Lo bello y lo práctico - II

En la sociedad debe haber una jerarquía armónica y proporcionada, manifestada entre otras cosas en los medios de transporte, que deben ser al mismo tiempo bellos y prácticos. Los carruajes existentes en el Museo Nacional de los Coches, en Portugal, son ejemplos característicos de esa verdad.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

Habiendo sido expuesta de modo muy sumario la doctrina sobre lo práctico y lo bello, ahora es el momento de comentar algunos carruajes1 que se encuentran en el famoso Museo Nacional de los Coches, en Lisboa.

La parte noble del cuerpo del hombre debe aparecer más que la inferior

A primera vista notamos cómo el piso de ese carruaje tiene una superficie menor que la del techo; este se alarga, mientras que el piso es estrecho. De tal forma que si consideramos como piso apenas la parte donde está la puerta central, él es minúsculo en comparación con el techo. Eso se debe a que en todo lo que el hombre hace hay una ventaja para él en que la parte noble de su cuerpo aparezca más, y la parte inferior aparezca mucho menos.

Tenemos, así, una arquitectura altamente práctica para tener en vista lo bello, porque a partir de la parte baja de los cristales hasta arriba, lo que se ve el hombre es la parte noble, en la cual aparece como un busto. Imaginen que este carruaje no tuviese en la parte de abajo el cuadro pintado en la puerta, ni esos ornatos, sino que todo fuese vidrio hasta abajo. Perdería enormemente.

Porque ver piernas cruzadas, pies trenzados que se agitan nerviosamente, es mucho menos bonito que ver los bustos elevados, la cabeza alta del hombre o de la dama en una actitud monumental, escultural.

Armonía entre las diferentes partes del carruaje

El carro tiene dos partes muy diferentes: una transporta y otra es transportada. La parte que transporta son las ruedas y el lugar donde se sienta el conductor. Atrás, entre las ruedas grandes, hay una especie de piso pequeño donde quedan de pie los dos lacayos, de tal forma que cuando el carro para, ellos bajan inmediatamente y van corriendo a abrir las puertas y a poner un banquito abajo – que va dentro del propio carro –, para que el pasajero no se vea obligado a dar un salto. ¿Ya pensaron cómo quedaría feo que una reina anciana diese un salto de ahí hacia abajo?

Los lacayos, vestidos generalmente con damascos, sedas y sombreros de terciopelo con plumas, ya saben hacer una cortesía muy grande con la puerta abierta, y no habiendo un hidalgo que dé la mano a la señora que baja, el lacayo le ofrece el brazo. Ella baja de un modo elegante y sale.

Con el carro abierto se puede mirar hacia adentro y ver las sedas y los damascos en los asientos. Esa es la parte de los que son transportados.

Noten la diferencia de construcción de las ruedas de adelante con las de atrás. Las ruedas de adelante son pequeñas y más robustas. Las ruedas de atrás son más leves, altas y elegantes. La razón de eso está relacionada con el equilibrio y el conforto de los pasajeros. Desde el asiento del cochero hasta la cabina, a ambos lados, hay unas piezas que suspenden y mantienen alta la carrocería, garantizando el equilibrio entre la parte de atrás y la de adelante mientras el carro sube o baja, de tal manera que los pasajeros no sean lanzados hacia adelante o hacia atrás. Sin duda, queda muy elegante. Es una serie de providencias prácticas muy bellas.

Lo práctico disfrazado por la belleza

Está así puesta una situación digna de nota, en que lo práctico existe desde que se preste atención, pero es necesario saber verlo, porque está de tal forma disfrazado por la belleza, que quien observa no dice: “¡Oh, qué sabiduría práctica!”, sino que exclama: “¡Oh, qué belleza!”

Los amortiguadores mantienen la cabina en una posición tal que no se inclina demasiado y sobre todo hace que no sientan los baches del suelo, lo cual podría hacer el trayecto más desagradable.

Incluso la altura que va desde el piso del carruaje hasta el pavimento está calculada para la perfecta comodidad de las personas que se encuentran en el interior de la cabina.

Generalmente caben seis pasajeros en ese coche, dispuestos frente a frente en las poltronas. Junto a la puerta está el banquito que las personas usan cuando bajan. Estas, conforme el caso, harán el recorrido en silencio y en una actitud de gran solemnidad, o conversando amablemente. El pueblo tiene el derecho de verlas en una de esas actitudes, y hace parte del deber de ellas presentar esa belleza, pues las instituciones políticas deben ornar a los pueblos. El ornato más bello de un pueblo es su institución política.

Los carruajes y la jerarquía existente en una sociedad

Analicemos ahora otro coche, sin duda inferior al anterior. Sin embargo, no se puede decir que sea un coche feo. Es un coche bonito. ¿Es lindo?

En comparación con las cosas de hoy es lindo, pero si se compara con el primer carruaje, no, es apenas bonito.

Pregunto: ¿Entonces es una decadencia hacer un carruaje así?

No, porque toda sociedad, cualquiera que sea la forma de gobierno, debe tener una jerarquía. Y es necesario que esa jerarquía sea armónica. Es decir, que no haya una decadencia entre el primer carruaje y después hayan apenas literas. Conviene que esa jerarquía sea por grados. Este no es un carro para un rey, sino para príncipes.

Por esa razón él es distinguido, pero noten que la presencia del dorado en él es mucho menos abundante: el techo es mucho menos ornado y de un color común. La forma de las ventanillas tiene mucho menos fantasía y es más rectilínea, pero la yuxtaposición de rojo y dorado es bonita. Ese carruaje tiene todo lo que el otro posee, pero de un modo menos excelente.

Esos carruajes son del Museo de los Coches de la corte, pero si hubiese un museo de coches de la burguesía, otro de coches del clero, etc., simplemente a partir de los coches tendríamos una idea del orden jerárquico de esa sociedad.

Hasta las literas, mucho más modestas, que madres de familia de clase popular tenían para hacerse transportar, eran interesantes. Es la jerarquía social en la cual cada eslabón ama al eslabón de arriba y se hace respetar por el eslabón de abajo. Y constituye una buena organización social.

A ese respecto, vale la pena leer los famosos discursos de Pío XII sobre la nobleza y el patriciado romano, para hacerse una idea de lo que se debe pensar a este respecto.

Ósculo entre lo bello y lo práctico

Tomen en consideración el predio del museo y noten cómo la sala de los coches está muy bien calculada. Vistas en conjunto todas las cosas bellas presentan una belleza mayor que la simple suma de ellas. Y por eso es bonito ver los coches en su conjunto. Se hizo entonces un salón bien alto, con una gran galería encima, para que el conocedor pueda recorrer los diferentes lados y analizar los coches en su conjunto.

Todo fue bien preparado para guardar bonitos coches. Cuadros al óleo, probablemente de esa época, representando escenas que pasaron en este o en aquel coche. El techo todo pintado y trabajado. Se tiene ganas de que haya allí en el fondo, donde hay una cortina, un órgano para tocar músicas extraordinarias para celebrar el pasado de Portugal.

Vamos a terminar por el lado “pedestre”: se gastó mucho en esos coches. Pregunto: ¿no es un elemento de gran valor para el prestigio actual de Portugal? Noten que es una gloria de Portugal. Generalmente las naciones que fueron colonias se rebelan contra las metrópolis y rompen a mano armada. Portugal tiene hasta hoy, en Angola y Mozambique, gente que está luchando para que esas naciones vuelvan a unirse a Portugal. Yo les garantizo que muchos angoleños y mozambiqueños que visitaron ese museo, que llevaron álbumes con muestras de esas cosas a Angola y Mozambique, transmitieron el sabor de la cultura portuguesa y contribuyeron para esa unión de Portugal con sus súbditos. Nosotros, de origen portugués, nos alegramos al decir eso. Una vez más lo bello y lo práctico se besan, se encuentran. Sólo faltó que llegáramos a este siglo descabellado y sucio para que se imaginase esa disensión entre lo bello y lo práctico.

1)      La fotografía que ilustra este artículo no es la misma comentada por el Dr. Plinio.


 (Revista Dr. Plinio, No. 203, febrero de 2015, pp. 32-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 4.10.1986).

Last Updated on Sunday, 26 August 2018 15:16