Los modos de comunicar el pensamiento humano

El Bienaventurado Sebastián Valfré escribió algunos libros y muchas cartas que tratan de temas teológicos. A propósito de su talento epistológrafo, el Dr. Plinio hace una meditación mostrando la decadencia de los modos de comunicar el pensamiento humano y cómo ese mal también afectó a la causa contrarrevolucionaria. Sin embargo, siempre que Dios permite que su Iglesia invencible sea golpeada y azotada por los vientos, el mal es para el género humano, no para ella.

  

Plinio Corrêa de Oliveira

Comentaremos la biografía del Bienaventurado Sebastián Valfré, con base en una ficha extraída de la obra del Padre Rohrbacher, Vida de los santos1.

Variedad de cartas sobre asuntos de Teología

Sebastián Valfré, nacido en Saboya en 1629, murió en Turín en 1710. Sacerdote oratoriano, fue un gran apóstol de la caridad, virtud en la cual se distinguió durante toda su vida. Famoso por su santidad de vida, amor a la oración y ciencia, mantuvo una enorme correspondencia con obispos, sacerdotes y grandes personalidades de la corte sobre asuntos de Teología, o dando numerosos consejos sobre cuestiones variadas. A pesar de tener todo su tiempo ocupado, dejó obras realmente útiles: “Corta instrucción a las personas simples”, que tuvo un gran éxito; “Ejercicios cristianos” y “Medio de santificar la guerra”, esta última destinada a los que abrazaban la carrera de las armas.

Especialmente devoto de la Santísima Virgen, cuando comenzaba a enseñar Teología, una de las primeras verdades sobre la cual llamaba la atención de sus alumnos era la de la Inmaculada Concepción. Durante seis meses explicaba el Avemaría, palabra por palabra, pues cada una de ellas le servía de tema para las clases. Además, recomendaba especialmente la devoción a los Ángeles de la Guarda. Decía que en todas sus necesidades y aflicciones jamás dejaba de invocar a su Santo Ángel y nunca fue abandonado por él. Su celo también se dirigía a las almas del Purgatorio, por las cuales nunca dejaba de rezar todos los días.

La Edad Media fue la época de las grandes sumas

La dificultad para comentar esta biografía se encuentra en el hecho de que ella contiene los grandes trazos de un sacerdote santo de ese período. Ahora bien, como hubo muchos sacerdotes santos en esa época, acontece que todos esos trazos ya están más o menos estudiados. Sin embargo, hay algunos pequeños esclarecimientos que pueden ser dados.

Tal vez cause cierta sorpresa ver que la correspondencia ocupaba en la vida de él un papel importante. Pero necesitamos tomar en consideración que él vivió justamente en el tiempo de Luis XIV, o sea, en el auge del Ancien Régime2, en que las condiciones de comunicación del pensamiento eran muy diferentes de las hodiernas, aunque de algún modo ya las prenunciaban.

Es algo curioso en la historia de los descubrimientos, de las invenciones y de las modificaciones de la vida social, cómo van naciendo en el espíritu de las naciones, con largas antecedencias, apetencias para las cosas que más tarde los descubrimientos inesperados harán surgir.

Cuando analizamos las obras escritas en la Edad Media, notamos las grandes colecciones. Es la era del pensamiento serio, de las sumas: libros escritos en pergamino, en material voluminoso y bibliotecas con esas colecciones enormes. Cuando aparece la imprenta, comienzan a surgir libros más pequeños. El material se va haciendo más leve, pero también, simultáneamente, comienzan a desaparecer las grandes sumas y las grandes obras de conjunto.

El espíritu humano se vuelve fragmentario: los libros especializados y las cartas

Al perder esa unidad, el espíritu humano se vuelve fragmentario, produciendo obras más pequeñas sobre puntos específicos y perdiendo la apetencia por las grandes universalidades, por los grandes conjuntos del pensamiento. De ahí resulta que las colecciones de libros aún continúan existiendo, pero con una tendencia a desaparecer y a dar origen al ensayo, al libro especializado.

Ya en el tiempo de Luis XIV y, por lo tanto, de Madame de Sevigné, las cartas comienzan a tomar un papel paralelo al de los libros. Las carreteras se hicieron mucho más seguras, el transporte por medio de mensajeros a caballo y en carruajes también comenzó a hacerse más fácil, más seguro, y así la correspondencia postal, sin haber adquirido la institucionalización que obtuvo en el siglo XIX, fue, sin embargo, haciéndose también más metódica. Así comenzó a aparecer un estilo nuevo de comunicación del pensamiento, más delgado que el del libro, que es la carta.

Había cartas de dos especies: una que trataba de asuntos doctrinarios y otra que daba noticias. Las que trataban de asuntos doctrinarios eran grandes cartas escritas por personajes eminentes. Con anterioridad a este nuestro santo, el infame Erasmo, por ejemplo, y un poco posterior a él el infamísimo Voltaire, hicieron una obra revolucionaria enorme a través de cartas, muchas veces doctrinarias o de análisis de hechos, que ellos enviaban a otros hombres célebres de su tiempo. Célebres por su cultura, por su talento, por su alta posición política, por la unión que tenían con los acontecimientos de la época, o por la categoría eclesiástica o nobiliaria que ocupaban.

Esas cartas después eran copiadas. Por ejemplo, un sujeto cualquiera que recibiese una carta de Erasmo o de Voltaire, tomaba la misiva recibida, más la respuesta de él, y las publicaba. Eso era impreso y distribuido. Él mismo las enviaba a sus relaciones, con el fin de mostrar que él había escrito una cosa tan importante, que el gran Erasmo, el gran Voltaire, se habían dignado responder. Entonces, las dos cartas constituían casi un pequeño tratado con respecto a algún tema.

Una cosa muy apreciada era la carta sobre una controversia entre dos personajes sumos con respecto a un asunto determinado. Un intercambio de correspondencia entre el Cardenal Cayetano y Lutero, por ejemplo, constituía un fino alimento para los espíritus eruditos.

Surgen los artículos de revistas y de periódicos

Así vemos cómo va naciendo, desde lejos, el artículo de revista y de periódico. Aun antes de que existiese la revista y el periódico, el espíritu humano iba engendrando algo que preparaba las condiciones para esos medios de comunicación.

Concomitantemente, habían noticieros que circulaban ampliamente. Antes de que la prensa llegase al desarrollo que alcanzó en el siglo XIX, en las capitales de los países existían agencias que mandaban las noticias manuscritas al interior, por medio de suscripciones. Ya eran, por lo tanto, “periódicos” manuscritos, antes de que hubiese propiamente periódicos, de tal forma el espíritu humano va adelante del descubrimiento. Después viene el descubrimiento y alcanza celebridad, pero es porque había condiciones en el espíritu humano para notar dicho progreso y aprovecharlo. De lo contrario, eso hubiese pasado desapercibido y nadie se hubiese incomodado.

Es bonito notar cómo la Iglesia va engendrando, para cada nueva forma de comunicación, formas nuevas de talento. De tal manera que la epistolografía, que había decaído desde el tiempo de los romanos, tomó justamente a partir del siglo XVI un realce muy grande. Así, vemos surgir grandes santos epistológrafos.

El apogeo del género epistolar

El Bienaventurado Sebastián Valfré, gran teólogo y filósofo, escribió tres libros y una multitud de cartas que, con certeza, circularon ampliamente durante su tiempo e hicieron mucho bien, pues ese era el estilo clásico de comunicarse.

Hoy en día la carta decayó enormemente en importancia y calidad, pues fue substituida por los medios de comunicación modernos: periódico, radio, televisión, teléfono, etc. Cuando estos no existían, la tendencia de quien escribía cartas, sabiendo que las noticias serían tan bien aprovechadas, era de perfeccionar el estilo, conseguir un papel bonito y elaborar una linda caligrafía. Es decir, todo cuanto cerca una carta llegó a su apogeo en ese período. Tenemos, entonces, en ese tiempo, a un gran santo que también es un gran epistológrafo.

En el siglo XIX tuvimos el gran periodismo católico, cuyo rey fue Louis Veuillot. Él se convirtió en el periodista católico perfecto, realizando una cosa que podría parecer imposible: en un estilo definidamente de bajo nivel, hacer cosas de alto nivel. La forma de periodismo de Louis Veuillot era la siguiente: él tenía una visión penetrante y clara de los “flashes” de la realidad. Él no era un espíritu capaz de hacer una suma, en lo más mínimo. Uno que otro libro de gran porte que él escribió no tuvo éxito. Pero él tenía unos “flashes” con respecto a la realidad, unos aperçus3, en los cuales cogía las cosas con mucha claridad. Y tenía un francés ligero e provocador que expresaba eso sucintamente. En tres gotas de tinta él construía o destruía a una persona, una argumentación o una refutación. De esa manera él tuvo la forma de talento propia al estilo periodístico para defender la causa contrarrevolucionaria.

Debemos ver los designios de Dios en los castigos que Él impone

Aquí notamos los designios secretos de la Providencia. Y cómo son insondables las cosas de Dios. Es bonito que Dios Nuestro Señor haya constituido talentos que se adaptasen a esas formas diversas que fueron apareciendo. Nosotros no vemos un talento que haya dado un grito de alarma contras las decadencias sucesivas que esas formas representaban. ¿Por qué? Evidentemente, por un castigo de Dios para la humanidad. Dios, descontento, permitía que la casa fuese quedando en ruinas, e iba dando ingenieros que le colocasen refuerzos. Pero no dio ingenieros capaces de detener la ruina y reconstruir la casa. Porque había pecados en el mundo que provocaban la cólera de Él. Por esa razón, llegamos al momento en que la casa está a punto de derrumbarse.

Alguien dirá: “Pero, Dr. Plinio, ¿con eso no fue derrotada la Iglesia? Pues, si Dios ama a la Iglesia, ¿no sería razonable que Él le evitase esa humillación?”

Cada vez que la Iglesia es aparentemente vencida, la derrotada no es ella, sino la humanidad. Porque la Iglesia existe para beneficio de los hombres. Por lo tanto, siempre que Dios permite que su Iglesia invencible sea golpeada y azotada por los vientos, el mal es para el género humano, no para ella. Debemos ver los designios de Él en los castigos que Él impone.

De esta forma, tenemos una meditación con respecto al talento epistológrafo de ese Bienaventurado.

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1) Cfr. ROHRBACHER, René François. Vida de los santos. São Paulo. Editora das Américas, 1959, Vol. XXII, pp. 211-216.

2) Del francés: Antiguo Régimen. Sistema social y político aristocrático en vigor en Francia entre los siglos XVI y XVIII (N. del T.).

3) Del francés: visión de conjunto (N. del T.)


(Revista Dr. Plinio, No. 250, enero de 2019, pp. 27-29, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Título original del artículo: Un gran epistológrafo Extraído de una conferencia del 30.12.1969).

Last Updated on Thursday, 25 April 2019 15:03