El apóstol de Cartagena

San Pedro Claver: un santo del futuro    

       No debió morir san Pedro Claver en medio de angelicales consolaciones y dichas espirituales que antecedían la gloria que le esperaba en el Cielo. Varios de sus biógrafos reconocen algo de lo que poco se habla pero no se puede negar: el dolor de la ingratitud, bebida en la copa de su martirio espiritual, hasta el fondo y sin temor. Mencionan que el negro encargado por la comunidad de cuidarle su cansada vejez tras haberle entregado Pedro Claver los últimos cuarenta años de vida a  los esclavos que llegaban a Cartagena de Indias, se cansaba de los prosaísmos dolorosos del pobre viejo sacerdote, lo dejaba parte del día abandonado en su  calurosa celda de religioso austero y perdía la paciencia a punto de darle la sopa de tan mala gana que media cucharada se la derramaba en el pecho de su raída sotana de aguerrido jesuita misionero.  

   San Pedro Claver intentó crear una especie de comunidad religiosa de hombres de color, al parecer también una femenina, para dedicarse completamente al apostolado y a la misión entre los esclavos o afro-americanos. La verdad es que no pasó de ser un grupito muy reducido de esclavos comprados por él mismo con las limosnas que recibía, el que lo acompañaba a la llegada de los barcos negreros en las playas de aquella Cartagena de 1600, donde el joven novicio catalán Pedro Claver se había ordenado como sacerdote, esclavo de los esclavos, como él mismo se llamaba.

    Son facetas de la santidad que a veces omitimos considerar olvidando que cuando Dios nos pide inmolación, la pide toda y completa hasta el punto de acompañar aquel ápice con aquella misteriosa frase de Jesús colgado del madero y exclamando mientras miraba al cielo: Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?. “Es un ápice tan alto, que se envuelve en las nubes del misterio”, dice el Prof. Plinio Correa de Oliveira en una de sus meditaciones sobre el Viacrucis.  

    No se nos acabe el mes sin recordar este santo que murió precisamente en un septiembre de 1654 ya cumplidos sus 74 años de edad.

   Pero el santo nunca es un fracasado de sus ideales, porque es semilla que muere para dar grandes frutos. Por el buen san Pedro Claver es que hoy día funcionan en Cartagena y otras ciudades de Colombia, varias fundaciones y centros jesuitas de asistencia a los más necesitados, las que ciertamente pueden ser un consuelo en el Cielo para quien se sacrificó por los más humillados de la sociedad de aquel entonces.

 

Last Updated on Tuesday, 29 November 2016 16:22