El arte gótico, expresión del deseo del Cielo

La Iglesia, nacida del costado de Cristo, produjo bellezas maravillosas. Entre ellas están las catedrales góticas, tan características de la Edad Media. Al analizar dichas edificaciones, el Dr. Plinio, gran admirador de la Cristiandad, hace una bella consideración: ¿el gótico habrá representado por entero el espíritu católico?

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Cuando se observa el gótico en sus últimas manifestaciones, antes del Renacimiento, se tiene la impresión singular de que él llegó al fin del camino y de que alcanzó tal perfección, que no se puede imaginar algo más perfecto en esa línea. Una nueva línea estaba por aparecer, no contraria a la anterior, sino que sería un salto hacia arriba.

Eso corresponde a la historia de la humanidad. El espíritu de los hombres había llegado a un punto tal, que estaba por surgir algún dato enteramente nuevo, que daría un impulso dentro de la línea del antiguo. Es lo que se llama tradición. Sin embargo, apareció el Renacimiento.

No es excesivo conjeturar que, si la humanidad hubiese sido fiel a las gracias de la Edad Media, habría comenzado a nacer algo que iría rumbo al Reino de María. No obstante, con alguna cosa nueva que no se sabe qué es.

Analicemos el gótico y después veamos qué podría florecer de él, a título de conjetura.

A mi modo de ver, ese estilo, aún en su fase inicial, reflejaba característicamente los siguientes trazos del espíritu católico europeo de la Edad Media: fuerza tendiente a la perennidad, seriedad y recogimiento.

El gótico es fuerte y por esa razón tiende a lo perenne. Esas construcciones expresan un deseo vigoroso de durar siempre y de nunca ser substituidas.

Él tiene, por otro lado, una seriedad que hace que el interior de los edificios góticos tenga un recogimiento y una compostura propios a quien es muy serio. La luz que entra en ellos es tamizada por un colorido muy bonito.

Por ejemplo, la luz que penetra a través de los vitrales de la Catedral de Bourges (Francia) no es la común, sino la de un día ideal, dando la impresión de un sueño.

¿Es un sueño? No. El alma, a fuerza de desear el Cielo, conjetura, tanto cuanto puede, respecto a cómo él sería. Y penetrando en una iglesia de la Edad Media hecha toda de vitrales, se tiene la impresión de que se entra en el Paraíso.

Al mismo tiempo, el gótico es delicado. Tomen en consideración aquellas columnas formidables de las catedrales. Los medievales encontraron una forma de trabajarlas de tal manera que atenuasen lo que pudiese dar en ellas la impresión de una fuerza casi brutal: esculpieron un ramillete de pequeñas columnas que se amarraban unas a otras en torno a una sola columna. Esta sustenta el techo con mucha firmeza, pero da la sensación de liviandad, debido a las pequeñas pseudocolumnas en las cuales se descompone.

La columna gótica del lado interior de un castillo, e inclusive de una catedral, causa la impresión de un combate. Trabajada de tal manera que da la ilusión de un ramillete de pequeñas columnas, la columna gótica de gran estilo tiene cualquier cosa de tranquilo, sin agitación y sin la tensión de la lucha. Ella representa mucho más al guerrero en su reposo y en su oración, que batallando.

La guerra medieval, cuando era justa, siempre tenía en vista la paz, una solución, una concordia equilibrada. Y la ojiva expresa eso muy bien. Son las dos partes, que podemos imaginar opuestas, que se resuelven en una posición de equilibrio, o sea, en una reconciliación entre ellas. Por eso no es raro que en el punto donde las ojivas se encuentran haya florones o adornos, como festejando la paz.

También está presente en el gótico una alta noción del deber. Ciertas columnatas simbolizan un camino estrecho, serio, recto y, sobre todo, elevado, que conduce a una gran solución: el Cielo.

El camino del Cielo no es ancho, holgado, espacioso ni agradable, sino apretado, difícil, y está siempre a la vera de precipicios, de problemas y de otras dificultades. Es grandioso, metódico, del cual, sin embargo, no se puede apartar un paso, porque se pierde de vista la meta y se desvía. Esto corresponde a la idea que tenemos de nuestra propia existencia, en cuanto vivida a la luz de los Mandamientos.

Es decir, si nos sintiéremos oprimidos por la proximidad de las columnas a uno y otro lado, encontraremos los grandes espacios mirando hacia lo alto. Cuando la vida esté apretada, miremos hacia el Cielo. Así debe ser el alma del católico.

Las almas que hicieron el gótico, tan entusiasmadas y encantadas con la fuerza, tenían en sí muchos otros tesoros.

Después de haber explicitado en la piedra su deseo y su afirmación de fortaleza, el mismo espíritu que las animaba comenzó a sonreír y a manifestar su propia dulzura, como quien continúa haciendo, en el granito, la descripción de sus almas.

Surgen, entonces, adornos que, sin traicionar la austeridad de la columna, transforman la catedral casi en un sueño. Se abole el granito y se transforma todo en cristal.

Encontramos ese sueño en la Sainte Chapelle, que utiliza la piedra apenas lo necesario para soportar el techo y servir de encaje a los vitrales. Pero el espíritu que concibió la Sainte Chapelle, si pudiese hacer un edificio todo de cristal, se sentiría realizado.

No debemos ver en eso una mudanza del espíritu gótico, porque es algo que estaba en el alma del hombre medieval desde el inicio. Así como una persona que tiene un arca con una serie de tesoros y los va sacando uno a uno para mostrarlos, los medievales eran profundamente católicos, y en sus almas había muchas riquezas en diversas direcciones.

Ellos fueron lentamente exhibiendo, manifestando esas riquezas de tal manera que, cuando se llega al pináculo del gótico, parece que nada más faltaba. Se diría que fue hecha la descripción completa de un alma profunda y verdaderamente católica.

Sin embargo, puedo hacer a ese respecto conjeturas, sin el carácter de certeza, teniendo apenas el alcance de una probabilidad. Y en esa perspectiva considero el asunto.

¿Qué es el espíritu gótico?

En el fondo, es el espíritu de la Iglesia, inagotable, inmenso, fabuloso. Es el propio Divino Espíritu Santo que se manifiesta. El espíritu de la Iglesia nunca será enteramente expresado, pues siempre tiene nuevas riquezas. Y nosotros solamente lo conoceremos en su totalidad cuando estemos en el Cielo, donde la Iglesia militante desemboca en la Iglesia gloriosa. Podemos afirmar que en el gótico había muchas otras cosas para manifestar, porque aún no era el espíritu católico integral, sino apenas algunos de sus trazos.

Por más que el gótico haya sido integralmente católico, el espíritu católico integral no estaba enteramente representado en el gótico.


(Revista Dr. Plinio, No. 142, enero de 2010, pp. 30-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 28.7.1989).

Last Updated on Thursday, 17 January 2019 13:27