Las Guardias Pontificias

El honor, la nobleza y la alegría en dedicarse al Papado están reflejados en el esplendor de los uniformes y en los símbolos de las diferentes Guardias del Vaticano.

  

Las Guardias Pontificias

 

 

Plinio Corrêa de Oliveira

La Guardia Suiza es uno de los organismos existentes en el Vaticano, responsables por su defensa. Es reclutada entre suizos desde el siglo XV1, y su uniforme fue diseñado por Miguel Ángel.

Las Guardias Suiza, Noble y la Gendarmería

Aquí se encuentra en gran aparato2. Todos los soldados están con coraza y con una especie de gola hecha de un tul frisado, que se usaba mucho en el tiempo en el cual fue diseñado ese uniforme.

En otra foto, los guardias suizos están en cortejo, portando alabardas y una bandera, probablemente de su corporación, atravesando un lugar muy bonito. Se notan algunas columnas y un pedazo de muro completamente trabajado; tal vez sea aquel portón que queda al lado derecho de quien entra en el Vaticano, en la columnata de Bernini.

En la escena de la Guardia Pontificia prestando juramento se ven dos estandartes magníficos, uno de ellos con las armas papales y otro con los colores de la Guardia, y uno de los militares prestando juramento.

Podemos observar a los guardias con sus tambores. ¡Qué bonitos tambores!

El Papa tiene otro destacamento, la Guardia Noble, compuesta exclusivamente de nobles con categoría de oficiales, cuyo traje es naturalmente mucho más propio de un noble.

 

También existe la Gendarmería Pontificia, cuyos soldados portan trajes del tiempo de Napoleón: un gorro de piel bien alto, con un ornato rojo en la parte de arriba, y pantalones blancos ajustados; el saco tiene vagamente la forma de un frac; las botas suben muy alto. Es un uniforme muy bonito. Generalmente escogen para esa Guardia a personas con alguna relación con la Santa Sede, no directamente nobles, que prestan ese servicio voluntariamente. Por ejemplo, en 1950, cuando estuve en Europa, un sobrino de San Pío X pertenecía a esa Guardia.

En una de las fotografías, vemos a un destacamento de la Guardia Suiza marchando.

Yo me entusiasmé con los yelmos de la Guardia Suiza – ¡son lindísimos! – e hice lo posible y lo imposible para traer uno a la Sede de nuestro Movimiento.

Júbilo por dedicarse al Papa

Podemos ver en otra fotografía dos uniformes: el de la Guardia Suiza y el de la Gendarmería. Se trata de uniformes con varios siglos de diferencia; uno es del siglo XVI, el otro es del siglo XIX.

El uniforme del siglo XVI es, como todas las cosas antiguas, mucho más vistoso, alegre y brillante que el uniforme del siglo XIX. En el del siglo XVI, observen el yelmo con un ornato de pluma roja, y la belleza de la coraza, que trae una reminiscencia medieval, y los guantes, los cuales tienen todavía la manga de cuero rojo. Ellos no usan propiamente botas, sino medias muy adherentes a la pierna y cogidas a la rodilla por una liga dorada, con un lazo.

Todo eso recuerda mejor el esplendor de las antiguas cortes, la alegría y la dulzura de vivir. Pero la Revolución es hecha de tristeza. Y siempre que ella se introduce, va oscureciendo los colores, las risas, entristeciendo la vida. Lo propio de la Revolución es tratar de concentrar toda la alegría de la vida en la concupiscencia, de tal forma que la existencia no tenga otras alegrías.

El uniforme de la Guardia Suiza posee muchos valores católicos. ¿Cuál es la alegría que expresa ese uniforme? Es una alegría que no tiene nada de sensual; es el júbilo de ser soldado, de combatir, de estar dedicado al Papa.

La Religión tiene el derecho y el deber de servirse de la fuerza, en determinadas circunstancias, para realizar sus fines. De manera que esa Guardia no fue hecha apenas para custodiar los tesoros del Vaticano; eran las tropas de los Estados Pontificios en el tiempo en el cual el Papa tenía uno de los Estados más importantes de la península itálica. Cuando los Estados Pontificios fueron ocupados, en 1870, por Garibaldi y por la Casa de Saboya, algunas de esas tropas fueron aprovechadas para guarnecer el Vaticano, que constituía un resto de territorio soberano, que el adversario no osó invadir. Sin embargo, se trata en realidad de tropas de combate, con un tipo de uniforme – con una diferencia mayor o menor – usado por los soldados de los príncipes soberanos de aquel tiempo. Aquí tenemos, por lo tanto, un tipo y un ideal militar, en el cual mucho de la gracia de la vida de corte y de lo leve de la caballería antigua estaban asociadas.

Las Dragonas: símbolo del honor militar

            El uniforme de la Gendarmería es característicamente napoleónico. Si lo comparamos con los uniformes de nuestros días, ¡qué diferencia! ¡Cuántos adornos tiene todavía! El uniforme es más triste que el de la Guardia Suiza, de un color oscuro, pero ese oscuro es interrumpido de vez en cuando por algo. Se ve una pluma roja, que da la impresión de una última gota de alegría, en comparación con las plumas rojas abundantes usadas por la Guardia Suiza. Es el último penacho de alegría que aún resta. Y para quebrar lo pesado del gorro de piel, le pusieron dos cordones blancos con una borla.

            Se nota en esos uniformes algo que está desapareciendo o que desapareció del ornamento militar moderno: las dragonas, utilizadas para dar una forma bonita al cuerpo. Modelan el hombro y realzan mucho el uniforme. A veces son doradas como las de la Guardia Noble vaticana. Antiguamente, y hasta el momento en que dejaron de ser usadas, las dragonas eran, junto con la espada, símbolo del honor militar. Ensuciar las dragonas de un soldado o de un oficial era lo mismo que bofetearlo.

            Vemos en la gola del uniforme de la Guardia Noble un ornamento claro, más abajo una faja y los botones dorados que combinan con un cinturón también dorado y muy bonito, de buena calidad.

            Vean la belleza de la espada, las borlas bonitas que acompañan la vaina, y algo análogo en el casco. Las mangas de la casaca tienen un retroussé3 bonito: observen los guantes blancos, la albura inmaculada del pantalón, y también las botas.

            Comparado con los uniformes modernos este tiene tal esplendor, que me da la impresión de que si mandásemos a desfilar un regimiento de esos en nuestros días por las calles, el pueblo lo aplaudiría y saldría corriendo atrás de él.

            Podemos imaginar, por ejemplo, el suceso que tendría la Guardia Suiza desfilando y tocando músicas en las calles de las diferentes ciudades de Brasil. ¡Qué belleza sería! ¡Verdaderamente sería una maravilla!


1) Aunque el reclutamiento de mercenarios suizos para las tropas haya comenzado en el siglo XV, la Guardia Suiza del Vaticano fue formada a inicios del siglo XVI (1506), a pedido del Papa Julio II.

2) Las fotos que ilustran este artículo no son las mismas comentadas por el Dr. Plinio.

3) Del francés: arremangado.

 (Revista Dr. Plinio, No. 184, julio de 2013, p. 30-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo. Extraído de una conferencia del 19.1.1970).

 

 

Last Updated on Monday, 31 July 2017 16:42