Claude Lorrain: en busca de lo bello

En sus obras, Claude Lorrain compone lo bello e introduce lo superbello. Para eso, capta los “flashes” de los estados más bonitos de la naturaleza y los fija en el lienzo. Sin embargo, al pintar un paisaje no se limita a retratarlo como es, sino como él lo imagina.

 

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Consideraremos fotografías de cuadros de un pintor de origen lorenés, aunque pintó a Italia y se hizo sobre todo célebre en Inglaterra. Su nombre es francés: Claude Lorrain1. Sus cuadros corresponden al deseo de maravilloso que ilustraba el Ancien régime2.

“Flashes” de los estados más bellos de la naturaleza

En los cuadros hay datos que nos interesan realzar.

En primer lugar, es el modo elaborado y cultural de presentar la naturaleza, por el cual ella queda vista en sus aspectos fugaces más bellos. Él toma, por así decir, “flashes” de los estados más bellos de la naturaleza y los fija en el lienzo. Además, tiene esta posición muy criticada por los modernos: componer lo bello. Es decir, al pintar un paisaje, no lo retrata como él es, sino como él lo imagina. Pinta, por ejemplo, un golfo real, pero figura en el golfo una isla que no existe. Y en la isla, un castillo que tampoco existe. Eso lo hace para ponerlo dentro de lo bello y de lo superbello.

¿Cuál es la crítica que los modernos le hacen a eso? Que no es real, las cosas no suceden así y se debe pintar la realidad. Después ellos van a pintar en el lienzo hombres monstruosos que gracias a Dios no existen, pero los partidarios de ese tipo de arte no llaman eso de “irrealismo”, sino de “surrealismo”. Es decir, para ellos eso no es solo la realidad, sino la superrealidad. Ahora bien, ya se podría impugnar el título: ¿la superrealidad es real o es la irrealidad? Además, una cosa que sea superrealidad debería ser algo más bello que la realidad, y no lo monstruoso, que corresponde a la sub-realidad. Hay, por lo tanto, una inversión completa de conceptos y de valores.

Me parece que en esta época de polución del aire, de la mente, del sentido estético, los cuadros de Claude Lorrain presentan algo muy formativo en este sentido, con las restricciones que se deben hacer a las cosas del Ancien Régime.

Ruinas que causan la impresión de que son hechas de piedras preciosas

En el primer cuadro tenemos un paisaje mezclado: es una especie de medio término entre el campo y la ciudad.

Para comprender mejor la belleza de esta obra de arte, es necesario haber tomado el gusto por las ruinas y ponerse en la perspectiva de lo bello típicamente italiano. Algunos monumentos están de tal manera en ruinas, que las piedras de la parte de arriba se cayeron, y en su lugar nació una pequeña vegetación que no lo adorna nada. En medio de todo eso están los campesinos divirtiéndose, conversando.

Noten, sin embargo, un árbol de un formato hasta un poco extravagante, pero con una vegetación bonita, felpuda; ella tiene un lance muy noble y sus ramas penden con mucha dignidad y distinción. Es un árbol muy cortesano, por así decir.

Las columnas, a pesar de constituir ruinas, están bien conservadas, y sobre ellas incide una luz muy bonita, iluminándolas con distinción, de manera que casi da la impresión de que son de piedra preciosa o revestidas de alguna seda.

La ruina de un monumento, con tres columnas y un frontón encima, es muy noble también. Los arcos sólidos, vigorosos, hacen pensar en los desfiles de las legiones romanas victoriosas, que venían trayendo millares de vencidos de guerra, encadenados, que iban a ser llevados al Capitolio para la ceremonia fastuosa y terrible del triunfo romano, en la cual el rey adversario sería matado. Él venía a pie y encadenado como un esclavo, para ser ejecutado en el Capitolio.

Belleza especial de apreciar el pasado

También se ve un predio romano abandonado, que conserva todas las columnas de su fachada aún de pie. Al lado, un caserón modesto, popular. Más adelante, una iglesia católica en estilo románico que debe datar de antes de la Edad Media, tal vez un poco después, quizás sea del Renacimiento, con una torre, teniendo a su alrededor un convento o un caserío.

Los hombres de aquel tiempo juzgaban que había una belleza especial en apreciar el pasado, habiendo transcurrido además el curso de los siglos. De manera que, sobre toda la grandeza y la desgracia del Imperio Romano, había transcurrido siglos y siglos de abandono, de desmantelamiento, dejando ver, al mismo tiempo, la magnitud y lo efímero de las cosas de esta Tierra.

Entonces, las personas se ponían a pensar, rememorando hechos, haciendo filosofía de la Historia, bajo un cielo de un azul muy delicado y con unas nubes que ya pueden ser llamadas de pre-románticas. Ellas no oscurecen el firmamento, pero son un poco oscuras e introducen en el paisaje algo de melancólico.

En uno de los cuadros parece estar representado un personaje característico de los paisajes italianos: un mendigo. ¡Pero qué mendigo saludable, inteligente! Que sabe sacar partido de la despreocupación, de lo incierto y de lo aventurero de su vida. Dos hombres del pueblo conversan con el mendigo, sobre lluvia y buen tiempo, sobre todo y nada; es la vida apocada de todos los días que continúa a los pies de las fastuosas ruinas que los hombres cultos admiran.

Fascinación de lo desconocido, de los misterioso y de lo sublime

En otra pintura, Claude Lorrain representa un puerto de mar bajo un cielo cuyo colorido es parecido con el que ya analizamos: un azul muy tenue con un mundo de pequeñas nubes que, en sus puntos más densos, tienden a quedar un poco oscuras. De manera que se tiene la bonanza, pero también algo que a lo lejos prenuncia una tempestad, insinúa una preocupación.

Al lado se ve un bosque exuberante, con árboles muy altos que insinúan al espíritu la idea del frescor y de la armonía de la naturaleza al pie de esos árboles.

También encontramos dos predios fastuosos, al gusto renacentista. El edificio que está bien junto al muelle puede ser perfectamente una iglesia, así como también un tribunal o cualquier otra oficina pública. Él está sobre una piedra que lo defiende contra el mar.

El otro edificio está sobre una especie de nivel de donde se yerguen las columnas encimadas por una terracita, de manera que alguien puede salir del predio y contemplar dos tipos de paisajes: el próximo y el remoto que, a su vez, presentan los dos aspectos de la vida de navegación que Claude Lorrain quiso tornar presentes en esta obra.

En primer lugar, la carabela muy bonita. Noten la elegancia de las banderolas ondeando en el tope de los mástiles, en lo alto de los cuales hay una especie de terracita para los vigías, y la belleza de las velas enrolladas en un oblicuo elegante y distinguido. Se percibe la madera fastuosamente trabajada de la proa de ese navío. Nos hace reportar a los viajes distantes de las carabelas que iban a buscar princesas en el Báltico para que se casasen en Nápoles, o coger oro en las Américas para llevar a los puertos del Mar Mediterráneo o de la Península Ibérica; en fin, carabelas que pasaban por todas las aventuras, navegando todos los mares y cuya saga es recordada por el sol que se pierde en el horizonte y cuyo reflejo es más nítido en el agua que en el propio cielo. Da la impresión de un infinito que se va prolongando, del cual la carabela viene trayendo todos los misterios, todas las mercaderías, todos los extranjeros, todas las narraciones de aventura de los diferentes países donde estuvo. Es la fascinación de lo desconocido, de lo misterioso y de lo sublime.

Al fondo hay algunos navíos de menor travesía, aunque también recuerdan las grandes navegaciones, de cierto modo.

Más cerca del puerto vemos un hormiguear de barquitos. Es la vida comercial y social aquí representada: gente que va a coger las riquezas de las carabelas y a llevarlas a tierra, o recoger viajeros, muchas veces ilustres y conducirlos hasta el muelle.

¿Acaba de llegar un personaje de proa? Hay un grupo de personas que lo acompaña; alguien anda solícito, buscando ayudar. Es una escena con cierta distinción. Inclusive está puesto del lado de afuera un tapete delante del edificio, que bien puede ser un palacio.

Se ven personas que miran la escena, otras ni siquiera le dan importancia, están pensando en cosas diferentes. Hay hombres dentro de los barquitos, o porque trajeron o van a llevar gente, o están descansando. De ese modo, en una misma escena está condensada una serie de circunstancias que, así, raras veces se encuentran, y dan una idea de la vida, del movimiento, de la belleza casi pre-romántica de la naturaleza campestre y de la navegación, así como del hormigueo de la vida comercial y social de todos los días.

1) Claude Gellée (*1600 - †1682).

2) Del francés: Antiguo Régimen. Sistema social y político aristocrático en vigor en Francia entre los siglos XVI y XVII.

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(Revista Dr. Plinio, No. 279, junio de 2021, pp. 30-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 27/5/1972  Título del artículo en la Revista: En busca de lo bello y de lo superbello).

Last Updated on Thursday, 01 July 2021 21:21