La madre de familia lleva a su hijo a la Santa Madre Iglesia y a la Madre de Dios

El alma de Doña Lucilia estaba hecha de una gran elevación, una enorme admiración por la obra de Dios y por Nuestra Señora, una firmeza que nadie quebraba y un cariño al cual era difícil resistir. Esos trazos del alma de su madre llevaron al Dr. Plinio a comprender y amar la Santa Iglesia Católica.

 

 

Plinio Corrêa de Oliveira

¿Cuál fue el papel de mi madre en la formación de mi alma?

Lo que yo no ceso de agradecerle, desde lo más hondo de mi alma, es su alma profundamente católica, no solo en el sentido de una persona que reza mucho, pues ella rezaba mucho; tengo en mi salón la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, delante de la cual ella oraba a veces hasta las dos o tres de la mañana.

Sin embargo, no era solo eso, sino su mentalidad enteramente católica, que se reflejaba en una elevación de alma por la cual todos sus pensamientos, inclusive los más pequeños, se prendían a valores espirituales muy altos, lo que se notaba en su modo de ser, en su mirada, en su inflexión de voz, en su trato y en esa mezcla realmente incomparable de dignidad, firmeza, mansedumbre y afecto que la caracterizaba más que a nadie. Nunca conocí a alguien que, ni de lejos, se pareciese a ella en ese sentido.

Cariño y firmeza

El otro día tuve un ejemplo de eso. En mi apartamento, mi madre conservaba una serie de cuadros pintados al óleo de antepasados suyos, así como también muebles antiguos de la familia. Naturalmente, yo guardé todo eso. Me fue a visitar una joven pariente acompañada por su novio.

Cuando entré en la sala de visitas, me deparé con algunos familiares, entre los cuales se encontraba el padre de la novia, mostrando y comentando a su futuro yerno los cuadros de los antepasados de la joven. En cierto momento, esta entró en mi sala de trabajo, cogió el Quadrinho1 de mi madre y se lo llevó al novio para que lo viera. El joven nunca lo había visto, pues ella murió cuando él era niño.

Él vio el Quadrinho y dijo: “Pero, ¡cuánto cariño, cuánto cariño!” Si él dijese: “Cuánta decisión, cuánta firmeza”, también habría dicho la verdad. Porque el alma de ella estaba hecha de una gran elevación, de una enorme admiración por la obra de Dios y por Nuestra Señora, de una firmeza que nadie quebraba y un cariño al cual era difícil resistir.

Ahí están los trazos de su alma que me encantaron y transparecían en su piedad. Esto me llevó a comprender y amar la Iglesia Católica como la amo.

Triple maternidad

Pero no fue solo eso. Después de que ella preparó mi alma para entender a la Iglesia, yo estudié empeñadamente, tanto cuanto pude, a la Iglesia, sus doctrinas, sus instituciones, sus leyes, su obra. De manera que no es apenas el recuerdo de un modelo materno que me mantiene en esa adhesión. Con todo, yo nunca habría visto enteramente la Iglesia si no hubiese contemplado ese modelo materno.

Por esa razón, le doy gracias a Nuestra Señora por haberme dado esta madre. Para mí, el gran mérito de ella fue el de haber encaminado mi alma hacia otra madre, que es la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

El alma de esta otra madre, que es la Santa Iglesia, tiene, a su vez, un trono para una tercera madre, que es María Santísima. Es por una madre que yo caminé hacia las otras. Es de esa triple maternidad – una física-espiritual, las otras dos espirituales y sobrenaturales – que se alienta mi ánimo y mi piedad.

1) En portugués: Cuadrito. Cuadro a óleo que agradó mucho al Dr. Plinio, pintado por uno de sus discípulos con base en las últimas fotografías de Doña Lucilia. Cf. Revista Dr. Plinio, No. 119, pp. 6-9.

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(Revista Dr. Plinio, No. 251, febrero de 2019, pp. 6-7, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 30/7/1978  Título del artículo en la Revista: El papel de Doña Lucilia en la formación del Dr. Plinio).

Last Updated on Saturday, 19 December 2020 21:06