San Alfonso María de Ligorio, ejemplo de fidelidad perfecta

Fundador, Doctor de la Iglesia y gran escritor, San Alfonso alcanzó los pináculos de la sublimidad en la inacción, en la oración y en el dolor. No solamente en el dolor físico, sino sufriendo por las aflicciones, tristezas y desmoronamientos que se operaban en la Iglesia Católica. Él medía bien el inconveniente terrible de los enemigos internos de la Iglesia, y no dudaba en llamarlos de Judas. ¡San Alfonso es un ejemplo de fidelidad perfecta y sin mancha, sin desmayo, ni objeciones, abnegada, humilde y sin pretensión!

  

 

Plinio Corrêa de Oliveira

El primer día de agosto la Iglesia conmemora la fiesta de San Alfonso María de Ligorio, Obispo y Doctor de la Iglesia. Consideremos algunos datos con respecto a su vida1.

Una preciosa existencia coronada por una muerte prolongada sobre la cruz

De familia noble, fue gran devoto de la Bienaventurada Virgen María. Doctor por excelencia de la Moral católica, que había sido falsificada por el jansenismo. Fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, se vio excluido de ella por la Santa Sede mal informada.

Los últimos años de su vida San Alfonso María los pasó en casa de los redentoristas de Nocera. Desde entonces, su vida fue apenas una muerte prolongada sobre la cruz. Estaba anciano, enfermo, sufriendo tentaciones violentas. Su gran devoción era al Santísimo Sacramento y también a la Virgen Madre de Dios. Hasta entonces había predicado todos los sábados al pueblo las virtudes de María, pero fue prohibido de continuar por su médico y confesor.

Lo que más lo preocupaba era la gloria de Dios y los males de la Iglesia. Muchas veces se ofrecía en sacrificio por una u otra intención. Habiendo sabido que los jesuitas se habían establecido en Rusia y Prusia, no dejaba de dar gracias a Dios. “Se afirma que ellos [los jesuitas] son cismáticos, decía, pero no es justo. Sé que el Papa los reconoce como miembros de la Iglesia y los protege. Roguemos a Dios por estos santos religiosos, porque su instituto es una obra favorable al bien de las almas y de la Iglesia. ¿Cismáticos, cismáticos, qué es eso? El Papa Ganganelli fue instrumento de Dios para humillarlos, y Pío VI es también instrumento para exaltarlos. Roguemos a Dios y él no los dejará de bendecir.”

Quedaba profundamente emocionado cuando sabía que algunos espíritus se mostraban incrédulos o dispuestos a volverse tales. Su pesar era aún mayor al saber del triunfo de los jansenistas. “Pobre sangre de Cristo, pisada y despreciada – repetía él – y, lo peor, despreciada por personas que se dicen llamadas a restaurar la pureza de la doctrina y el fervor de los primeros fieles. Por un beso, Judas entregó a Jesucristo, y también por un beso ellos traicionan a Jesús y a las almas. Es un veneno oculto, dan la muerte antes de que se dé cuenta.”

Introducido en la gloria celestial con una vida cargada de méritos

¡Cuántas enseñanzas en esa ficha! En primer lugar, el estado sacrificial de San Alfonso de Ligorio. Un fin de vida que era aflicción y miseria, él no podía hacer otra cosa a no ser sufrir, y esta fue probablemente la parte más preciosa de su existencia. Él, que había sido fundador, doctor, gran escritor, sublimaba su vida muriendo clavado en la cruz para enseñarnos que la oración y el sufrimiento valen incomparablemente más que todas las obras, y cuando un hombre vive para rezar y sufrir, él tiene una vida fecundísima enteramente justificada; mientras que alguien que, aunque haga toda clase de obras, pero no reza y no sufre, es un hombre inútil y, como tal, es nocivo. Esta es la enseñanza que de ahí se desprende.

Claro que Nuestra Señora quiso que ese gran santo continuase vivo para que su alma llegase a los pináculos de la sublimidad, y que esos pináculos fuesen alcanzados en la inacción, en la oración y en el dolor. No solamente dolor físico, sino el que tanto debemos pedir: el dolor por las aflicciones, tristezas, por los desmoronamientos que se operan en la Iglesia Católica.

En aquel tiempo, la Santa Iglesia estaba siendo preparada para una convulsión, la Revolución Francesa, y era necesario que el Cuerpo Místico de Cristo evitase esa catástrofe o que por lo menos se preparase convenientemente para ella. Y San Alfonso de Ligorio, desde su lecho de dolor, comentando cada apostasía, sondeando y lamentando las devastaciones perpetradas por los jansenistas, más preocupado con las llagas de la Iglesia que con sus propias heridas, consideraba esa real y trágica situación.

Cuando su alma llega a la crucifixión entera, se da con él lo que ocurrió con Nuestro Señor Jesucristo: el momento del consummatum est. San Alfonso entonces fue llamado y entró a la gloria celestial con la vida cargada de méritos. ¡Esto es vivir, esto es morir!

¿Cuántos Judas tenemos en torno de nosotros?

Él medía muy bien el inconveniente terrible de los enemigos internos de la Iglesia, y no dudaba en llamarlos de Judas, considerando que ellos combaten la Iglesia por dentro, traicionándola como Judas traicionó al Divino Maestro; y San Alfonso gemía por causa de esa traición.

¿Cuántos Judas tenemos en torno de nosotros? En otros tiempos, se podría afirmar que los dedos de la mano bastaban para contar los Judas que eran conocidos. Empero, en nuestros días debo decir otra cosa: los dedos de la mano, en determinados sectores, tal vez fuesen demasiados para contar a quien no es Judas. Esta es la realidad, al menos por omisión, superficialidad de espíritu, falta de generosidad, de dedicación.

En esta situación, ¡cómo debemos tener un dolor más grande por el mal que padece la Iglesia Católica del que tuvo San Alfonso María de Ligorio! Si él, con mucho menos, sufrió tanto, ¿qué derecho tengo yo de, por ejemplo, considerar como el gran acontecimiento del día tal cosita que pasó conmigo, y hervir, arder, aborrecerme?  ¿Qué es eso en comparación con el sufrimiento de la Iglesia? No es nada. Si yo elevase mi alma hasta la consideración de los dolores de la Iglesia Católica, yo pasaría sobre todo eso desapegado, desprendido, aceptando todo lo que hiciesen contra mí, aunque los otros no tuviesen razón.

Pero la debilidad de la naturaleza humana es tal, que muchas veces eso no es así, y debemos preparar nuestras almas para que sean cada vez más de ese modo, dispuestos a toda humillación, a toda incomprensión, a aceptar lo incomprensible si fuere necesario, para en un acto de suprema lucidez conformarnos con todo y cumplir nuestro deber de todos los modos. Esto es lo que Nuestra Señora nos pide.

¡Aunque seamos débiles, seamos fieles!

Por otro lado, vemos cómo San Alfonso María de Ligorio se condolía con la sangre que Nuestro Señor Jesucristo derramó inútilmente. Hay una frase en el Antiguo Testamento que se refiere proféticamente al Divino Redentor: Quæ utilitas in sanguine meo? – ¿Cuál es la utilidad de mi sangre? (Sl 29, 10). Como si Él dijese: “Yo derramé toda mi sangre, y hasta lo que restaba de agua y sangre en mi Corazón, pero, al fin de cuentas, ¿por la utilidad de quién? ¿A quién aprovecha, quién desea esto?” Entonces San Alfonso tiene esta expresión: “¡Pobre sangre de Cristo!” Cuando presenciamos las abominaciones que se ven hoy, estamos también llamados a decir: “Pobre sangre de Cristo…”

Para nosotros solo hay una consolación: la de tener, por lo menos, la posibilidad de utilizar la sangre de Cristo y las lágrimas de María en nuestro favor, pidiendo que Ellos tengan pena de nosotros y hagan con que nuestra generosidad sea una reparación por tantos ultrajes. De manera que desde lo alto del Calvario Jesús y María nos sonrían y encuentren alguna alegría en nuestra fidelidad. Y, aunque débiles, ¡seamos fieles, de una fidelidad perfecta y sin mancha, sin desmayo, ni objeciones, ni condiciones, abnegada, humilde, sin pretensión! He aquí lo que debemos ser, más que nunca, en esta hora. Es ese espíritu de fidelidad que nosotros debemos pedir a San Alfonso María de Ligorio.

1) No disponemos de los datos bibliográficos de la obra citada.


(Revista Dr. Plinio, No. 269, agosto de 2020, pp. 28-31, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 2/8/1967  Título del artículo en la Revista: Fidelidad perfecta, humilde y sin pretensión).

Last Updated on Monday, 10 August 2020 19:36