Dios conoce el orden de las estrellas

El aparente desorden de los cuerpos celestes constituye, en realidad, un orden dirigido por la sabiduría divina. No obstante, Dios presta más atención a una Avemaría que rezamos, que al movimiento de todos los astros.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Cuando contemplamos un cielo estrellado tenemos, al mismo tiempo, una impresión de belleza y de un poquito de desorden. Las estrellas están, aparentemente, medio lanzadas por aquí y por allá. Se diría que fueron lanzadas en el azul profundo de la noche por una mano distraída…

Todos los seres tienen su papel

Entonces impresionan por las distancias, por la belleza de cada una de ellas, por la grandeza del conjunto, pero no notamos cierto orden que nos gustaría que existiese.

Me parece haber en eso un sentido más bonito y profundo que el que nos sería proporcionado por un orden evidente. Tal vez Dios quiera darnos a entender que Él no haría esas maravillas en medio de una especie de desorden; y que, cuando conozcamos bien cómo se componen las constelaciones, percibiremos realidades que todavía no vemos, que indicarán un orden magnífico dentro de eso.

En los cuerpos celestes acontece de todo: volcanes que entran en erupción dentro de algunos de ellos; estrellas incandescentes, otras que explotan de repente…

Cuando hay una catástrofe en una estrella, entonces pensamos: “Dios ni siquiera toma conocimiento, porque no tiene tiempo para prestar atención en eso. Esas estrellas son como partículas luminosas que, en una hora de generosidad, Él lanzó por ahí y después ni siquiera vio más; dejó eso completamente de lado y no le preocupa.”

Esa impresión no es verdadera, y corresponde a una idea absolutamente deformada de la grandeza del Creador. Tal es la ciencia y el poder divino, que a Él le da lo mismo tomar conocimiento de lo que acontece en todas las estrellas al mismo tiempo, como lo que ocurre en una sola estrella. Dios conoce cada estrella como si solamente ella estuviese delante de Él.

Además, no hay estrellas inútiles ni repetidas. Dios no gaguea, o sea, no hace criaturas superfluas como un gago pronunciaría determinadas sílabas. En la Creación, todos los seres vivos tienen su papel para la realización de los planes divinos, y estaría fuera de su sabiduría y por debajo de su poder crear entes inútiles.

Por lo tanto, todos los acontecimientos – inclusive las explosiones, estrellas incandescentes, etc. – tienen su razón de ser y obedecen a un plan por Él trazado. Y lo que para nosotros es un desastre, como el desaparecimiento de una estrella, Dios así lo quiso y lo calculó para hacer parte del orden universal instituido por Él.

Todo está calculado para la gloria de Dios

Es como un músico que, al ejecutar una pieza en un piano o en un órgano, interrumpe una nota que estaba siendo tocada. Eso no es un desastre, pero está calculado para dar continuidad a la armonía.

También en el orden del universo todo está calculado para la gloria de Dios. Y hace parte de esa gloria que contemplemos las estrellas para entenderlo mejor a Él. Y si el Altísimo está de tal manera atento a lo que le pasa a las estrellas, ¡cuánto más prestará atención en nosotros, que somos una razón para que Él las haya creado!

De manera que todo lo que acabo de decir con respecto a las estrellas es particularmente verdadero con relación a los hombres.

Dios tiene más en vista el alma de cada uno de nosotros y, por así decir, presta más atención en una oración – un Avemaría o, a fortiori, una Comunión – que hagamos, que en la rotación general de todo el universo.

Por ejemplo, la Santísima Trinidad está contemplando esta reunión y la disposición de las almas de todos nosotros.

De esa manera, comprendemos bien cómo Dios está atento a las oraciones, cómo Él se inclina a oír lo que tenemos para decirle, y cómo podemos, por lo tanto, tener la confianza de que no nos perdemos en el vacío ni en el caos.

El héroe de la fe que muere en el campo de batalla

La humanidad no es un vacuo. Será tal vez un caos por culpa de los hombres. Pero, ¡cómo Dios ama a aquellos que son las “estrellas” fieles que continúan brillando! ¡Y cómo su bondad está pronta a amparar a las “estrellas” no fieles que comienzan a caer, y solícito en sacar del fondo de los abismos a las que cayeron, para reponerlas en su debido lugar y así continúen ejecutando sus órdenes!

 Consideremos, por ejemplo, que cuando Dios creó las estrellas, pensó en cada uno de los hombres que iría a crear. Y al hacerlas centellear en los espacios vacíos, una de sus intenciones era que ellas iluminasen la muerte de los que muriesen con heroísmo por amor a Él; y, en la hora de crear las estrellas, Dios – que conoce el presente, el pasado y el futuro perfectamente, hasta en sus últimos pormenores – vio esas estrellas brillar y pensó en los héroes de la fe que habrían de morir un día bajo la cintilación de ellas, aceptando voluntariamente aquellos padecimientos y diciendo:

“Vine aquí y estoy muriendo así, porque quise. Dios, cuando vio su Creación, me vio en el campo de batalla. Y, como todos los que mueren combatiendo por amor a la fe, cintilé a los ojos de Él como esas estrellas del cielo.”

La más brillante de todas las criaturas

Hay un himno a Nuestra Señora que la invoca como Stella Clarissima: Estrella Luminosísima. Ese título viene muy a propósito, porque en el firmamento hay muchos astros, pero Ella es el más luminoso dentro de todos ellos, o sea, la más brillante de las criaturas.

¿Por qué se habla de estrella? Porque la estrella brilla en la oscuridad nocturna, y es una consolación para quien, en la noche, está mirando hacia el cielo. Esta vida es para el católico una noche, un valle de lágrimas, una época de probación, de peligro, de aprensión. En la eternidad vamos a tener el día; esta vida terrena es noche para nosotros, pero tenemos una Estrella que nos guía y constituye nuestra consolación en medio de las tinieblas.

Sin duda, existen algunas relaciones entre la estrella que guía a un navegante en el mar o a un viajero por el desierto, y el destino hacia donde se dirigen. Una de ellas está en que la ruta de la estrella es indicativa de la llegada. Otra relación muy bonita es el modo por el cual la estrella ya hace prever cómo será el destino.

Hace parte del sentido popular de la fe que la estrella de Belén sea representada de tal modo, que de una idea del resplandor incomparable que los Reyes Magos van a contemplar, al encontrar a la Sagrada Familia. De tal forma que la estrella indicaba el camino, pero también simbolizaba, de algún modo, a Aquel que sería encontrado.

Por esa razón, análogamente, Nuestra Señora es aclamada por la Iglesia como la Estrella de la Mañana. La estrella del alba se manifiesta cuando, en plena noche, de repente el cielo comienza a quedar un poco pálido. Entonces ella brilla.

María Santísima es, pues, en medio de las tinieblas de este mundo, la señal de que el Sol de Justicia está por nacer.1

_______

1) Cfr. Conferencias del 24.8.1965, 16.1.1978, 28.4.1981, 25.1.1982, 21.12.1988, 1.12.1991 y 15.4.1994.


(Revista Dr. Plinio, No. 201, diciembre de 2014, pp. 32-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo - Título original del artículo: Stella Clarissima).

Last Updated on Monday, 29 April 2019 15:38