Sacralidad y belleza en dos puentes europeos

En su continua búsqueda de sacralidad y belleza en las cosas, el Dr. Plinio era llevado a analizar todo bajo ese punto de vista. Tejiendo consideraciones con respecto a dos puentes – uno veneciano y otro francés –, describe lo que ellos tienen de sacral y de desacralizador.

  

Plinio Corrêa de Oliveira

El puente de Rialto tiene como característica notable la extrema delicadeza de la estructura del arco. Se nota que se tuvo la intención de hacer el puente cubierto, para proteger a los transeúntes de la lluvia. Pero esa idea funcional fue superada de tal manera, que ni siquiera se piensa en ella, ante la delicadeza de las arcadas sucesivas y del movimiento de ascensión de una parte y de otra, terminando en un elemento monárquico y central, que da vagamente la impresión de un nicho de una imagen en un arco de triunfo.

Delicadeza y seriedad

De tal modo la parte funcional fue englobada por la parte arquitectónica, artística, que una persona que viese el puente de Rialto no pensaría en la lluvia, ni en una galería cubierta, ni en nada de eso. Tendría la impresión de que eso fue colocado ahí encima como un mero adorno, el cual se destaca por una mezcla de delicadeza y de seriedad. Ahí hay seriedad porque hay pensamiento en todo, hay un deseo verdadero de hacer las cosas muy bien hechas, con una gran aplicación de espíritu.

Esa aplicación de espíritu, sin embargo, se disfraza a sí misma de tal manera que se tiene la impresión de que el artista que concibió eso, dibujó en pocos minutos y mandó a colocar ahí encima esa estructura. Llamo la atención hacia los acabados más pequeños. Noten cómo es bonita la balaustrada. Después, el propio arco del puente, cómo tiene un movimiento delicado

Pasan por debajo las prestigiosísimas aguas de Venecia, que parecen cargar consigo la belleza de todos los palacios por donde ellas se mueven.

Aquí se ve la proa de una góndola y otras embarcaciones. En la góndola tenemos algo muy delicado y que afirma vigorosamente la superioridad del espíritu sobre la materia, del arte sobre lo funcional, de lo noble sobre lo vulgar. El gondolero es un hombre del pueblo; sin embargo, noten su elegancia, la belleza de su movimiento y de su posición; la nobleza con la cual desplaza ese inmenso remo. Él está haciendo fuerza, pero no nos da la idea, en lo más mínimo, de una fuerza vulgar. Casi se diría que él está ejecutando una figura especialmente para quedar elegante en esa fotografía.

Jerarquía de valores y predominio de lo estético sobre lo útil

Eso es sacral. ¿En qué sentido es sacral? En el sentido de que presenta una jerarquía de valores que conduce hacia lo sacral, sin que se pueda afirmar directamente que tenga una nota intensamente sacral. Lo aristocrático, de por sí, tiene una nota de sacral. Ese puente, evidentemente, es aristocrático. El predominio de lo estético sobre lo útil tiene algo de sacral también, porque es una forma de predominio del espíritu sobre la materia.

Hay algo de sacral en ese elemento monárquico central del puente. Se podría imaginar una imagen colocada en cada uno de esos arcos, de tal manera que no se diría que lo sacral se sentiría aislado, expulsado, maltratado dentro de ese ambiente.

Yo me abstengo de referirme a ese paño, porque es una propaganda comercial, y es de lamentar que esté ahí.

¿Qué existe aquí de no sacral? No hay ningún emblema, ningún símbolo religioso. La influencia del Renacimiento casi no dejó reminiscencia alguna de la Edad Media dentro de eso. Y si es verdad que en esos arcos cabrían bustos de imágenes, cabrían también bustos de grandes hombres de Florencia o de la Antigüedad. En uno de esos arcos se podría poner tanto a San Juan Evangelista o a San Juan Bautista, como a Pitágoras o a dioses profanos. Es decir, la atmósfera del Renacimiento ya entró aquí. ¿En qué entró? Todo eso es muy bonito, muy noble, pero tiene algo de fruitivo, que no fue hecho para la contemplación, sino para el gozo de la vida, para el placer. Y con eso se van abriendo las puertas a cosas peores. Ese sería el comentario sobre el puente de Rialto.

[El Dr. Plinio comenta enseguida una fotografía del puente Alejandro III, situado sobre el río Sena, en París.]

Dulzura del genio francés

Hace parte de la dulzura del genio francés manifestarse en las circunstancias más inesperadas. Esos bonitos faroles son hechos de tal forma que, por lo menos para mí, causan la impresión de que son vidrios de perfume. La forma y el colorido son tales que, si supiésemos que se guarda perfume dentro de ellos, nos parecería natural. Es decir, hay algo de mesa de toilette en esas luminarias. Están tan bien trabajadas, son tan dulces, tan delicadas, que no parecen haber sido hechas para estar expuestas a la intemperie, a la nieve o al viento que sopla. Sin embargo, en medio de todo eso la nota francesa pone esa dulzura, esa suavidad propia del espíritu francés.

No obstante, esa dulzura se manifiesta también en una cosa que Dios puso en Francia – no fueron los franceses los que la hicieron; ellos se inspiraron en ella –: la dulzura de la naturaleza de Francia. Vean ese árbol reducido apenas a un esquema, porque todo el follaje desapareció. Solo quedó el ramaje. Consideren la belleza del color. ¡Es de un café lindo! ¿Notan la delicadeza con la cual ese árbol deja transparecer una impresión de tristeza? El árbol es incapaz de tener tristeza, pero se diría que está triste, desolado. Ese ramaje da la impresión de penachos que caen; son penachos aislados que se extienden por el cielo, llevados por el viento. ¡Todo eso es tan delgado! Cada una de esas ramitas se entronca en la otra con tanta elegancia y cae de un modo tan lánguido, que se diría que ese árbol es casi romántico. No es romántico porque es hecho por la naturaleza, no fue modelado por ningún escultor.

La entrada del puente es monumental. Una columna en lo algo de la cual se encuentran figuras finas, que sostienen espadas, y cuyos brazos efectúan gestos elegantes, delicados. Todo eso da la impresión de algo etéreo y también muy noble. La nota aristocrática está visiblemente presente en la construcción de ese puente. La nota espiritual, en el sentido de predominio del espíritu sobre la materia, que la modela de manera a pensar en una serie de cosas espirituales, de estados de espíritu del hombre, también está presente.

Obra de la “Belle Époque” con efluvios del “Ancien Régime”

En ese puente también vemos el predominio de lo artístico sobre lo funcional. Esas son afirmaciones de sacralidad. Cuando contemplamos esos faroles, nos parecen tan bonitos que tenemos la impresión de que son adornos diseñados para ese lugar, y ni siquiera pensamos en su utilidad.

Sin embargo, podemos decir que la nota fruitiva está más presente que en el puente de Rialto. Ese puente francés es obra de la Belle Époque, una época histórica que se desarrolló en Francia bajo el régimen republicano, aunque dentro del marco de una Europa enteramente monarquista y de una sociedad francesa todavía profundamente aristocrática. Hay efluvios de Ancien Régime1 presentes en eso. Pero la sensación de gozo de la vida es intensa. La idea de la capital de todos los placeres del mundo, de un puente construido para causar sensaciones agradables a la vista, para divertir al hombre, para darle deseos de vivir en esta Tierra, también parece muy presente aquí.

De tal forma que ese sería el lado, a mi modo de ver, desacralizador del puente Alejandro III.

En cuanto a la Edad Media, ni siquiera se pone alguna consideración a su respecto. Si el Rialto tiene todavía un vago perfume de la Edad Media, aquí hay un perfume de Ancien Régime. Por lo tanto, un perfume menos denso de Contra-Revolución que el de la Edad Media.

1) Sistema social y político aristocrático que estuvo en vigor en Francia entre los siglos XVI y XVIII.


(Revista Dr. Plinio, No. 191, febrero de 2014, pp. 32-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 22.2.1971).

Last Updated on Monday, 13 May 2019 16:34