La influencia de las madres en la formación de los hijos

 

Doña Lucilia influyó profundamente en la formación del Dr. Plinio y, a través de él, en el espíritu de aquellos que la Providencia destinó a seguirlo.

 

La influencia de una madre católica

 

Plinio Corrêa de Oliveira

La Iglesia atribuye a los fundadores la condición de patriarcas. Sin embargo, no hace lo mismo con las personas que de algún modo cercaron los orígenes de los fundadores. Por ejemplo, llamar matriarca de los salesianos a la madre de San Juan Bosco, por más grande que sea nuestra devoción a ella, sería forzar un poco la realidad histórica, porque de hecho la fundación fue de él, aunque ella haya condicionado mucho la formación de su alma.

Rezar el día entero en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús

       Yo tengo, por ejemplo, esta firme deliberación: cuando vaya a Italia, si puedo, voy a visitar la tumba de Mamma Margarita, por quien tengo una simpatía y reverencia muy especiales.

      Estoy seguro de que nosotros constituimos una familia espiritual, a cuya fundación corresponde una relación patriarcal. De eso no hay duda. Si bien yo tomaría el cuidado de no transponer el límite de que esa relación patriarcal tenga con Doña Lucilia un vínculo diferente del que hubo entre San Juan Bosco y Mamma Margarita, y por ende entre Mamma Margarita y los salesianos.

        Sin embargo, podemos considerar la influencia que Doña Lucilia ejerció en la formación de mi espíritu y, a través de mi espíritu, en la formación del espíritu de aquellos que hubiesen de seguir esta familia.

       En segundo lugar, post mortem, los ejemplos de ella, las gracias que ella obtiene, etc., cómo actúan en ese sentido. Son cosas de índole diferente, pero que al final se pueden ver, por algún lado, en la misma perspectiva.

       En la formación de mi mentalidad, el efecto que ella tuvo fue vivo, humano, y por esa misma razón, por algún lado más presente, y por otro lado más reducido, fue el efecto análogo al de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Es decir, todo lo que he dicho con respecto a esa iglesia, así como de su efecto y, aún más alto, del efecto de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús sobre mí, todo eso tiene cierta relación con Doña Lucilia, porque ella era muy devota del Sagrado Corazón de Jesús, y hacía de sus delicias el poder ir a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, lo cual ella conseguía raramente.

Me acuerdo de una ocasión en que mi padre le hizo una broma. Tratábamos sobre cómo conseguir una casa cercana a la iglesia. Él dijo: “Eso no se puede, porque con la iglesia cerca, Lucilia deja todo y se pasa el día allá; y no hace otra cosa, se queda allá rezando el tiempo entero”.

Ella no dejaría de cumplir sus deberes, pero ¡qué enormes períodos de su tiempo estarían dedicados a la iglesia! Si el marido le hiciese el reclamo, ella lo atendería, pero sería necesario que él le dijese, porque de lo contrario ella indiscutiblemente iba… ¡soltando las amarras!

Afecto a Nuestro Señor, estados de espíritu y confianza

        Y había una tal influencia de esa devoción sobre ella, y una tal correlación entre ella y la atmósfera de la iglesia, que cuando yo era pequeño miraba de reojo a Doña Lucilia rezando y me decía: “¿Qué relación hay entre ella y esto? Parecen una misma cosa…”

        Y en el fondo, por lo que Doña Lucilia me enseñó – no fue la única; la que me enseñó principalmente fue la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana –, puedo decir que desde la infancia fui católico por causa de la influencia de ella. Ella me condujo a las fuentes del bautismo y me enseñó el catecismo, lo cual hacen todas las madres. Pero yo, por la gracia, a medida que iba conociendo a la Iglesia Católica, adhería sin ninguna discusión. No adhería transportado de entusiasmo, sino con una de esas adhesiones tranquilas, profundas. ¡Eso es! ¡Esta es la Iglesia de Dios! ¡No se discute!

       Me acuerdo de la primera vez que supe – yo era todavía muy niño – que había gente que discutía si Jesucristo había existido o no, si Él fue Dios… Y yo me preguntaba: “¿Están locos?”

      ¡Basta ver una imagen de Él, para comprender que un hombre en un acceso de mentiras no puede inventar eso! O Él es una realidad o una mentira. Ahora bien, lo miro y veo una realidad, no una mentira.

         Y ella contribuyó de un modo enorme a dos cosas: primero, a ayudarme a poner mi atención y mi afecto en esa línea. Y en segundo lugar, porque había mucha semejanza de temperamento entre ella y yo, y por esa razón notaba que fluía en mí, a partir de ella, una serie de estados de espíritu que me influenciaron mucho, y tal vez no habría sido así si ella hubiese muerto prematuramente, o hubiese ocurrido algo análogo.

         Y una influencia muy grande en una cosa: la confianza en la Providencia.

      ¿Por qué? Porque, teniendo confianza en ella, yo comprendía mejor cómo debe ser la confianza en Nuestra Señora, incomparablemente más santa y superior a ella.

        Y yo me decía a mí mismo: “Si yo confío en ella ciegamente y sin límites, ¡en Nuestra Señora, que está excepcionalmente por encima de ella, confío mucho más!”

        De donde, por lo tanto, mucha tranquilidad, estabilidad, muchas cosas preciosas para la vida, que aprendí de esa forma.

       Habría muchas otras cosas que mencionar, pero esas son las principales.


 

(Revista Dr. Plinio, No. 222, septiembre de 2016, p. 6-7. Extraído de una conferencia del 6.2.1986)

 

Last Updated on Tuesday, 28 March 2017 16:24