La Basílica de San Pedro y la Catedral de Notre Dame

La Basílica de San Pedro y la Catedral de Notre Dame de París son dos iglesias completamente diferentes. En la primera, con un esfuerzo de piedad, la criatura intenta elevarse hasta el Creador; en la segunda, el Creador desciende hasta la criatura.

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dos formas de grandeza

  

Plinio Corrêa de Oliveira

  

En mi óptica de hombre del siglo XX, con los patrones deteriorados por los apartamentos de São Paulo, cuando entré por primera vez en la Basílica de San Pedro, después de verla por el lado de afuera, tuve cierta sorpresa,  juzgándola mucho menor de lo que la imaginaba.

             Eso se debe al hecho de que, en la construcción de la Basílica, Miguel Ángel tuvo el cuidado de ocultar, tanto cuanto fuese posible, el tamaño del Cupolone1. En aquel tiempo, donde el materialismo aún no había hecho tantos progresos, era bonito realzar la proporción y esconder el tamaño. Porque el tamaño es materia, y la proporción es espíritu. El espíritu debe dominar sobre la materia.

        Hubo tal preocupación en disfrazar la altura de él, que yo no noté que el duomo2 de San Pedro fuese tan alto cuanto el Martinelli, el edificio más grande de São Paulo de aquellos tiempos.

        Sin embargo, toda la Basílica de San Pedro es influenciada por el Renacimiento. Y, por lo tanto, desde el punto de vista artístico, ella no es sino una nueva presentación de elementos de belleza clásica, presentados por las generaciones que vinieron después del Renacimiento.

                Ahora bien, eso no tiene, en absoluto, el espíritu católico de la Edad Media.

         Se nota, claramente, que la Basílica de San Pedro es una iglesia muy bien compuesta, cuya pompa está a la altura de lo que los hombres pueden disponer para venerar la Cátedra de Pedro y de ser, en ese sentido, la primera iglesia de la Cristiandad. Pero, en cierto modo, el hombre no tiene allí la sensación de proximidad con Dios que hay en la Catedral de Notre Dame, en París.

            Yo traduciría esa impresión en los siguientes términos: en la Basílica de San Pedro veo una tentativa del hombre de elevarse hasta Dios, en un esfuerzo de piedad; en la Catedral de Notre Dame, es Dios quien desciende hasta los hombres. Por esa causa, la impresión de proximidad de Dios allá es mucho mayor que en el propio Vaticano.

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 1) En italiano, cúpula.

2) Ídem.

(Revista Dr. Plinio, No. 190, enero de 2014, pp. 34-35. Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 18.5.1976)

 

Last Updated on Monday, 11 March 2019 02:51