El cerco del Santuario de Czestochowa - III

Mientras infundía terror en los adversarios, la Santísima Virgen no se mostraba a los defensores del Santuario, dejándolos en un aparente abandono, pues quería de ellos un supremo acto de confianza.

 

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Después de peripecias, riesgos internos y externos de todo orden y tamaño, la guarnición heroica del Santuario de Czestochowa consiguió resistir hasta un momento determinado en que los suecos, desanimados, se retiraron.

Por la calma, impavidez y confianza desconcertaremos a los adversarios

De acuerdo a la costumbre, los defensores continuaron las conmemoraciones de Navidad con cantos y ceremonias. Las tropas suecas pensaron, no obstante, que se trataba de la conmemoración de alguna victoria, y comenzaron a abandonar sus posiciones, desconcertados.

Mientras los suecos mantenían el cerco, los sitiados hicieron una fiesta de Navidad dentro del monasterio. Con eso, los enemigos quedaron desconcertados – evidentemente por un milagro, pues eran muy buenos guerreros y no se iban a dejar ilusionar tan fácilmente – y comenzaron a abandonar sus posiciones.

Los oficiales, al darse cuenta de lo que realmente pasaba, concluyeron, a su vez, que los sitiados debían estar muy bien abastecidos de provisiones y municiones para permitirse tales fiestas. En realidad, las provisiones ya estaban en su fin. Treinta y ocho días de sitio habían transcurrido.

Es muy bonito y significativo, para que veamos el valor de la piedad y de la confianza en la Providencia. Los defensores de Jasna Gora estaban perdidos, no tenían más municiones. La lucha estaba casi desesperada, pero ellos confiaban. A la hora de hacer la fiesta – que es la fiesta de la confianza – los suecos perdieron la confianza.

Viendo eso, los suecos concluyeron: “No, todo está perdido. ¡Estamos en nuestro impulso supremo, y ahora esa gente comienza a cantar y a festejar la Navidad! Ellos tienen municiones en cantidad. ¡Vámonos!”

Si hubiese sido calculado por los católicos, sería verdaderamente un recurso de guerra psicológica. Los guerreros más terribles de Europa en aquel tiempo fueron desbaratados.

Evidentemente, son cosas dispuestas por la Providencia. Vendrán días en nuestras vidas en que vamos a desconcertar a los adversarios por nuestra calma, impavidez y confianza. Ellos van a pensar que nosotros tenemos recursos mucho mayores de los que realmente disponemos y se irán.

¡Oh intransigencia sagrada!

En la oscuridad de la noche, los cañones pesados fueron retirados de sus posiciones. De madrugada, los comandantes de tan numeroso ejército se retiraron, cada uno por su lado.

Miller se dirigió a Piotrkoy; el Conde de Wrzeszczewicz partió para Wielun; el General Sadowski, para Sieradz; el Príncipe sajón para Cracovia.

¿Cómo puede haber sucedido que apenas setenta religiosos, absolutamente no combatientes, sintiesen tanta fuerza en sí que, con cinco nobles y sus pocos criados, más ciento sesenta soldados de infantería, en su mayor parte simples campesinos, osasen oponer resistencia a un ejército tan numeroso, si el propio Dios, tutelando ese lugar consagrado a la gloria de su Madre, no hubiese inspirado esa determinación a los religiosos?

Por cuanto, aunque algunas veces perdiesen la esperanza, siempre que después de la recitación de las oraciones se reunieron en el refectorio y cada cual era consultado, todos votaban unánimemente que preferían antes caer, sufriendo la más terrible de las muertes, que permitir que el infame yugo sueco maculase con sus pies el lugar consagrado a la Virgen Purísima.

¿Podemos imaginar, qué serían esas noches propiamente épicas? El día terminó, van a la iglesia a rezar y después al refectorio a comer unos restos de pan, en fin, lo que allá hubiese, con un agua cualquiera. En ese momento son comunicadas las noticias del día. Es el momento en que los débiles se sienten desanimados. Tal persona quedó herida, tal peligro creció, tal otra cosa se agravó, noticias de catástrofe inminente.

El Padre Kordecki, presidiendo, pregunta:

– Entonces, ¿qué hacemos?

Todos, unánimes, responden:

– ¡Preferimos morir, a que pies protestantes pisen el santuario de Nuestra Señora!

Es el falso ecumenismo liquidado, rechazado. ¡Oh intransigencia sagrada, oh ejemplo para nosotros!

Y cuando algunos entre los nobles nos preguntábamos si esperábamos los refuerzos turcos, irónicamente respondíamos que no confiábamos en el auxilio de los hombres, sino en el poder y en la protección de Dios sobre este santo lugar, y estábamos preparados para derramar la sangre por la honra de Dios, para guardar sin mancha la fidelidad a Dios, a la patria y al rey.

Dios mismo de tal modo dispuso cosas para que, entre los montes célebres por los milagros, también se contase ese Monte Claro de Polonia, defendido por merced especial de Dios obtenida por la Santísima Virgen para que ningún hombre pudiese presumir de haberlo salvado o al menos repetir frases orgullosas o jactanciosas: “¡Fueron nuestras manos las que realizaron eso!”

La Virgen María va a la tienda del enemigo y le infunde terror

Ahora viene lo más bello.

Según el testimonio de los suecos, es manifiesto que Jasna Gora fue defendida milagrosamente y con suceso, pues el señor de Grodzicki, comandante de artillería del Rey de Suecia, y otros, revelaron que Miller relataba en el campamento que el único motivo que lo había llevado a levantar el sitio de Jasna Gora fueron las palabras y el rostro amenazador de una noble Señora que apareció delante de él, dejándolo perturbado.

¡Qué bonito! Nuestra Señora no se apareció a los defensores, ni les contó que Ella estaba intimidando a los suecos. La Santísima Virgen dejó a los sitiados en la oscuridad completa, pues quería recibir ese homenaje de confianza. Mientras tanto, Ella desbarataba a los suecos.

Cuántas veces en nuestra vida parecemos completamente bloqueados, perdidos, y Nuestra Señora no nos dice que nos va a ayudar. Pero Ella está derrotando al enemigo, y pasamos inmunes. María Santísima ama que tengamos confianza contra toda inverosimilitud: “Eso se ha de solucionar porque está en el camino de Nuestra Señora, es arquitectónico, razonable, y porque Ella dejó, en medio de la aridez, sobrevivir en mi espíritu la noción de algunos indicios contundentes. Por esa causa, continuaré y perseveraré, dé en lo que dé. La noche parece oscura, el adversario más poderoso, y los reveses más evidentes y estrepitosos que nunca. Pues bien, ¡es necesario seguir confiando!”

Santa Teresita del Niño Jesús tenía un pensamiento muy bonito a propósito del episodio en que los Apóstoles despertaron a Nuestro Señor en el Lago de Genesaret, mientras Él dormía en la barca. Ellos gritaron: “¡Señor, sálvanos porque perecemos!” Comenta Santa Teresita que hicieron bien, pero habría sido más bonito si ellos no lo hubiesen despertado. Y añadió: “A Nuestro Señor le gusta dormir en el fondo de las almas que parecen hundirse.”

Es decir, a Él le gusta dar la impresión de que está ajeno al peligro. Pero, durante el sueño Él hace tanto o más que si estuviese despierto. De manera que los Apóstoles habrían actuado mejor dejándolo dormir, porque los vientos y las tempestades se habrían aplacado de la misma forma. La barca donde está el Hijo de Dios no se puede hundir.

A veces esa barca es nuestra alma. Nosotros estamos en un desconcierto único, no sabemos cómo se van a arreglar las cosas, enfrentamos al adversario como nos es dado en el momento, y Dios parece dormir en el fondo de nuestra alma. Según Santa Teresita del Niño Jesús, no nos preocupemos. Nuestro Señor duerme, pero su Corazón vigila y Él nos socorrerá. En el momento adecuado eso acontece.

En el cerco de Jasna Gora, Nuestra Señora parecía dormir, pero vigilaba. No estaba entre los suyos, sino en medio de los enemigos. Ella iba a la tienda de Miller a meterle miedo, y el poderoso general huyó. Eso me parece supremamente arquitectónico y característico de nuestra vía. Por lo tanto, debería ser marcado en letras de oro y de fuego en nuestras almas.

Algo celestial y divino brillaba en su rostro

A partir de ahí se difundió entre los suecos la noticia de que Miller había levantado el sitio por haber sido engañado por una doncella al servicio de los monjes. Lo que corría entre el pueblo, sin embargo, era que el general había sido advertido severamente por una señora que se le había aparecido, para que levantase el cerco bajo pena de hacer desaparecer completamente su ejército.

Con tal descripción concordaron las cartas de las monjas dominicas de Piotrkow a las hermanas que estaban en Jasna Gora, las cuales contienen, entre otras, la siguiente referencia:

Piotrkow era la ciudad donde se encontraban los suecos. Por lo tanto, esas hermanas estaban en contacto con ellos y le escribieron a las de Jasna Gora, diciendo lo siguiente:

“Miller observó con gran atención aquí en nuestra iglesia el cuadro de Nuestra Señora de Czestochowa, y como el intérprete le había pedido que le fuese obsequiada una copia de esa imagen, nosotras se la dimos, y el propio Miller la cogió de las manos del intérprete.”

¡Que un protestante cogiese una imagen de Nuestra Señora, en aquel tiempo era algo nunca visto!

“A partir de ahí se nos hizo claro que el general quería verificar si la visión que había tenido en la noche era parecida con la del cuadro.” Las propias religiosas de Piotrkow relataron posteriormente al padre provincial, bajo cuya jurisdicción está también el convento de Czestochowa, que Miller, habiendo tomado el cuadro de las manos del intérprete, dijo lo siguiente: “No se parece en absoluto a aquella virgen que se me apareció, pues no es posible ver a alguien comparable en la Tierra. Algo celestial y divino, con lo cual me asusté inmediatamente, brillaba en su rostro.”

Aparición de San Pablo el Ermitaño

Continúa la carta:

“Afirmaban los propios suecos que algunos de ellos vieron a una señora sobre los muros, apuntando los cañones y dando con sus propias manos las armas necesarias a los defensores.”

¡Vean qué belleza! La lucha estaba dura, algunos no tenían fuerza para arrastrar el cañón, otros ya no tenían coraje para dar más tiros, pero al fin de cuentas conseguían. Ellos no sabían de dónde les había venido la fuerza para eso. Empero, era Nuestra Señora, a quien ellos no veían, que los ayudaba. Sin embargo, el enemigo la veía.

Entonces los adversarios estaban en las trincheras; y a los que escavaban la roca, que era en la base de la montaña donde estaba el convento, en dirección a los muros, apareció un venerable anciano que los aconsejó que dejasen el trabajo inútil, pues ni siquiera en siete años lo conseguirían realizar. Amedrentados, pues, con esas apariciones, desistieron de continuar el cerco.

Y eso fue oído de los suecos por el señor Aleksy Sztrzalkowski, quien lo relató a los monjes, bajo palabra de honra.

La Sra. Jaroszewska contó igualmente que había visto la figura del venerable anciano, que la animaba con la esperanza de que Dios en breve manifestaría su misericordia y el enemigo levantaría el cerco de Jasna Gora. En esa visión, un fraile con hábito blanco celebraba la Misa junto a un altar situado en un rincón a la derecha del lado oriental de la iglesia. No podemos considerar al anciano como otro a no ser San Pablo, primer ermitaño y nuestro patriarca, en cuya honra está consagrado ese altar.

Los señores de la nobleza polaca dieron testimonio de que habían oído a los suecos contando cómo estos habían visto a un anciano al lado de una señora, que aparecía sobre los muros y rechazaba los proyectiles suecos.

Nuestra Señora de Czestochowa, Reina y Madre de Polonia

Estamos viendo, por lo tanto, los secretos de la victoria de Jasna Gora, después de la cual el Rey Juan Casimiro, que antes estaba con su causa perdida, hizo un acto de consagración a Nuestra Señora, comenzó la reconquista y su situación mudó.

Reunidas las fuerzas fieles y para que la contraofensiva alcanzase el mayor éxito, el Rey en compañía de la nobleza y del pueblo, con la aprobación del Senado, proclamó solemnemente a Nuestra Señora de Czestochowa como Reina y Madre de Polonia.

Inmediatamente después de esa consagración, los suecos comenzaron a perder su ímpetu y, derrotados en una batalla tras otra, tuvieron que retroceder hacia Prusia, perdiendo la mayor parte de sus contingentes.

Pocos días después de la llegada del Rey a Jasna Gora, donde se encontraba el Santuario de Czestochowa apareció, en el lado sur, un triple sol, y al mismo tiempo se vio una dupla corona solar, una de las cuales se desplazó por el aire y envolvió la colina con el claustro. La otra, mucho más vuelta con su parte superior hacia el sur, tocaba el propio disco solar.

Por lo tanto, un milagro manifiesto. El sol se desdobla y aparecen dos coronas solares: una de ellas tocando el sol con su parte superior y la otra se fue a posar sobre el Santuario de Jasna Gora.

Era bello contemplar ese fenómeno celeste, pues lo considerábamos como símbolo de la victoria y de una manifestación visible del aplacamiento de la ira divina. Así como las trágicas señales de hace tres años en el sol poniente prenunciaban la crueldad de la guerra y el inmenso derramamiento de sangre, así el brillo claro del Astro Rey que vuelve y las coronas poco comunes, a todos nos parecían anunciar la palabra de la victoria de la paz.

Nuestra gran arma es la confianza ciega en la Madre de Dios

Yo comprendo que alguien quede perplejo y haga el siguiente raciocinio: “El Dr. Plinio habla a borbotones y con esa facilidad con respecto a la confianza. ¿Él mismo habrá pasado por esos apuros, para hablar así con esa facilidad? ¿Ya sintió la inseguridad que siente mi generación? El Dr. Plinio pertenece a una generación que es un monolito, un peñasco, no se desmorona con nada. Para él, confiar es fácil. A mí me gustaría saber si él, siendo de mi generación, confiaría también. En él no existe una confianza sobrenatural, sino un temperamento feliz, bien construido, optimista. Él se reconoce dotado de algunos recursos y sabe que, en la hora H, saca de dentro de sus reservas una respuesta, una defensa o una estratagema y, al final, todo sale bien.”

En verdad, las nuevas generaciones se defienden de la inseguridad por un proceso equivocado: la imprevisión. Es muy propio de ellas no ver mucho hacia los peligros del día de mañana, porque si fuesen a prever sienten tal inseguridad, que prefieren adoptar la política del avestruz.

Por el contrario, delante del peligro mi generación prevé largamente, estando siempre de atalaya para el menor riesgo espiritual o táctico de apostolado, a fin de percibir y tomar las providencias. De tal manera que, cuando el peligro se vuelve más inmediato, ya se tiene una serie de planes de acción puestos para el caso de que él se haga efectivo.

Eso hace con que la persona no tome sustos, es verdad. Pero también es verdad que el número de peligros que se ven es mucho mayor, la cantidad de riesgos contra los cuales tenemos que ejercer la prudencia es terrible. En la lucha en la cual nos encontramos, desde la mañana hasta la noche, casi no hacemos otra cosa sino prever.

Resultado: a medida que vamos previendo, notamos cómo el hombre es pequeño y cómo todas las previsiones, aunque sean necesarias, sirven más para descubrir el riesgo que para remediarlo.

Debemos prever el peligro, pero quedamos en medio de hipótesis tan numerosas, de posibilidades de derrota tan aplastantes, que llegamos forzosamente a esta conclusión: “Dios desea de mí eso, y quiere realizar esta obra por medio de su Madre Santísima. Pero esa victoria, si es alcanzada, es de Ella, no nuestra. Porque no hay ningún hombre capaz de tocar la Contra-Revolución adelante, en las dificultades en las cuales nos encontramos. Es la interferencia de Nuestra Señora que salva la situación, reconduce el barco, haciéndolo flotar de nuevo.”

Se comprende, así, cómo en la posición de una persona de mi generación es necesario tener confianza. A veces, cuando los infortunios suceden uno tras otro y da la impresión de que nada más va para adelante, cómo es necesario, de hecho, confiar en lo sobrenatural, dentro de la aridez, sin ningún deseo de confiar, sin sentir para nada que Nuestra Señora nos va a ayudar, ¡teniendo incluso la impresión de que Ella nos abandonó! Esos son los momentos de mayor unión con Ella, son las horas de la confianza, en que se dice: “Madre mía, tengo la impresión de que todo está perdido. Pero me vuelvo hacia Vos y os pido que me auxiliéis. Yo no puedo hacer nada más.”

En nuestras vidas nos encontraremos innumerables veces en situaciones así. Debemos, pues, preparar nuestras almas para la idea de resistir, y nuestra gran arma, nuestro gran medio de éxito es la confianza ciega. Es en esa virtud que debemos ampararnos.

Vimos cómo en ese convento, donde había “quinta columnas” y toda clase de dificultades, un puñado de héroes resolvió resistir hasta el fin. Esos héroes podrían haber sido despedazados, pero no sabían que en lo alto de las murallas donde luchaban, Nuestra Señora combatía por ellos. Y hasta en la propia tienda del adversario, Ella entraba para infundir terror.

Cómo lamento no ser pintor, para pintar el cerco de Jasna Gora; a los héroes luchando y a la Virgen María, como una figura diáfana, cristalina, toda plateada, ¡armando los cañones y haciendo disparar los tiros! ¡Qué desintegración para la “herejía blanca”, qué liquidación para los sentimentales, qué lección para que confiemos contra toda esperanza! María Santísima, invisible a los ojos de los combatientes y disparando cañones en los altos de la muralla, bien merecería ser llamada Nuestra Señora de la Confianza.

Pidamos a María Santísima que nos de esa confianza en Ella, y así venceremos obstáculos que nunca imaginaríamos vencer. Fue para eso que conduje esta tan larga y bonita historia de Nuestra Señora de Czestochowa.


(Revista Dr. Plinio, No. 264, marzo de 2020, pp. 8-13, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 5/9/1972).

Last Updated on Friday, 10 April 2020 00:52