La Revolución hippie

Respondiendo preguntas de jóvenes participantes de su Movimiento, el Dr. Plinio desenmascara una faceta revolucionaria que aún no había surgido cuando fue publicada su obra Revolución y Contra-Revolución: el hippismo1.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Varios grupos de jóvenes de nuestro Movimiento me pidieron que tratara respecto a los hippies.

Los hippies son individuos que se colocan al margen de la sociedad contemporánea, abandonan su casa, su clase social, dejan su profesión y viven en grupos de ambos sexos – estoy hablando del hippie total, claro, aunque hay formas de semihippies –, deambulan de un lado a otro y se sustentan a través de un pequeño artesanado manual y cosas de ese género.

Y para marcar bien su ruptura con la sociedad, incluso se presentan de una forma extravagante, completamente diferente de lo acostumbrado por las otras personas. No sólo de un modo diferente, sino que ellos usan un peinado y ropas exactamente iguales a las que se tacharían de ridículas hace años atrás. Es decir, ellos representan el auge del desafío a la sociedad actual.

Los hippies se diversifican en dos modalidades: pacíficos y agresivos.

Los pacíficos distribuyen flores, viven sonriendo, son amables con todo el mundo. Los agresivos tienen en Manson2 y sus secuaces de California su expresión más característica; es el crimen llevado a su paroxismo diabólico.

Ellos constituyen de hecho un todo, es decir, las actitudes pacíficas o las agresivas son sus métodos. Nunca oí hablar – puede ser que haya, pero desconozco – de una lucha de una facción de hippies contra otra.

Secta atea y anárquica

Vista así, en una primera consideración, la cuestión hippie delinea tras de sí una posición filosófica. En realidad, los hippies constituyen una secta.

Se considera una secta a un conjunto de personas que se apartan, en grados o formas diferentes, del modo de sentir común y se desvían de las grandes verdades objetivas admitidas por todo el mundo. Forman una especie de partido apolítico de carácter ideológico dentro de la sociedad, que tiene una directoria – que evidentemente no necesita estar registrada en una notaría –, o un liderazgo, el cual tiene como fin conquistar adeptos y modificar la opinión de los demás.

Los hippies corresponden enteramente a ese concepto.  Se percibe que ellos tienen una filosofía, una técnica muy vasta.

La filosofía de los hippies se podría llamar, por un lado, de enteramente atea, y por otro lado, completamente anarquista.

Ellos entienden que la sociedad contemporánea, con su superorganización, creó condiciones de existencia insoportables para el hombre, y que por esa razón necesitamos caminar hacia el extremo opuesto.

Así, deshecha esa superorganización, debe llegar el caos, el completo deshacimiento de la estructura social, para que así se constituyan bandos de personas que vagan por la nación, sin organización ni estructuras. Este es el objetivo que tienen en vista los hippies.

La moral católica volteada al revés

Desde el punto de vista humano, en lo que dice respecto al interior del hombre, ellos piensan la misma cosa. Así como las leyes y las estructuras oprimirían a la sociedad, ellos juzgan que la inteligencia y la voluntad ejercen en el hombre una opresión ad intra, de adentro hacia afuera.

En esas condiciones, defienden el completo espontaneísmo, según el cual el hombre debe vivir como le parezca agradable, sin hacer una crítica racional de aquello que está realizando o no, sin cohibirse en nada y dejándose bogar al sabor de sus impresiones y apetencias del momento.

O sea, es la Moral católica volteada al revés. Aquello que llamamos de doctrina, de ortodoxia, para ellos no vale nada. El hombre debe ser completamente libre; es la anarquía total.

Actitudes abobadas

Así, podemos analizar las maneras de los hippies: caras que revelan la idiotez de quien se deja llevar por la primera impresión, ojos muy abiertos, cabellera revuelta que nunca peinan. Andan sin rumbo definido; cuando tienen ganas de parar, se sientan a la vera de un andén y se quedan mirando los automóviles que pasan, después se acuestan y dan vueltas; si hay algún río cercano, se dirigen hacia allá, escupen el agua, juegan, hacen barquitos, etc.

No se bañan. Nunca oí decir a una persona: “Hoy encontré a un hippie limpísimo.” Porque la limpieza es la ascesis de la piel. Y el individuo completamente sensual tiene horror al jabón, porque execra cualquier coerción. Puede ser que un día le dé por nadar. Pero él entra en el agua con el fin de jugar y no para lavarse, lo cual es algo completamente diferente.

En ese horror hay algo de artificial. Ellos andan despreocupados, como si fuesen bobos. De hecho es una comedia. O por lo menos tiene mucho de comedia. Los hippies nunca, por ejemplo, por bobera, hacen alguna cosa contraria a su causa. Ellos tienen una política que siguen perfectamente.

Barbarie y hippismo

Paso ahora a hacer la crítica al hippismo.

El hippie es lo contrario de la cultura, la cual supone, justamente, un dominio del hombre sobre sí para alcanzar, incluso en términos laicos, un grado de perfección moral determinado. La cultura exige estudio, esfuerzo, raciocinio, discusión, método de pensamiento, y supone, por lo tanto, ascesis para encajar el pensamiento dentro de ese método. Sin eso no se concibe la Filosofía ni ninguna otra forma de ciencia.

Él también es lo opuesto de la civilización, que supone normas resultantes de los conocimientos científicos en todos los órdenes. Son conocimientos de la realidad objetiva que nos imponen modos de proceder, de gustar y de sentir.

La forma perfecta del hippie es el indio. En la pre-historia de Brasil hay un hecho que indica cómo eran nuestros indígenas.

Se cuenta – es un hecho histórico – que Anchieta u otro jesuita bautizó a una india, que vino a vivir después en la aldea de São Paulo. Durante varios años fue muy piadosa, confesándose y comulgando con frecuencia.

Cierto día, ella estaba con la cara muy triste; el Padre Anchieta se le acercó y le preguntó:

– ¿Entonces, por qué estás tan triste?

Ella dijo:

– ¡Tengo ganas de comerme el brazo de un niño tapuio3!

De cierta forma, esa indígena era una hippie.

Se podría objetar: “Pero los hippies, por ahora, no son todos así.”

Respondo: Es verdad, porque ellos todavía tienen cierta velocidad adquirida de la antigua civilización. Es más o menos como un tren que está corriendo. Si la locomotora para y suelta los vagones, estos andan todavía un poco hasta quedarse inmóviles; ellos tienen la velocidad que la locomotora les comunicó.

Algunos hippies todavía tienen algunos restos de civilización. Y también bellaquerías, porque perciben que, caso se muestren como son por entero, su causa perdería mucho. Aún así, el caso de Manson y otras cosas parecidas representan el ala más sincera del hippismo. Por lo tanto, se puede decir que este es la barbarie.

El hippismo: extremo opuesto del ideal católico

            Tomando en consideración la doctrina católica, ¿qué debemos pensar del hippie?

            Si alguien quisiera tener la idea de lo que es un santo, le podemos decir: es el extremo opuesto de todo eso. Es decir, el hippie quiere que el ideal natural y sobrenatural para el hombre, el ideal de la Iglesia, sea completamente negado. Se puede afirmar que el primer hippie fue Satanás, el cual no quiso obedecer, y por eso fue bellamente punido por San Miguel Arcángel y por los ángeles fieles.

            Conclusión: el hippismo es el anarquismo que comienza.

            ¿Qué relación existe entre el anarquismo y el comunismo?

          El anarquismo es la extrema punta del comunismo. Según Marx, debería haber un momento en que el Estado desaparecería, se volvería inútil y todo el mundo viviría dirigido apenas por cooperativas, en un régimen anárquico, en un orden de cosas humano donde la completa ausencia de autoridad no produciría el caos.

La sociedad contemporánea está siendo llevada hacia el hippismo, por medio de una especie de transbordo ideológico. Pero el joven de nuestro Movimiento, portándose de un modo opuesto al del hippie, crea un impacto y un problema: “¿Cuál es la solución verdadera?”

Él apunta un ideal definido de orden, que se está borrando de la cabeza de muchas personas, e impide que ese ideal se extinga. Así, el transbordo hacia el anarquismo, que quiere el hippismo, pasa a ser una especie de proceso laborioso con discusiones. Y la discusión no es posible, porque el hippismo no se sustenta racionalmente; en ese campo, es una batalla perdida para él.

1) La obra Revolución y Contra-Revolución fue publicada en 1959, mientras que el movimiento hippie surgió pari passu con la revolución de la Sorbonne, en mayo de 1968.

2) Charles Manson, el líder de un grupo asesino. Ver artículo en la Folha de São Paulo, del 14 de diciembre de 1969, “Adelante, bajo el soplo de la generosidad”.

3) N. del T.: perteneciente a los tapuios, tribu indígena de Brasil.

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(Revista Dr. Plinio, No. 149, agosto de 2010, p. 16-19, Editora Retornarei Ltda., São Paulo. Extraído de una conferencia del 17.8.1970)

Last Updated on Friday, 06 April 2018 22:16