos deben ser utilizados.

La dimensión celestial de la Cristiandad

¿Cómo sería el hombre formado completamente en un ambiente así? ¿Cómo serían sus relaciones? El conocimiento de eso nos daría la idea de una sociedad por él constituida.

Ningún tratado de Derecho Natural dice eso, porque de hecho escapa a esa materia. Sin embargo, debería haber obras que abordasen este asunto a las cuales hiciese referencia un tratado de Derecho Natural. Porque el mero orden natural, en lo que dice respecto al hombre, no existe. Por lo tanto, o la Cristiandad tiene una dimensión celestial, y consecuentemente muy superior a lo que se imagina, o ella no alcanzó su fin. Entonces, la meta es la “celestialización” de la vida temporal, sin dejar de ser temporal.

Se puede decir que, hasta cierto punto, monarquías antiguas realizaron cosas de ese género de algún modo, muy pálidamente, pero casi no osaban llegar hasta allá. Digamos, por ejemplo, el cuarto de dormir de María Antonieta. Aquellos tejidos maravillosos eran hechos para dar a la sociedad terrena el aspecto más bonito posible, pero no tenían la intención de “celestializarla”. Si hubiese esa intención, ¡no sé hasta dónde iría!

A mi modo de ver, al espectáculo del horror del demonio que se prepara para venir y mostrarse, ¡nosotros tendríamos que saber oponer el espectáculo admirable de Nuestra Señora que prepara su Reino!

Una maravilla que ofuscaría a Venecia

Es indiscutible que Dios hizo ciertas obras, a ruegos de María Santísima, que “celestializan” un tanto más de lo que los hombres imaginaron. Venecia es una de ellas.

Podría haber existido allí un Fra Angélico que jugase con los reflejos de agua sobre un monumento, una escultura, una pintura o un mosaico colocados directamente a la vera del agua. Se ve que la idea no pasó por la mente de los artistas. También los que construyeron esos palacios estaban pensando en todo, menos en eso.

Por ejemplo, un edificio que podría haber quedado a la vera del agua es la Catedral de Orvieto. Eso imaginado en Venecia, y colocado en una isla, ¡quedaría maravilloso! Sobre todo, si hubiese en algunos puntos unos brazos de hierro bonitos, trabajados, para poner antorchas durante la noche. Podría quedar muy bonito. Voy a decir aun más: ¡quedaría tan bonito, que Venecia casi se ofuscaría! El resto quedaría poca cosa en función de eso.

Hay ciertos géneros de maravillas que están más allá de la Tierra. Son paradisíacos.

La arquitectura francesa, por más bonita que sea, no queda bien en medio de aguas, como en Venecia. Me acuerdo de la lamentación de la Condesa Ana de Noailles1: “C´est trop de beauté!” – Es demasiada belleza.”

Está en la misión del orden material creado ser un espejo del orden espiritual. Por ahí se entiende aquella expresión de San Pablo, que afirma: “De hecho, las perfecciones invisibles de Dios son percibidas por el intelecto a través de sus obras, desde la creación del mundo” (Cfr. Rom 1, 20). Por lo tanto, de todo lo que nuestra alma tiene deseo de ver, en cuanto espiritual, si supiere leer en las cosas de la Tierra, ella saca las debidas conclusiones. He aquí la razón por la cual estoy analizando continuamente todas las cosas.

1) Poetisa y novelista francesa (*1876 - †1933).


(Revista Dr. Plinio, No. 249, diciembre de 2018, pp. 34-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 13.7.1990).

Last Updated on Thursday, 23 May 2019 15:22