El guion de oro entre el Cielo y la Tierra

Todas las bellezas del mar y del firmamento, todas las maravillas engendradas por los hombres en todos los tiempos son apenas ecos de Nuestro Señor Jesucristo, el verdadero guion de oro entre el Cielo y la Tierra. 

 

Plinio Corrêa de Oliveira  

Ante tantas maravillas creadas por Dios en el universo, se podría pensar que tal vez sería incomprensible que Él no las coronase con una belleza complementaria y suprema. 

Imaginemos a un joyero que posea un cofre repleto de piedras preciosas sueltas, todavía no articuladas como joyas. Él las toma y las esparce encima de un lindo fieltro que cubre su mesa de trabajo, hace incidir sobre ellas una luz que realza el esplendor y el valor de cada una, y se pone a admirarlas. El hombre se encanta con ese tesoro. Si fuese un joyero inteligente, en breve se le ocurrirá la siguiente idea: “¿Cómo constituir un conjunto con estas piedras? Pues son tan bellas que merecen estar reunidas en un todo que las exceda en pulcritud. ¿Cómo hacerlo?” 

De hecho, si las piedras son lindas, la joya en la cual se van a encajar lo será aún más, puesto que un conjunto de cosas ordenadas adquiere una belleza superior al mero amontonamiento desarticulado de esas mismas cosas. El orden es un escalón más hacia el esplendor, y este, propiamente dicho, no resulta sólo de la gracia de cada parte, sino de la ordenación en la cual están dispuestas las partes. Esa es la belleza de las bellezas. 

Por lo tanto, el joyero inteligente no podría dejar de pensar: “Esas piedras tienen tales y tales características, tales y tales encantos; voy a mandar a hacer una joya con ellas”. Él analiza sus piedras y elabora un diseño de acuerdo al cual quedarán mejor dispuestas para formar la joya deseada: “En el centro irá aquel brillante magnífico; y para que el broche sea más refulgente, voy a incrustar a un lado rubíes, después una camada de zafiros y otra de esmeraldas…” Y así por delante, siguiendo su valiosa inspiración, acaba componiendo el precioso objeto. 

Siendo él un gran joyero, sin indecisiones ni contradicciones, decidido a ejecutar el primer plan trazado en su idea, llama a uno de sus funcionarios y le entrega el esbozo: “Lleve este diseño al orfebre y pídale que me monte esa joya usando oro del mejor quilate, a fin de que la belleza del metal complete el esplendor de las piedras.” 

Días después, el orfebre le entrega la encomienda al joyero. Este abre la caja labrada con esmero, abre los pliegues de terciopelo, de seda, hasta que sus ojos se regocijan con el fulgor de la linda joya ahí encerrada. Y el orfebre le dice: “Señor, aquí están sus piedras y aquí está la joya que Ud. idealizó. ¡He aquí la belleza que mis manos le entregan! ¡Mis homenajes!” 

Ahora bien, habiendo Dios creado todas esas maravillas esparcidas por el universo, cuales gemas sueltas del joyero, les habría de trazar un orden. Como centro de ese orden, gobernándolo, resumiéndolo en un conjunto precioso, Él puso al género humano. Y en este, fue intención del Creador que existiesen hombres más perfectos, más santos y admirables, y que existiese un ápice, una joya máxima: un Hombre tan perfecto, tan inteligente, tan sabio y poderoso que excediese en belleza, en sabiduría, en virtud y en poder a todas las criaturas humanas. 

En torno a ese Hombre, como los rubíes y zafiros alrededor del brillante, se dispondrían todas las perfecciones del universo. Ese es el Hombre Dios, guion de oro que une de un modo magnífico el Cielo y la Tierra. 

Todas las bellezas del mar y del firmamento, todos los tesoros escondidos en las entrañas del suelo, todos los encantos variados de la fauna y la flora, todas las grandezas y maravillas engendradas por los hombres en todos los tiempos no constituyen sino prefiguras o ecos de Aquél que es el ápice de la Historia: Nuestro Señor Jesucristo, de cuya sangre infinitamente preciosa vertida por nosotros en su Pasión y Muerte, nacieron todos los esplendores de la Civilización Cristiana.

_____________________ 

(Revista Dr. Plinio, No. 112, julio de 2007, pp. 28-34 – Editora Retornarei, São Paulo – Título original del artículo: El guion de oro – Extraído de conferencias del 24.3.1984 y 13.10.1989).

Last Updated on Wednesday, 10 April 2019 16:16