Las catedrales: símbolos del Paraíso

Las catedrales pueden ser analizadas bajo diversos puntos de vista. Comentando el trecho de una obra del historiador Marcel Aubert, el Dr. Plinio apunta el prisma más elevado por el cual ellas pueden ser consideradas.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Me gustaría comentar una breve ficha extraída de Marcel Aubert1, que trata respecto a las catedrales como símbolos del Paraíso.

Para iniciar bien esta explanación, ante todo es necesario no considerar las catedrales apenas como un recinto cerrado, donde se puede, al abrigo de intemperies, prestar culto a Dios. Además de esa finalidad material, evidentemente indispensable, las catedrales deben ser consideradas por encima de todo como un símbolo y, por lo tanto, una imagen y pregustación del Paraíso. Yo las considero como verdaderas obras primas de simbolismo, en las cuales todo tiene una reversibilidad.

Jerusalén: prefigura de la Iglesia

Así dice el autor:

La catedral es una figura de la Ciudad de Dios, de la Jerusalén Celestial, imagen del Paraíso2.

Uno de los aspectos del significado simbólico de las catedrales examinado por el autor, está contenido en el hecho de que estas son la Casa de Dios, a semejanza del Paraíso Celestial, en el cual Dios aguarda a los hombres, mientras los que allí ya están lo contemplan.

¿Qué debemos comprender por Jerusalén? Jerusalén es la ciudad santa del Antiguo Testamento, una representación material de lo que vendría a ser en el futuro la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, el Reino de Dios en la Tierra.

El pueblo elegido del Antiguo Testamento era una prefigura de los católicos bautizados. Siendo Jerusalén la capital del pueblo elegido en el Antiguo Testamento, ella prefiguraba, por lo tanto, a la Iglesia Católica.

Por lo tanto, a la Iglesia Católica le cabe el título de Jerusalén terrestre. Si bien tal título puede ser aplicado a todo el orden civil, cuando está conforme a las enseñanzas divinas.

Por consiguiente, la denominación “Jerusalén celestial” es aplicada a la ciudad de Dios, que es el Paraíso.

Simbología del edificio sagrado

Continúa la ficha:

Las paredes laterales son imágenes del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Los pilares y las columnas son los profetas y los apóstoles que sustentan la bóveda, la cual, a su vez, representa a Cristo, su llave.

¡Cuán pocos son los que, al entrar en una iglesia, tienen presente la idea de que sus paredes laterales representan el Antiguo y el Nuevo Testamento!

Cómo sería bueno si al avistar una iglesia las personas considerasen esta magnífica realidad, de que en sus paredes están representados el Antiguo y el Nuevo Testamento, así como en sus columnas los Profetas y los Apóstoles, sobre las cuales se apoya la bóveda, imagen de Nuestro Señor Jesucristo, llave de la Iglesia.

El esplendor de los pórticos

Las ventanas traslúcidas que nos separan de la tempestad y derraman sobre nosotros la claridad, son los doctores de la Iglesia.

El portal es la entrada del Paraíso, embellecida por las imágenes en piedra, por los bajo relieves pintados y dorados, y por las suntuosas puertas de bronce.

Las puertas de las catedrales son, por lo tanto, una imagen de las puertas del Cielo. Ellas son, generalmente, hechas de roble trabajado y ornadas de bronce labrado, a fin de que su esplendor participe de alguna forma de la belleza del Portal Celestial.

Las imágenes dispuestas en torno a la puerta de la catedral deben constituir un recuerdo de que un día las puertas del Paraíso se abrirán para nosotros, y así vamos a penetrar en la gloria de Dios, gozando de la compañía de los bienaventurados. Cuando penetremos en el pórtico de la Jerusalén Celestial seremos recibidos por el canto armonioso de los ángeles, a semejanza de los Doctores tallados en piedra que nos reciben en el pórtico de la Catedral.

Luz que da belleza a todas las cosas

La Casa de Dios debe ser iluminada por los rayos del sol resplandeciente de la caridad como el propio Paraíso, porque Dios es la Luz y la luz da belleza a las cosas. También así se debe aumentar la iluminación interior de la catedral, abriendo ventanas tan grandes como sea posible, desde los vértices de las grandes arcadas hasta las propias bóvedas.

Siendo Dios la Luz, conviene a la catedral ser iluminada, no por la claridad común del día, sino por la luz matizada que se filtra por los vitrales, los cuales deben ser tan grandes cuanto sea posible. Por eso, consistió el gran desafío de la arquitectura gótica hacer con que las ventanas fuesen cada vez más grandes, sin perjudicar la estabilidad del edificio. De ahí se llegó a realizar un edificio como la Sainte Chapelle de París, verdadero cofre cuyas paredes son todas de vitrales. Lo que en ella hay de piedra son algunas columnas delgadas que sustentan el techo; en cuanto al resto, es toda hecha de luz. De tal modo que, al penetrar en ella, se tiene la impresión de estar en una caja de cristal, en la cual los colores y la luz juegan, formando diseños maravillosos, haciendo recordar la eterna luz del Paraíso.

Penetrando en la iglesia con la esperanza de las alegrías celestiales

Cómo me gustaría que esta ficha fuese publicada, para que poco a poco las personas adquieran el hábito de recordarse de estas maravillas siempre que entren en una catedral.

Al penetrar en el edificio sagrado deberíamos tener la siguiente convicción: “Ahora transpongo este pórtico; un día penetraré por las puertas del Cielo, donde podré ver a los Profetas y a los Doctores, tales como aquí los veo representados en esas imágenes de piedra. Allá seré inundado por la luz de Dios, así como ahora me baña esta luz que penetra por todos los lados en este templo santo.”

El hecho de entrar en una iglesia debe aumentar en nosotros la alegría y la esperanza del gran triunfo que tendremos en el Cielo. Cuanto más nos sintamos en esta Tierra oprimidos, perseguidos u odiados, tanto más debemos volver nuestros ojos al Cielo y ansiar por él. Allá, todas las miserias deberán acabar, cediendo lugar a la perfecta alegría. En el Cielo no solo gozaremos de todas las alegrías posibles, sino que también tendremos algo indispensable para la perfecta alegría: la noción de que ella nunca acabará.

Si considerásemos a una persona en el Cielo, radiante de felicidad, a la cual alguien previniese de que ella corre el riesgo de, pasados algunos millares de años, perder dicha felicidad, teniendo que volver a la Tierra, esa persona pasaría esos millares de años con una sombra de infelicidad, porque en el Cielo – mucho más deleitable que la Tierra –, la simple idea de dejarlo macularía la felicidad que en él se goza. Pues, cuanto más grande es el bien que se tiene, mayor es el deseo de conservarlo. Por lo tanto, es un elemento esencial de la alegría celestial que ella sea eterna.

Esta alegría eterna nos espera a todos los que sean fieles en esta vida. En el Paraíso Celestial, al lado de los bienaventurados, estaremos inmersos en un mar de felicidad, constituido ante todo por la contemplación de Dios cara a cara.

Esta es la esperanza que debemos tener al entrar en el recinto sagrado de una catedral.

1) Marcel Aubert (1884-1962), historiador francés. Entre sus obras principales se destacan: La Cathédral de Senlis y La Catedral de Notre Dame de París.

2) No poseemos la cita exacta de la ficha bibliográfica usada por el Dr. Plinio en esa ocasión.


(Revista Dr. Plinio, No. 156, marzo de 2011, pp. 32-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 4.3.1974).

 

Last Updated on Friday, 01 March 2019 13:13