El sentido de lo maravilloso, padrón para el conocimiento de la verdad - I

Desde niño, el Dr. Plinio tenía encanto por Europa. Siendo joven, cuando conoció la Bahía de Guanabara, quedó maravillado y se preguntaba si podría haber algo más bello. Él tenía en su alma un padrón de maravilloso, de acuerdo al cual valoraba todas las cosas.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Todo niño tiene una tendencia hacia lo maravilloso. De tal forma que, al colocar varios juguetes delante de él, normalmente él se inclina hacia el más colorido, el que llama más la atención y da más una idea de lo maravilloso. Y su espíritu también tiene a fijarse preferentemente en las cosas maravillosas que ve.

El más alto padrón de civilización al cual llegó el mundo

Me acuerdo de mí mismo, de pequeño, en varias circunstancias, viendo cosas maravillosas y fijando mi atención. Eso iba preparando mi espíritu para dar el primado de la preferencia y de la atención a ciertas cosas lindísimas, más que a otras. Con el fondo de la idea de que era posible haber un orden de cosas mucho más bonito que el que yo tenía ante mis ojos. Y por esa razón, yo debería tender a conocer y a admirar esas cosas más bonitas.

Entonces, desde muy pequeño, tuve admiración por Europa. Porque es el padrón más alto de civilización al cual haya llegado Occidente, o el mundo. Y cuando yo observaba ilustraciones de Europa en revistas, me acordaba de cosas que había visto de niño y decía: “Todo eso es completamente superior a lo que yo tengo aquí. Por lo tanto, debe haber un mundo así, y el alma humana fue hecha para considerarlo, estimarlo, amarlo y respetarlo. ¡Y, no pudiendo estar allá, se puede ver en fotografías –es la única misión verdadera de la fotografía – las maravillas que no se tienen y de encantarse con ellas!”

En ciertas ocasiones yo pensaba: “¡Esto es maravilloso!” Y, llevado por ese deseo de lo maravilloso, meditaba respecto a cualquier cosa: “¡Podría ser todavía más maravillosa! Dios no está obligado a crear el mundo más bonito posible para los hombres, ni existe un “más bonito posible” para el Altísimo, porque, siendo Dios infinito, Él puede siempre hacer lo más bello, que no tiene límite. Por más maravilloso que Él haga, nunca tocará en Él. No hay un límite de lo máximo. Va hasta donde mi imaginación pueda ir, hasta donde la sabiduría y la bondad del Creador quieran que vaya.”

Un episodio tan conocido entre nosotros: cuando yo era niño y quería comprar Versailles con una libra esterlina… porque, en mi inteligencia infantil, eso rompía todos los padrones de lo maravilloso que yo había concebido hasta entonces. Me acuerdo que me vino a la mente la siguiente idea: “¡Nunca imaginé que pudiese haber una cosa tan maravillosa!”

Asistiendo a una película sobre los funerales de Francisco José

Más tarde quedé encantado asistiendo a una película de cine que representaba los funerales del Emperador Francisco José1 – ¡ejecutados con precisión, una cosa estupenda! – y la Fräulein2, que era una señora de la nobleza y conocía bien los personajes, iba indicando: “Ahora el funeral va a pasar frente a la iglesia tal, y es el momento en que el Conde tal debe hacer un saludo a la Duquesa tal…” Sucedía exactamente como ella decía, y el funeral continuaba.

¡Eso me encantaba! ¿Por qué? Por causa de una medida vaga de perfección en materia de funeral, muy incompleta, que yo había concebido viendo los entierros – más modestos –, en São Paulo. Y de repente encontrarme con esa ceremonia, que sobrepasaba todo lo que yo había imaginado, ¡mi sentido de lo maravilloso se abría de par en par! De ahí resultaba una especie de respeto y entusiasmo por esas cosas, que la crítica de la edad madura no hizo sino confirmar.

La Bahía de Guanabara

Yendo a Rio de Janeiro cuando era joven, analicé varias veces las tres ensenadas clásicas: Flamengo, Botafogo y Copacabana. Y un trecho de mar más adelante, creo que se llama Leblon – ¡una maravilla también! –. En todas, me pregunté, subconscientemente, si era posible imaginar una cosa más bella. Y llegué a la conclusión de que, mar a mar, yo no conseguiría imaginar algo más bonito. No quiero decir que no haya, pero mi inteligencia no llegó a imaginar algo más bello. Y como no llegó a hacerlo, vino mi asentimiento entero de que esa Bahía es realmente una maravilla.

¿De dónde provenía mi completa adhesión a la Bahía de Guanabara? Del hecho de que había una coincidencia entre lo que yo veía y aquello que, más o menos subconscientemente, representaba la idea que yo podía tener de lo maravilloso de una bahía.

Padrón de maravilloso con respecto a todas las cosas

Una de las perfecciones del espíritu humano es tener una noción de lo que sería el ideal de todos los seres. Es decir, un concepto de maravilloso con respecto a todas las cosas, y el hábito de confrontarlas con ese padrón maravilloso que se debería formar con respecto a todo cuanto se ve.

Cuando se dice, habitualmente, que alguien conoció una cosa por entero, se afirma que la persona profundizó en ese punto. Ahora bien, la expresión es verdadera, porque en algún sentido se profundiza; pero en otro sentido se debe llegar hasta el pináculo. Y la cognición entera de algo viene de la conjunción de lo más profundo con lo más elevado, lo más admirable de aquello.

Por lo tanto, nosotros entendemos algo no apenas cuando percibimos sus cualidades y defectos, sino cuando tenemos también un padrón más o menos instintivo de lo maravilloso correspondiente a aquello.

Para que las almas aspiren a grandes ideales y a grandes realizaciones, necesitan habituarse a tener una plataforma en función de la cual calculen las maravillas de las cosas. Y sepan, por lo tanto, aquilatarlas, valorarlas por sus aspectos más altos.

Cuando leí los comentarios de Cornelio a Lapide3 sobre el Cielo empíreo, tuve una explosión de entusiasmo: “Llegará una ocasión en la cual conoceré ese maravilloso y me deleitaré con él. ¡Y mientras mi alma esté viendo a Dios cara a cara, que es la maravilla de las maravillas, mi cuerpo estará al mismo tiempo – porque, con mi alma forma una sola persona – en contacto con maravillas físicas, que le facilitarán a mi cuerpo acompañar el élan4 de mi alma rumbo a Dios!”

 (Continúa en el próximo artículo)

_______

1) Emperador de Austria-Hungría, fallecido en 1916.

2) Del alemán: señorita. Aquí el Dr. Plinio se refiere a su preceptora alemana, Srta. Mathilde Heldmann.

3) Jesuita y exegeta flamenco (*1567-†1637).

4) Del francés: impulso (N. del T.).


(Revista Dr. Plinio, No. 185, agosto de 2013, pp. 32-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 9.8.1988).

Last Updated on Thursday, 09 May 2019 16:06