¿Cuál es la salida para la crisis?

Nadie niega que nuestro país – así como el mundo entero – se debate en medio de una gravísima crisis. ¿Cuál es la salida? En julio de 1935, al comentar la concentración de 15 mil congregados marianos realizada en São Paulo, el Dr. Plinio ya indicaba la única solución.

 

¡Conocer y propagar la verdad!

 

Plinio Corrêa de Oliveira

La juventud católica de São Paulo asumió ante Brasil, el 16 de julio, una responsabilidad que ya no podrá declinar, bajo pena de felonía y traición.

En un momento de dudas y de aprehensiones, no vale la pena cerrar los ojos a la verdad: nuestro país se está desmoronando. Todo, desde los fundamentos hasta la cima, está siendo agitado por movimientos telúricos que, tarde o temprano, podrán postrar por tierra todo el edificio. […]

En este ambiente de angustia y de terror, cuando todo el Brasil sensato – pues todavía existe un Brasil sensato, que sufre callado mientras los políticos vociferan y los economistas discuten – busca alguna cosa que le sirva de tabla de salvación, surge una espléndida manifestación, como la del 16 de julio, que autoriza inesperadamente las más osadas esperanzas, en medio de tantas decepciones.

Hasta este momento, las esperanzas nacionales se han dirigido, alternativamente, hacia los hombres o hacia las leyes.

Era una creencia general que la salvación pública sólo podría provenir de un gran hombre o de un régimen saludable.

Y he aquí que surge la juventud mariana, para afirmar que no es sólo en el prestigio de un único hombre, ni en la mera eficiencia de régimen alguno que se puede encontrar el buen camino. Que, más que de un gran hombre o de un buen régimen, el Brasil necesita de una doctrina, y que esta doctrina no se puede encontrar sino en la Verdad por excelencia, que es el Catolicismo.

Brasil no puede salvarse apenas por un gran hombre, porque es menester que, en la obra de la salvación, colaboren todos los brasileros. Efectivamente, es indispensable que la salvación de Brasil comience por la salvación de cada brasilero, y que, del esfuerzo de todos nosotros, en el sentido de hacernos más grandes y mejores, nazca efectivamente un Brasil más grande y mejor.

Brasil no puede salvarse apenas por un régimen, pues así como un pastel no puede ser colocado dentro de un bello molde para que quede sabroso, sino que es necesario que su masa sea buena, así también a una nación no le basta una disposición ingeniosa de las diferentes partes del organismo social, sino que importa principalmente que esas partes estén sanas.

Justamente por eso, el primer artículo del programa que proclamamos en el patio del Liceo del Corazón de Jesús, se refiere a nuestra propia santificación. La legión mariana no se levanta apenas con palabras y programas para salvar al Brasil. Ella se levanta con una obra ya realizada, la de nuestra moralización individual, que hace de cada uno de nosotros un elemento perfectamente sano en la vida social. […]

*   *   *

            Sin embargo, no es en vano que la Providencia confía a una falange de jóvenes una misión tan sublime. Conocer la verdad y propagarla es una tarea que exige una vida de sacrificio y de abnegación.

            ¡Conocer la verdad y propagarla! ¡No hay nada más venturoso y más noble, en un mundo en el que tantos ignoran la verdad y gimen en el error! ¡En un mundo en el que tantos combaten la verdad y vibran de odio!

            Un escritor francés, Claudel, si no nos engañamos, cuenta que un ciego, apostado en la esquina de una calle muy concurrida, preguntaba a todos los transeúntes: “¿Oh, vosotros, legión de jóvenes ardorosos y fuertes, oh, vosotros que conocéis la verdad que tantos buscan sin lograr encontrarla, qué hicisteis de ella?”

            Y la respuesta que nos dictare nuestra conciencia será la sentencia que sobre nuestra acción habrá proferido la historia.

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(Revista Dr. Plinio, No. 28, julio de 2000, p. 29-30, Editora Retornarei Ltda., São Paulo. Transcrito de “O Legionário”, No. 176, del 21.7.35).

 

 

Last Updated on Sunday, 04 February 2018 16:31