¡Perenne, en el mundo, solamente la Iglesia!

En la Roma actual, un monumento espectacular hace recordar la antigua ciudad: el histórico, terrible y grandioso Coliseo. ¿Por qué razón acuden multitudes a visitarlo?

  

Plinio Corrêa de Oliveira

Reportémonos a la Roma antigua y dirijámonos al imponente Coliseo.

Con pórticos en forma de arcos, con asientos poco cómodos, tal monumento posee en su interior una arena donde se va a realizar un horrible espectáculo.

Es noche, algunos cristianos permanecen en sus cárceles, a poca distancia de donde están las fieras que van a devorarlos al día siguiente. Tales animales son mantenidos con un hambre horrible, para que, a la vista de los mártires, se lancen para saciar su apetito bestial. Los cristianos, que morirán al día siguiente, pasan la noche alternando oraciones fervorosas y oyendo el rugido de las fieras. Este será el último sonido que oirán en la vida: el rugido de las fieras lanzándose sobre ellos, mezclado con los aplausos frenéticos de los paganos que asisten al terrible espectáculo.

Después de entrar en la arena, los mártires oyen el crujido de las rejas que prenden a las fieras, y las ven avanzar sobre ellos…

En ese momento algunos tenían pánico, y pedían a Dios que les diese fuerza para no apostatar. Otros, por el contrario, tenían una calma magnífica.

Así son los héroes reales y verdaderos, pues ese es el auge del heroísmo. El heroísmo no consiste en no tener miedo, sino – aún temblando de miedo – en entregarse con ánimo.

Sobre el subconsciente de los espectadores se cierne un profundo interrogante: “¿Por qué no sacrificar a los ídolos y verse libre de tales tormentos? ¿Qué existe en esta religión para que enfrenten la muerte de ese modo?” Un romano sentado en la gradería no comprendía cómo los cristianos pudiesen hacer aquello.

*   *   *

Volvamos a los días de hoy. Este mismo Coliseo, durante la noche, es genialmente iluminado y permite entrever bellezas diferentes de las que posee a la luz del día con todas las claridades del glorioso sol de Roma.

Parece pender sobre este ambiente una atmósfera de gravedad. Algunos muros derruidos del Coliseo se notan discretamente. En otro ángulo, las columnas de una ruina se yerguen en el cielo oscuro. Una hendida, otra entera, ambas son una protesta muda y vencida, aunque perseverante, contra los ultrajes de los siglos.

Una impresión de persistencia por sobrevivir, de conservación milenaria de un espíritu y de una tradición, en medio de un ambiente enteramente transformado, se desprende mucho más pungente de las murallas que permanecieron altaneras a través de los siglos.

La luz de los proyectores, los faroles de iluminación, el asfalto húmedo y marcado, todo afirma al siglo XX. Sin embargo, la masa armoniosa, imponente, seria, al mismo tiempo leve y monumental del Coliseo, hace sentir en medio del ambiente moderno toda la nobleza, la dignidad, la pujanza de un Imperio en toda su elevación, robustez y lógica de espíritu, que tenía por ideal el Derecho.

¡No obstante, todo se deshizo, y del Coliseo resta viva apenas la sangre aún caliente de los mártires!

Siendo apenas una ruina, el Coliseo ejerce una atracción enorme en los puntos más extremos de la Tierra, convidando a turistas de regiones lejanas a conocerlo. Porque un gran ideal de belleza todavía refulge en esas piedras muertas…

*   *   *

Tout passe, tout casse, tout lasse et tout se remplace. En parte, el Coliseo de los mártires se derruyó. Un día podrán derruirse los monumentos del mundo moderno. ¿Y qué impresión dejarán sus destrozos, si llegan a quedar restos? Si la iluminación nocturna del Coliseo permite vislumbrar toda la grandeza que posee, las imágenes de los edificios modernos demuestran todas sus lagunas. Muchos monumentos modernos son una pieza de máquina, banal, ruda, en la cual se apiñan algunos millares de individuos. Es la expresión de un mundo que tomó como ideal, no el Derecho, como Roma, ni la Filosofía, como Grecia, y mucho menos la Teología, como la Europa medieval, sino la máquina, o sea, la materia. Almas materialistas, hombres mecanizados, eso es lo que se presencia en numerosas edificaciones actuales, así como en algunos estadios deportivos y tantos otros congéneres.

¿Algún día los pueblos verán sus ruinas? Tal vez… para comprender mejor cómo se desplomó esta civilización, para menear la cabeza y proseguir el camino, pensando en la justicia de Dios.

¡Perenne, en el mundo, existe solamente la Iglesia!

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1) Expresión francesa que se traduce: Todo pasa, todo se rompe, todo cansa y todo se reemplaza.

 

(Revista Dr. Plinio, No. 140, noviembre de 2009, p. 30 a 35, Editora Retornarei, Ltda. São Paulo – Extraído de conferencias del 26.3.77 y 17.7.94, y del “Catolicismo” de junio de 1954).

Last Updated on Friday, 09 February 2018 16:01