Beato Juan Pablo II

   La impresionante concurrencia a la Plaza de San Pedro por ocasión de la beatificación del Papa Juan Pablo II y la atención e interés con que fue seguida la solemne proclamación por los medios que la trasmitieron, alegra el corazón de cualquier católico de buena fe que ve en esta multitudinaria congregación de fieles, la fuerza y el vigor de nuestra Santa Iglesia.  

   Registramos entonces complacidos el magnífico acontecimiento no solamente por lo que se refiere a la persona del nuevo beato -tan sufrida y llena de aprehensiones los últimos años de su vida- sino por esa manifestación del Divino Espíritu Santo atrayendo con entusiasmo y esperanza al Vaticano decenas de miles de hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos, de todas las razas y naciones, como de diferentes clases sociales, para un hecho que significativamente se une a la Divina Misericordia, precisamente en este momento tan especial por el que está pasando toda la humanidad; tiempos de grandes zozobras por fuerza de tantas catástrofes naturales e incertidumbres políticas y económicas como no imaginaron los artífices de los actuales modelos del desarrollo social humano.    

   No podemos dejar de recordar cómo aquel pontificado estuvo unido a la devoción mariana especialmente bajo la espiritualidad de San Luis María Grignión de Montfort y la advocación de Nuestra Señora de Fátima. Son en realidad dos notas distintivas de este caminar pastoral por el que nos condujo el hoy Beato de la Iglesia.   

   De estas dos semblanzas marianas, brota la esperanza de muchos católicos contemporáneos que esperan ver cuanto antes el triunfo del Inmaculado Corazón de María, como Ella misma los prometió en Portugal a los tres pastorcitos y al mundo entero aquel año de 1917.

Last Updated on Sunday, 13 September 2015 22:23