Un tsunami y Jesús Sacramentado

Tsunami de Tumaco y Jesús Sacramentado  

Muy probablemente debido a movimientos por causa de la llamada Falla de San Andrés, el tsunami de ese año tal vez habría devorado a Tumaco entero.    

   El terremoto de 1906 sobre la costa pacífica de América, el gigantesco tsunami que a intervalos destruyó gran parte de la ciudad de san Francisco en California y se extendió hasta Viña del Mar en Chile, pasando por puerto Esmeraldas en Ecuador, no  desapareció a Tumaco, viejo puerto colombiano, porque el Santísimo Sacramento protegió la amedrentada población reunida en el templo parroquial que miraba al mar.  

   Ese 31 de enero  en horas de la mañana, las aguas del océano comenzaron a retirase apresuradamente en medio de sucesivos movimientos de tierra y sacudidas intermitentes que hicieron correr a todo mundo hasta la pequeña iglesia. Sin embargo, lo peor todavía estaba por suceder. Espantados los habitantes comenzaron a distinguir en el lejano horizonte que el mar regresaba velozmente convertido en una muralla de agua con más de cinco metros de altura, pesada masa gris que se llevaría por delante la ranchería y su gente piadosamente agrupada junto a sus dos sacerdotes agustinos recoletos misioneros que trataban de calmarla y darles esperanza en medio de la gritería y el llanto.  

   Ante lo horripilantemente inevitable Fray Gerardo Larrondo de San José corre a toda prisa hasta el altar de la iglesia, abre el sagrario, saca el copón donde estaban las hostias consagradas, las consume para protegerlas de la devastación, dejando apenas una forma consagrada adentro del vaso sagrado con el cual corre playa afuera lo más adentro posible, seguido por miles y llevándolo en alto. Ante la mirada expectante de cientos de personas y de Fray Julián Moreno de San Nicolás de Tolentino, su cura auxiliar, hace con el copón una gran señal de la cruz en dirección al mar: ¡Milagro! La muralla de agua comienza a derrumbarse disminuyendo de tamaño hasta llegar con fuerza a la cintura del  piadoso fraile que apenas se sacude un poco. De cinco metros de altura bajó a menos de un metro. Los habitantes de Tumaco entendieron inmediatamente el suceso, la intervención divina operada por la presencia de Nuestro Señor Jesucristo sacramentado. Es de deducir que incluso el importante puerto de Buenaventura  -kilómetros más arriba de Tumaco, salió también beneficiado con este inmenso favor de la Providencia.  

   Un acto de fe colectivo y la intrépida fidelidad a su vocación de un misionero español, salvaron esta población fundada hace más de tres siglos y medio a orillas del temible océano pacífico, cuya majestad de un azul grisáceo enigmático y los lentos pero pesados movimientos de sus salobres aguas no dejan de infundir temor y desconfianza. Todavía hoy los habitantes hablan del milagro cuyo relato pasó por tradición oral de una generación a otra y figura en muchos testimonios escritos de la Orden de los Agustinos Recoletos.

   ¿Qué le mereció semejante intervención sobrenatural a este puerto colombiano del Pacífico en cuyas aguas se encontró una de las perlas más grandes del mundo? Tumaco fue fundada por misioneros jesuitas que arribaron al lugar hacia 1640 acompañados de una expedición militar. Según algunas crónicas los indígenas se convirtieron rápidamente al Cristianismo haciéndose bautizar sin reparos. Se trataba de una especie de federación de cacicazgos muy primitiva pero dócil. La Fe bien pronto transformó a aquellas gentes volviéndolas laboriosas y tranquilas. Una prueba más de aquel misterioso poder que la Iglesia recibió para civilizar y convertir las almas salvajes en hijas de Dios, capaces de practicar una fe que mueve…olas gigantescas.  

   Quizá la Providencia le tenga reservada a Tumaco y a sus gentes futuros acontecimientos para mayor gloria de Dios, si conseguimos que allí se mantenga viva la misma fe que un día la salvó de ser totalmente destruida por el mar, es lo que piensa, siente, intuye y desea vivamente al actual Obispo del puerto Mons. Gustavo Girón que ha venido solicitando insistentemente más atención  gubernamental para el viejo puerto empobrecido al que un día el Santísimo Sacramento salvó de la furia de un océano descomunal que se lo quería tragar.

Last Updated on Friday, 25 November 2016 15:32