Semana Santa

                            Meditación Semana Santa 2011  

     Un punto importante para meditar durante esta Cuaresma y Semana Santa del 2011, es el relacionado con la consideración personal que a veces hacemos acerca de nuestros pecados.  

   Si partimos de la suposición de que no somos enteramente responsables de nuestros pecados. De que los cometimos por culpa de los demás, de nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestros profesores, de nuestros amigos. Que los cometimos por culpa de circunstancias y condiciones de vida difíciles de eludir, difíciles de evitar o incluso imposibles de sacarles el cuerpo. Si decimos que cometimos ciertos pecados porque Dios nos abandonó en esos momentos, no nos ayudó, no nos protegió y nos dejó en manos de nuestra propia debilidad, en manos de nuestra propia ignorancia, y que no hubo realmente malicia en nosotros para cometerlos, estamos partiendo de una consideración totalmente equivocada, y no vamos a poder obtener verdadero arrepentimiento, verdadera contrición, verdadero dolor de nuestros pecados.  

   El asunto es delicado porque vivimos actualmente dentro de una sociedad permisiva y relativista -casi que podríamos decir freudiana- respecto a la responsabilidad de nuestros actos errados. Eso, cuando los reconocemos. Pero sucede algunas veces que nos mentimos a nosotros mismos, y no queremos ni siquiera reconocer que ciertos actos, ciertos procedimientos nuestros, fueron errados y totalmente pecaminosos.   Entonces lo primero es decir, como dice uno de los Salmos Penitenciales del Rey David: “Porque conozco mi maldad, y mi pecado está siempre delante de mi. Pequé contra Ti yo solo, e hice mal ante tus ojos, para que seas proclamado Justo en tus juicios cuando me juzgues. (Salmo 50)  

   Está claro que hay que decirle primero a Dios que uno reconoce ser el pecador y que el juicio de Dios siempre será un juicio justísimo (valga la redundancia para entender bien el asunto). Decirle a Dios que uno es el responsable de sus pecados y no otro, ni las circunstancias o condiciones que se dieron cuando uno pecaba. Que fue por malicia y no por ignorancia o por debilidad que uno pecó. Que fuimos nosotros los que nos dejamos arrastrar por la tentación. Que ciertamente no faltó la gracia y que nosotros no la quisimos aceptar. Que si Dios no nos la dio al momento, fue por amor y sabiduría ya que otras mayores nos tendría reservadas para más adelante en la vida y a esas es que debemos apelar con humildad ahora.  

   Es decir -señala el Dr. Plinio en uno de sus comentarios a este Salmo 50 en una conferencia de los años ochenta- “Pequé contra Ti yo solo”, significa que Dios es tal, que “aunque haya una multitud enorme de hombres, lo que cada uno de ellos hace es tan conocido, pesado, medido, juzgado y ponderado por Él, que la acción de cada uno de nosotros es como si yo estuviese solo ante Él. Yo solamente. Yo, loco, desviado, torcido. Yo entré en la Sala de los Juicios de Dios, la Sala de los Juicios estables, llegué ante Su Trono en medio del incienso y la reverencia solemne de sus ángeles y de  toda su Corte Celestial, y pequé sin importarme nada. Es decir, necesito reconocer esto y arrepentirme. ¡Oh Dios mío, ten piedad de mí!”  

   Sin embargo el santo Salmista -que era el propio rey David- dice a continuación en su canto o salmo de arrepentimiento y penitencia: He aquí que yo fui concebido en la iniquidad y mi madre me concibió en el pecado 

   Como quien dice que avergonzado, humillado y contrito delante de Dios, reconociendo que cedí a una mala inclinación, que me dejé llevar por un mal impulso pese a que fui bautizado y confirmado, pese a que en varias ocasiones fui absuelto por el Sacramento de la Reconciliación, pese a que varias veces comulgué y Lo tuve en mi interior para adorarlo y exponerle mis problemas, pese a todo ello, me dejé llevar por los defectos de mi personalidad, por los efectos del pecado original. Permitid entonces Señor mío que, humillado, arrepentido, contrito y con todo el respeto, te exponga un pequeño atenuante que ya Vos bien conocéis: fui generado en las malas tendencias, en el pecado original que inclina nuestra naturaleza hacia el mal. Pero…He aquí que tú amaste la verdad y me revelaste el secreto y el misterio de tu sabiduría. Como quien le dice a Dios que Él que es la pura Verdad y la pura Sabiduría, tuvo la misericordia de participarlo a uno de todo eso, pero no lo supimos valorar. Así, el pecado es gravísimo: mis malas tendencias por culpa del pecado original tuvieron la oportunidad de conocer la verdad y la sabiduría, y yo me dejé llevar por la mala inclinación.  

   Para confianza del pecador, el salmista entonces dice seguidamente: Pero Tú me rociaras con el hisopo y seré purificado, me lavarás y quedaré más blanco que la nieve. A lo que en sus comentarios, Dr. Plinio nos hacía ver que de acuerdo al Salmo, Dios al perdonar un corazón verdaderamente arrepentido, "no nos hacía otra vez blancos, ni blancos igual a la nieve, sino más blancos que la nieve".

Last Updated on Sunday, 13 September 2015 22:23