Los movimientos del mar y los del alma humana

El movimiento del agua del mar, ora tempestuoso, ora calmo, deja transparecer toda una serie extasiante de gamas de belleza. Del mismo modo, la arquitectura religiosa parece simbolizar diversos aspectos del alma humana cuando honra a su Creador. Acompañemos al Dr. Plinio en las reversibilidades1  con las cuales él nos enseña.

 

 Plinio Corrêa de Oliveira

 

Viendo el mar – ¡objeto perpetuo de mi enlevo2, de mi encanto, de mi entusiasmo! – yo sería capaz de pasar una tarde entera solo, mirándolo, quieto, enteramente entretenido, contemplándolo…

 La belleza del mar y el pulchrum de su movimiento 

En el mar me llamaba mucho la atención lo siguiente – en mi óptica; comprendo que otro sienta de un modo diferente, depende de cada uno –: él presentaba, para mí, dos extremos, con todas las gamas intermediarias. Al contemplarlo, para mí era agradable ver tantas formas de belleza que Dios producía haciendo pasar el mar de un extremo a otro a través de gamas intermediarias. O, de repente, interrumpir la secuencia en cualquier gama intermediaria, dar un giro y pasar al otro lado. 

Es decir, lo ordenado y lo bonito, cuando avanzan aquellas grandes olas, en ofensiva hacia la tierra, no son olas descabelladas haciendo un tumulto – lo descabellado no me agrada –, sino grandes olas en orden, un ataque en regla de una caballería noble. Es la maré montante de ciertos días, que va cubriendo la playa. Es una cosa bonita. Es la bataille rangée, en filas. La variedad incluso es bonita, porque a veces las olas no se llegan a romper; casi se rompen, forman así aquellas eminencias y siguen adelante. 

Otras no, por el contrario: se rompen y hay una alegría de gotas en el aire que después caen y siguen en su ofensiva, parando un poco antes de llegar a la tierra para saltar en el aire, antes de entrañarse en las profundidades de la arena; y es un proceso enorme hasta que eso vuelva al agua nuevamente. Ellas bailan un poco en el aire, jubilosamente; son guerreros que antes de dar el ataque definitivo danzan la danza de la victoria. Una cosa bonita, que me agrada ver. 

Pero también agrada ver cuando el mar está enteramente calmo, casi inmóvil. Diríamos que está de tal manera absorto en la contemplación del cielo, que ni siquiera piensa en sí mismo. Yo hablo del cielo, no del Cielo celestial, sino de la bóveda celeste, que se ve con los ojos. 

De repente, de cualquier lugar, notamos que viene la sorpresa, algo comienza a moverse. Es un oleaje, es un desorden acuático, es un asalto contra la tierra, aunque los diferentes elementos del mar no vienen en bataille rangée, sino que parecen empujarse unos a otros para tomar la delantera y conquistar la tierra más deprisa. Es la belleza de la variedad, de lo inesperado, del casi susto, del imprevisto, que tiene, a mi modo de ver, su encanto propio. Y la sucesión de las cosas hace al mar muy entretenido. 

Esos diferentes modos de ser del pulchrum... Ese es un pulchrum más del movimiento que del mar. Es decir, si el mar fuese feo, su movimiento no sería bonito. La danza es bella cuando el que danza es bello. Un ejército que avanza es muy bonito cuando está compuesto por hombres fuertes, robustos; por el contrario, un ejército de cojos que se arrastra en cierto orden no vale dos caracoles. Del mismo modo, el mar es bello, pero el movimiento está a su altura. 

Además, los misterios que él contiene es otro mundo que se mueve en sus entrañas, que él oculta; no se ve al pulpo, es raro ver un pez, es raro ver algo, hay un mundo que vive ahí adentro, es un misterio. No sé si sienten como yo. ¡Yo tengo, así, entusiasmo por el mar! 

Lances de alma expresados en la arquitectura 

Ahora bien, la arquitectura, y la arquitectura religiosa, delante de los movimientos del alma humana, tan parecidos a los del mar, parecen asemejarse. Hay hombres cuyo pensamiento avanza en batalle rangée, cuya oratoria, cuya argumentación, cuya dialéctica aprieta, estalla. Pero también hay hombres que no son del género del famoso general de Luis XIV, Turenne, sino “condeanos”3: ¡dan saltos de victoria en medio de rayos de luz, de aventura! Captan una cosa y resuelven una situación. Hay formas de inteligencia, espíritus y  formas de belleza así. 

Por ejemplo, Notre Dame. ¡Es irreprensible, ordenada, perfecta, lindísima! Todo es lógico, pero de un lógico con poesía; no es la lógica del filosofastro, sin la lógica verdadera. Eso es lo que a veces la arquitectura presenta. 

A veces la arquitectura burbujea y presenta cosas medio inesperadas. Y es el propio movimiento del alma religiosa, en sus entusiasmos, en sus éxtasis, en sus impulsos, en su generosidad, en los lances à la Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, enormes, que dejan el alma desconcertada ante aquella grandeza. 

Y eso se expresa más en la arquitectura religiosa de la Iglesia griega, del tiempo en que estaba unida a la Iglesia Católica. De ahí viene el juego de las diferentes cúpulas que burbujean, como el mar se mueve, y que se notan en la Basílica de San Antonio en la ciudad de Padua. 

Yo quería, entonces, mostrar un poco la descripción de aquello que en Padua me agradó… 

Continúa en el próximo artículo. 

1) N. del T.: la reversibilidad es uno de los principios de la civilización católica enseñados por el Dr. Plinio, según el cual todas las formas de orden, de belleza y de virtud de un plano son susceptibles de ser revertidas en otro. (Cfr. Revista Dr. Plinio, No. 83, p. 29)

2) N. del T.: del portugués, significa elevación o vuelo de alma o del espíritu, encanto, éxtasis, arrobamiento, deleite, maravillamiento.

3) Luis II de Bourbon, 4º. Príncipe de Condé (*1621 - †1686). Sobre el estilo “condeano”, ver Revista Dr. Plinio, No. 213, p. 30. 


  (Revista Dr. Plinio, No. 224, noviembre de 2016, p. 33-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 25.11.1988).

Last Updated on Wednesday, 04 July 2018 21:46