San Patricio, evangelizador de Irlanda

Irlanda, bella “esmeralda incrustada en el mar”, por el apostolado de San Patricio se convirtió en la “Isla de los Santos”. Amenazando jefes piratas y expulsando demonios con fe y valentía, San Patricio fue un eximio discípulo del Señor en esas tierras de misión.

  

Plinio Corrêa de Oliveira

El diecisiete de marzo se conmemora la fiesta de San Patricio.

En el libro de Hello1, “La fisionomía de los santos”, hay algunos datos biográficos magníficos con respecto a su figura.

“San Patricio es, sin duda alguna, uno de los santos de vida más extraordinaria que se conoce. A los doce años fue raptado por piratas y llevado a Irlanda.”

Vale la pena recordar que quien era raptado por piratas se convertía en esclavo.

“Allí fue hecho pastor, recibiendo el don de la oración. Se arrodillaba en medio del campo y rezaba, cercado de sus animales.”

Esmeralda incrustada en el mar

La grama de Irlanda es extraordinariamente verde, y cubre gran parte del país. Por eso, los poetas antiguos decían que Irlanda era como una esmeralda incrustada en el mar, al norte de Europa.

Imaginemos una bonita escena: San Patricio, pequeño, aunque ya con fisionomía de santo, pastorcito pobre y humilde, rezando sobre el césped espléndidamente verde de Irlanda, y los animales haciendo un círculo en torno de él, para protegerlo o contemplarlo. Escenas semejantes eran comunes en la hagiografía de la Edad Media, constituyendo fioretti2, sirviendo para miniaturas, vitrales de catedral, etc. La historia y la fantasía se reúnen en ellas para la realización de un aspecto magnífico del poder de la oración, así como del candor y de la inocencia, cuando es fortalecida por carismas procedentes de Dios.

“Después de seis años sale de esa región, haciendo varios viajes llenos de peripecias, pero se convirtió nuevamente en esclavo.”

Después de seis años en esa forma pastoril tan encantadora, él consigue huir, pero se vuelve esclavo de nuevo.

“Al fin, llegó al monasterio de San Martín de Tours. Y como siempre había sentido que su vocación estaba en Irlanda, partió a evangelizarla. Pero tal era la vía extraña por la cual Patricio era conducido, que, a pesar de sus deseos, de su santidad, de su celo y del llamamiento sobrenatural por él recibido, fracasó completamente. Fue tratado como un enemigo.”

Prueba de los santos

Vemos cómo Dios prueba a sus santos, haciendo que caminen por una serie de lados, sin conseguir el objetivo que el mismo Dios tiene en vista. En determinado momento, ese objetivo les llega a las manos.

Así comprendemos que nuestro Movimiento sufra dificultades, como es natural que en nuestro apostolado tengamos reveses. Los santos progresan así. Los no santos progresan rápidamente en sus obras de pseudoapostolado; el verdadero apostolado solamente es hecho por quien es santo o, por lo menos, tiende hacia la santidad y la admira con todas las veras de su alma.

“Todavía no había llegado la hora, Irlanda no estaba lista. Patricio vuelve a la Galia, donde pasa tres años bajo la dirección de San Germano de Auxerre. Después se retira a la soledad de la isla de Arles.”

            ¡Cómo viaja ese hombre y cuántas curvas tiene su vida antes de volver a Irlanda! Él va a la Galia, donde aprende con un santo las vías de la vida espiritual, se vuelve eremita, después se distancia aún más de Irlanda porque se dirige a Roma…

“…donde el Papa San Celestino le da la bendición apostólica. Y él retoma entonces el camino de Irlanda, llegando allí en 432. Enseguida se dirigió a la asamblea general de los guerreros de Hibernia.”

Hibernia era el antiguo nombre de Irlanda.

Predicó la fe con valentía

Imaginemos cómo sería bonita, en medio de la naturaleza suave de Irlanda, una asamblea general de guerreros para deliberar con respecto a las cosas de la nación. Los guerreros eran nobles que comparecían a esas asambleas revestidos de sus armas. Y cuando había dificultades en las votaciones, peleaban entre sí utilizando esas armas. Era el régimen de la barbarie. A las asambleas comparecía también el colegio de los druidas, sacerdotes paganos de la Galia y de Irlanda, que pertenecían, entonces, a la misma raza.

Allí se presentó San Patricio, que atacó de frente el centro religioso y político de la nación. Delante de todos sus enemigos agrupados, predicó la fe. ¡Qué valentía! Nada de medias medidas, de paños tibios, de retroceder; él era un santo y tenía el poder de los santos.

“A partir de ese momento, las maravillas sucedieron con rapidez. Hubo conversiones de familias reales enteras”.

Los ángeles en el Cielo se inclinan para oír a los bardos de la Tierra

Naturalmente, “familias reales” significa federaciones de tribus. No podemos pensar, por ejemplo, en princesas como las hijas de Luis XV pintadas por Nattier, sino en nuestra Paraguaçu3: las “princesas reales” de entonces eran unas Paraguaçus rubias, pero auténticas Paraguaçus.

En fin, debemos imaginar la salvajería de esas hordas y San Patricio diciéndoles todas las verdades. Él despierta admiración; los guerreros comienzan a quedar pensativos, después contritos, y las mujeres a cambiar de actitud. Familias reales enteras son bautizadas, seguidas de las respectivas tribus. ¡Qué escena linda!

“Irlanda se transforma rápidamente en la isla de los santos. En aquella tierra donde otrora había sido esclavo, Patricio anda ahora como conquistador triunfante. Reyes, pueblos y también poetas vienen a él.”

Irlanda es una de las más antiguas patrias de la poesía.

La cítara, una pequeña harpa con la cual cantaban los bardos irlandeses y del País de Gales, hace parte de la bandera de Irlanda. El mayor cantor que hubo en Irlanda se hizo cristiano.

“El Homero de Hibernia inclinó los viejos héroes ante el estandarte del Dios desconocido. Entonces, dice un viejo autor, los cantos de los bardos quedaron tan bellos, con la conversión lucraron tanto en su belleza, que los ángeles de Dios se inclinaban a la vera del Cielo para escucharlos.”

Cómo es linda esa idea de los bardos cantando en la Tierra, y, en el Cielo, abierto como si fuese una claraboya, vuelos de ángeles oyendo aquellas voces. Eso tiene una poesía indiscutible, con un aroma y una fuerza de atracción verdaderamente extraordinarios.

Como bien dijo cierta vez Montalembert4, la Edad Media fue la “dulce primavera de la Fe”. Todo eso se parece a la primavera: es una energía que surge, con todo el dinamismo para crecer, venciendo todos los obstáculos, iluminando todo como el sol naciente, o como una buena estación del año que va entrando.

¡Cómo es diferente el dinamismo de ese apostolado con la situación que vemos hoy!

Amenaza a un jefe pirata

“Entre tanto, las invasiones de piratas desolaban a Irlanda. Patricio escribió a Coroticus, jefe de la cuadrilla.”

Esos piratas venían de Dinamarca, de Noruega y de Suecia – ¡qué cambiadas de ese tiempo para acá! – y eran llamados reyes del mar. Naciones enteras, en naves – con proas monumentales, velas bonitas – surcaban con rapidez los mares y bajaban en hordas por las playas, devastando los pueblos y las plantaciones. Entonces, a un tal Coroticus, o Coróticus – no sé cómo se pronuncia – nuestro santo le escribió lo siguiente:

“Patricio, pecador ignorante, pero coronado Obispo de Hibernia…”

¡Qué linda la idea de que un obispo es coronado como un Rey!

“…refugiado entre las naciones bárbaras por causa de su amor a Dios, escribo de mi propio puño estas letras para ser transmitidas a los soldados del tirano.

¿La misericordia divina que yo amo no me obliga a actuar así, para defender a aquellos mismos que hace no mucho me hicieron cautivo y trucidaron a los siervos y a las siervas de mi padre?”

Es decir, él enfrentó peligros y mostró los designios de misericordia de la Providencia.

Él predice que la realeza de sus enemigos será menos estable que la nube y el humo.

“En presencia de Dios y de sus santos – añade Patricio – doy testimonio de que el futuro será tal cual lo preví.”

Él, por lo tanto, los amenaza diciendo que no sirve de nada atacar, porque van a perder lo que estaban queriendo conquistar.

“Algunos meses después, Coroticus, acometido por una alucinación mental, moría en el desespero.”

Podemos imaginar el desespero de Coroticus, matando personas y después golpeándose a sí mismo, porque había quedado loco. Era el resultado de la maldición de San Patricio.

“Los enemigos de Patricio caían muertos, los amigos resucitaban. Los sepulcros parecían un dominio sobre el cual él tenía derecho.”

¡Así se convierte un pueblo! Si pudiésemos imitar a San Patricio, ¡cómo todo sería más simple! No necesitaríamos ni de burocracia, ni de máquinas. Bastaría que fuésemos a la sepultura de Don Vital y de otras personas virtuosas para resucitarlos. Y muchas cosas cambiarían. Pero eso no nos fue dado.

Cuando se tiene ese derecho sobre los sepulcros, se abre y se cierra la puerta de la muerte de esa forma, ¿qué más es necesario?

Poder sobre los demonios

“Con ocasión de su llegada a Irlanda, los demonios – dice un historiador del siglo XII – hicieron un círculo, con el cual cercaban toda la isla para impedirle el paso. Patricio levantó la mano derecha, hizo la señal de la cruz y siguió adelante.”

Lindo tema para una miniatura: un barquito en cuya proa está San Patricio, frágil, con un pie colocado hacia adelante y el otro hacia atrás, un halo de santidad, y una zarabanda de demonios corriendo. Para pintar los demonios, pediríamos el auxilio del arte moderno, que realmente los representa como son. Y al lado otro cuadrito: San Patricio dando una bendición, y los demonios, con fuego saliendo de sus piernas, caen de cabeza dentro del mar; y monstruos marinos huyendo despavoridos por todos lados – porque hasta a los monstruos los demonios les causan horror. Otras escenas: el barquito de San Patricio anclando sereno; él bajando, amarrando la pequeña embarcación y penetrando en Irlanda. Lamento no saber pintar para representar cosas de esas.

“Después derrumbó el ídolo del sol, al cual, como al antiguo Moloch, eran ofrecidos los niños en sacrificio.”

Eso me gustaría mucho más pintar: un ídolo horrendo, de pie, en una actitud sanguinaria, delante del cual hay adoradores infames; una madre que entrega despavorida a su hijo; al lado, restos de cadáveres de niños muertos; y San Patricio que llega. Segundo cuadro: el santo hace uso de la palabra con vehemencia. Tercero: él derrumba el ídolo. Cuarto: la población festeja.

Así se llevan las cosas adelante. Pero, para eso es necesario ser santo.

El bastón de San Patricio expulsó a las serpientes de Irlanda

Cierta vez le preguntaron a Napoleón – se puede imaginar qué tan cretino era el individuo que le hizo tal indagación – por qué él no se hacía aclamar como dios. Napoleón respondió: “Mire, amigo mío, después de Jesucristo, solo hay una forma de que alguien sea dios: tomar la cruz, subir al Calvario y hacerse crucificar. Y yo no tengo deseos de hacer eso. Porque después de Él nadie toma en serio otro dios.” Es toda la verdad. Así también, para hacer esas cosas es necesario ser santo. Si quisiésemos verdaderamente ser santos, tal vez pudiésemos realizarlas.

Continúa Hello:

“Se atribuye al bastón de San Patricio el poder de ahuyentar las serpientes.”

Parece que esos animales son desconocidos en Irlanda, y su ausencia es atribuida a una bendición particular: la bendición del bastón que San Patricio sostuvo en las manos.

¿Por qué no pedimos un poco de esa reliquia para Brasil? Positivamente, es falta de imaginación. Se podría andar tranquilamente por los montes, con la cruz de San Patricio en la punta de un bastón.

Propulsor, en escala mundial, de la vida de la Iglesia

“La figura de ese santo se asemeja un poco a un navío que se distancia de la patria: durante algún tiempo se le puede distinguir; pero después, parece desaparecer cuando el cielo y el mar se confunden en el horizonte. Así también San Patricio, en el cielo y en los mares de Irlanda.”

Esa historia coloca delante de nuestros ojos una de esas figuras de fundadores y evangelizadores de pueblos, de hombres de la diestra de Dios.

Hay ciertas personas que Dios escoge, a fin de hacer un apostolado circunscrito y pequeño. Para eso son eficientes y poderosas, pues Dios les da las gracias necesarias. No obstante, tales personas no son muy sobresalientes por sus obras. En el período de evangelización de Europa, hubo un gran número de santos y de santas que fundaron cristiandades en lugares donde habría en el futuro diócesis – algunos de esos santos se volvieron directamente sus obispos – y fueron patronos de esos locales.

Sus sepulcros quedan en esos lugares, donde se celebran sus cultos, a veces con peregrinaciones. Se diría que son animadores de ese aspecto riquísimo de la Iglesia, como de toda gran sociedad, que es la vida regional.

Pero hay otros santos que son propulsores de la vida de la Iglesia en escala mundial. Y esos son propiamente los hombres de la diestra de Dios. Los obstáculos parecen insignificantes delante de ellos. Tales santos realizan cosas que nunca nadie podría imaginar, haciendo acelerar mucho la marcha de la Historia y el progreso de la Iglesia. Esto se puede decir de San Patricio y también de la nación irlandesa.

Los irlandeses participaron de la acción misionera del imperio de Carlomagno, evangelizando Francia, Holanda y, sobre todo, Alemania. Irlanda fue un punto de irradiación extraordinario de la Religión Católica en esa época, más o menos como, siglos después, la Península Ibérica, de la cual partió la evangelización de toda América Latina, parte de África y regiones de Asia.

Tal cual aconteció con la Península Ibérica, después se apagó la gloria internacional de Irlanda, pero algo de su fidelidad restó. España y Portugal – este último en medida infelizmente menor – han resistido a toda especie de tentativas para obligarlos a apostatar. En España hubo inclusive resistencia a una terrible revolución comunista, e Irlanda sufrió persecuciones atroces, pero no apostató, como premio por el hecho de haber sido una nación apostólica, y continúa firme, para la gloria de Dios.

Eso es bonito, edificante, y eleva nuestros corazones.

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1) Ernest Hello, escritor francés. (*1828-†1885). No tenemos referencia exacta de la ficha original usada por el Dr. Plinio.

2) Término retirado de la recopilación de historias de San Francisco de Asís intitulada I Fioretti (Las florecillas).

3) Indígena tupinambá, esposa de Diogo Álvares Correia, llamado el “Caramuru”.

4) Charles de Montalembert, (*1810-†1870).


(Revista Dr. Plinio, No. 144, marzo de 2010, pp. 11-15, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de conferencias del 18.3.1966 y 16.3.1967).

Last Updated on Thursday, 26 September 2019 20:59