Amor incondicional a la Cátedra de Pedro

Al comentar un documental sobre la vida en el Vaticano en la época de Pío XII, el Dr. Plinio manifiesta una vez más su fidelidad a la Iglesia en la persona del Papa.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Por encima de cualquier poder temporal, el Papado es el poder más alto existente en la Tierra. Es el más alto, pues todo lo que dice respecto a lo sobrenatural vale más que lo que se refiere a lo natural, y el espíritu vale más que la materia. Además, el Papa tiene un poder universal sobre todos los pueblos, en todos los lugares, mientras que las otras soberanías existentes en el mundo son limitadas. Alguien puede ser rey de un país o presidente de otro; no hay rey del mundo, ni presidente del mundo. Ahora bien, el Papa es el Pastor del mundo entero, él tiene jurisdicción sobre las almas de todo el orbe. Como resultado, incluso a ese título – el menos importante de todos, pero aun así tan importante – nadie se puede comparar al Papa.

La idea es la siguiente: siendo el Papa el representante de Dios en la Tierra, y, por lo tanto, del más sobrenatural de los poderes, todo el orden de la gracia está en su mano, a él compete ejercer en sumo grado las facultades de enseñar, de guiar y de santificar, propias a la Iglesia Católica. Por ejercer ese ministerio de un orden tan trascendente, él es el mayor jerarca de toda la Iglesia, y por eso también debe estar cercado de las mayores manifestaciones de respeto que pueden ser tributadas a un hombre.

Respeto, amor y fuerza en la monarquía papal

Por esa razón, toda la vida alrededor del Papa ha de ser organizada de tal manera que se le haga objeto de ese respeto y de ese amor. El gobierno papal sobre la Iglesia es una monarquía que corresponde a tres ideas: la idea de respeto, la idea de amor y la idea de fuerza.

En primer lugar, la idea de respeto. El Papa debe ser venerado, como ya dije.

En segundo lugar, la idea de amor. Si el Papa es el representante de Cristo en la Tierra, todo el amor que los hombres tributan a Nuestro Señor Jesucristo debe tener como punto de aplicación inmediata al Papa, que representa a Cristo en la Tierra.

A seguir, la idea de fuerza. El Papa es un pastor. Uds. no pueden concebir a un pastor que no tenga un papel de fuerza para desarrollar, porque el pastor necesita defender a las ovejas contra el lobo. Y por lo tanto, él debe aplicar la fuerza contra el lobo. El poder de gobernar a las ovejas tiene como elemento intrínseco el de combatir al lobo con las armas espirituales.

 


La nave de San Pedro continúa surcando gloriosamente los mares ora pacíficos, ora revueltos de la Historia, y sus timoneles, (…) lejos de representar una fuerza espiritual decrépita y moribunda, son reconocidos como figuras claves en la determinación de los rumbos de la humanidad. ¡Radiosa y sobrenatural inmortalidad del Papado! (…) Nos complacemos en registrar aquí un homenaje de admiración y entusiasmo a la invencible Cátedra de Pedro. 

(“Extractos del artículo: “…Y sobre ti está edificada mi Iglesia”, “Catolicismo” No. 151 de julio de 1963)


Por eso Uds. ven en torno al Pontífice una pompa religiosa: al mismo tiempo es paterna y también es una pompa de fuerza. Y la nota de la fuerza necesita ser un poco resaltada. Uds. ven allí las guardas pontificias: la Guarda Suiza, la Guarda Palatina y la Guarda Noble, esta última compuesta justamente de elementos de la nobleza romana que servían al Papa gratuitamente y se turnaban en el servicio papal. Esas tres milicias guarnecían los palacios del Papa. Naturalmente con una primera preocupación inmediata de garantizar la integridad personal del Pontífice, así como del orden en el movimiento enorme de personas y la incolumidad de los tesoros de arte colosales que allí se encuentran.

Una visita que valía por un verdadero ejercicio espiritual

Así, todo estaba organizado de modo a que se pudiesen expresar esos sentimientos en torno al Papa. De tal manera que se diese a todos los que fuesen a ver al Papa la oportunidad de tener sentimientos de devoción, de respeto, de amor, de temor delante de la fuerza, llevados al más alto grado. Por lo tanto, toda esa organización tenía en vista infundir en los fieles los sentimientos que deberían tener.

Por esa razón, una visita a la Basílica de San Pedro y al Palacio del Vaticano valía por un verdadero ejercicio espiritual, del cual el fiel salía con su alma más adherente, más unida al Papa que anteriormente.

Cuando apareció el cine, la posibilidad de realizar documentales como este y de pasarlos al mundo entero llevó a los que no podían ir hasta allá el espectáculo magnífico y cotidiano dentro del cual se desarrollaba la vida de un Papa.

Naturalmente, siendo el Papa la cabeza visible de la Iglesia, personas del mundo entero procuran ir a Roma a verlo. Y el número de los que viajaban a ver al Sumo Pontífice – desde San Pedro, el primer Papa, hasta nuestros días – se fue multiplicando a medida que los medios de locomoción se hicieron más fáciles. De tal forma que Roma pasó a ser, sobre todo en los últimos cien años, un punto de atracción para los extranjeros, católicos de todas partes del mundo que llegan allá continuamente.

Uds. vieron en el documental a heridos de guerra y monjas que quieren hablar con el Papa. Hay de todo. Es un resumen del mundo que quiere hablar con el Papa. ¡Es necesario hablar con el Papa!

Presten atención en las fisionomías de las personas cuando hablan con el Papa, sobre todo después de su paso. Se parece a la fisionomía de quien acaba de comulgar. Sólo recibió del Pontífice una palabra corta, ¡pero qué palabra! Es guardada en el alma durante la vida entera: el timbre de voz, la sonrisa, la temperatura de la mano, cómo apretó la mano, los efluvios, los imponderables que el Papa trae a su alrededor, la persona guarda todo eso para toda la vida, y hasta para la hora de la muerte, …porque guarda para la hora de la muerte.

Estar unido a la Cátedra de Pedro hasta en la hora de la muerte

Yo tuve esa experiencia. Llevé varios objetos para ser bendecidos por Pío XII, entre ellos algunas velas. Las velas que se llevaban al Papa para bendecir eran velas lindas, se vendían en la Via de la Conciliazione, todas trabajadas con relieves, con figuras, etc. Él las bendijo. Yo las guardé nuevamente en mi maletín, con muchos otros objetos.

Cuando llegué al hotel, pensé lo siguiente – yo tenía la intención de poner una de esas velas en la sede de nuestro Movimiento y darle otra a mi madre – y pensé para mis adentros: “¿Qué voy a hacer con esas velas? Una debe ser guardada para cuando yo muera. El agonizante católico muere con una vela en la mano y yo quiero que la vela con la cual yo muera sea la vela bendecida por el Vicario de Cristo. Así estaré unido a la Cátedra de Roma hasta cuando esté sin sentido, hasta cuando me encuentre entre la vida y la muerte, y mi intelecto no articule más pensamientos. Por recomendación mía, mi mano va a ser agarrada a esa vela que representa todo lo que yo amo en la Tierra: el Papa, con el cual todo cuanto hay en la Tierra es digno de amor y si el cual nada es digno de amor, apenas de desprecio, porque está marcado por el pecado original y por el dominio del demonio.” Es el movimiento natural de mi alma.

 (Revista Dr. Plinio, No. 179, febrero de 2013, pp. 10-13, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 13.1.1976).

 


            Una antigua leyenda nos cuenta que a la vera de cierto lago había una roca que crecía a medida que las olas la acometían, de tal suerte que nunca quedaba sumergida, aún en las mayores tempestades. Hoy en día, esa roca es la Piedra, la Cátedra de Pedro, que se ha abultado con las revoluciones, mofándose de las herejías, creciendo en vigor a medida que sus adversarios crecen en rencor. Hace ya veinte siglos ella viene esparciendo agua bendita sobre sus adversarios postrados en el camino. La crisis presente, que nos asombra con sus aspectos dantescos, es para ella apenas un episodio en la Historia de esta humanidad que ella ya ha visto gemir en otras ocasiones bajo el peso de los mismos errores y abatida por el peso de las mismas pasiones. Asistió al nacer de todos los países de Occidente. Los vería morir sin recelo por sus propios días, que no se cuentan con la brevedad de los días de una nación.

            En su doctrina divina, tiene todos los tesoros espirituales y morales necesarios para solucionar todas las crisis. En este mar revuelto del siglo XX naufragan hombres, ideas y fortunas. Sólo ella continúa y será “via, veritas et vita”, debiendo ser aceptada por la humanidad, para levantar un vuelo salvador sobre el propio abismo que amenaza tragarla…

(“O Legionário, No. 130, del 15.10.1933)


 

Last Updated on Thursday, 09 August 2018 15:27