Lo bello y lo práctico - I

La Revolución, fundamentalmente materialista, propaga la idea de que lo importante es el lado práctico de las cosas, pues proporciona comodidad al cuerpo, mientras que lo bello ni siquiera debe ser tomado en consideración. El Dr. Plinio desmonta ese sofisma.

  

Plinio Corrêa de Oliveira

Delante de tantas cosas bonitas de los tiempos antiguos que fueron siendo destrozadas, y de tantas cosas hediondas instauradas en los días de hoy en nombre de lo práctico, uno se pregunta: ¿lo práctico es un precursor de la fealdad y lo bello es un enemigo de lo práctico?

Rapidez y comodidad

Para analizar esa cuestión, consideremos algunos medios de transporte.

Toda cosa es perfecta en la medida en que alcanza su fin. Ahora bien, el fin de un carruaje, por ejemplo, es transportar, y si transporta en condiciones ideales, realiza su perfección.

¿Cuáles son las condiciones ideales de un medio de transporte? Entre otras cosas, debe ser rápido y cómodo. Sin embargo, el concepto de cómodo es muy amplio, porque una es la comodidad que se puede querer tener en un automóvil que transpone la distancia de algunas cuadras; otra es la comodidad exigida para dicho vehículo cuando se hace un largo viaje. Son distancias muy diferentes en las que el cuerpo y el propio espíritu humano piden grados y modos de bienestar diferentes.

Hay otras circunstancias que condicionan la comodidad de un vehículo, como por ejemplo un amortiguador adecuado para transitar en superficies irregulares; el arranque suave y silencioso del motor; la estabilidad por la cual el pasajero se sienta bien y seguro, incluso a alta velocidad, etc.

Llegamos, así, a la conclusión de que el espíritu práctico debe estar adaptado a varias circunstancias.

¿Belleza o comodidad?

¿La belleza interna de un vehículo es una condición para la comodidad? Evidentemente, sí. Porque todo lo que lisonjea los sentidos, de algún modo, es una condición para la comodidad. Es muy confortable viajar en un carruaje y ver el sol entrando a través de los cristales de las ventanillas, e incidiendo sobre las sedas, damascos y terciopelos, “jugando” con esos tejidos de lujo. Por lo tanto, estaría de acuerdo con el espíritu práctico – que debe procurar la comodidad de un vehículo – hacer bonito el interior de un carruaje.

Aunque también debe estar de acuerdo con el espíritu práctico el hecho de que un automóvil tenga un compartimiento con un pequeño refrigerador que contenga líquidos helados para que, en el auge del calor, sin tener que disminuir la velocidad del carro, el dueño pueda servirse un refresco.

Teniendo todo eso, se puede decir que el espíritu práctico obtuvo una victoria. Pero es imposible fabricar un bello carruaje con esas comodidades. ¿Dónde colocar una nevera y unos superamortiguadores compatibles con una supervelocidad? ¿Dónde instalar un mecanismo por donde baste apretar un botón para que los vidrios suben y bajen haciendo un ruido prestigioso? Esas cosas caben en los productos modernos, no en los antiguos. Entonces, ¿qué escoger? ¿La belleza del carruaje o la comodidad del automóvil?

El alma del hombre y la pulcritud

Hasta hace poco tiempo atrás, los hombres no habían perdido la noción de lo bello, incluso habiendo pasado de la era del bello carruaje a la del automóvil. Tomemos, por ejemplo, automóviles del tipo Mercedes. Eran bonitos vehículos, con colores lindos, relucientes. El hombre tenía la impresión de entrar en una piedra preciosa, de tal forma la latonería era ornada. Adentro había cueros de primera orden, un espacio amplio, en fin, todos los agrados de los transportes de lujo se encontraban allí reunidos.

Eso obedecía al siguiente principio: hay una razón para que, tanto el carruaje como el automóvil, sean bellos.

Todos los argumentos dados hasta ahora a favor del espíritu práctico valen para el cuerpo. ¿Pero el hombre tiene solo cuerpo? ¿Él es principalmente cuerpo? Y si el alma es el elemento principal del ser humano, ¿de qué vale lo bello para el alma? En este caso, ¿tener belleza no sería el principal componente que un transporte debería poseer?

Lindos caballos y bellos carruajes

Analicemos el papel de lo bello.

En primer lugar, la persona que está en un carruaje o en cualquier otro medio de transporte, aun cuando sea simplemente un caballo, se presenta a los ojos del público de tal modo que llame la atención. Porque un individuo que atraviesa una calle dentro de un vehículo o montado en un animal, atrae mucho más la atención que quien va a pie, y forma un todo psicológico y artístico a los ojos de los transeúntes.

Además, el hombre tiene interés en ser conocido por lo que él es, para que se le dé el valor al cual tiene derecho. Si él es un verdadero caballero, descendiente, por ejemplo, de los cruzados, conviene que monte un lindo caballo de raza.

Y montar no es estar sobre el animal como estaría un bulto de papas. Es necesario cabalgar con elegancia, altivez y dignidad. El caballero debe dar la impresión de un tal dominio sobre el caballo, que lo oriente simplemente por el movimiento de las piernas. Las riendas sirven más como un elemento ornamental.

Además, el animal necesita estar bellamente enjaezado con una bonita montura y bellos arreos. Todo eso forma la moldura con la cual el hombre se presenta en público.

Está de acuerdo con la dignidad del hombre que él quiera cabalgar espléndidamente un lindo caballo. Eso no es vanidad, sino el recto ejercicio del instinto de sociabilidad, no con pretensión, sino con la naturalidad con la cual una persona quiere mostrar el rostro limpio a los otros.

Tratándose de personas de una condición enteramente excepcional, como un rey y una reina, que ocupan en el Estado y en la sociedad el primer lugar, es natural que por una necesidad de alma se hagan ver y reverenciar por lo que ellos son, utilizando un carruaje a la altura de su cargo.

Para ellos, más importante que la gran velocidad y todas las comodidades es tener un coche en el cual se presenten como dentro de una linda moldura.

Por eso las altas situaciones son tratadas por los artistas – en este caso concreto, por los fabricantes de coches – de manera a ser realzadas. El arte se empeña en presentar al rey, a la reina, a los príncipes de la casa real, a los nobles, a los titulares de altas dignidades de la Iglesia, del Poder Judicial, de las Fuerzas Armadas, etc., de un modo tal que sean naturalmente respetados, proporcionándoles otra modalidad de bienestar: la comodidad de gobernar.

Por lo tanto, es una ventaja para el Estado que haya lindos carruajes. ¡Cuánta rebelión se evita, cuánta guerra interna se le ahorra a un país cuando el pueblo se habitúa a respetar a quien lo gobierna!

El Bucentauro y el puente sobre el Támesis

La República de Venecia tenía un presidente del Consejo de los Nobles intitulado Doge, palabra derivada del vocablo latino dux: jefe.

Para navegar en las aguas fabulosas de la Laguna de Venecia, el Doge disponía de una embarcación toda esculpida y enchapada en oro, lindísima, que por una reminiscencia mitológica se llamaba “El Bucentauro”.

En la máxima ocasión del Estado Veneciano, el Doge partía en el Bucentauro acompañado por centenas de barcos, góndolas con aquellas proas lindas, gente tocando instrumentos, cantando, etc., laguna adentro, hasta el Mar Adriático. Cuando estaba en alta mar, el Bucentauro paraba y el Doge lanzaba al agua un anillo precioso: era el matrimonio de Venecia con el mar.

Venecia era una gran república comercial y dominaba los mares de aquel tiempo, siendo riquísima por esa razón. El matrimonio de la República de Venecia con el mar representaba una especie de unión entre el Estado veneciano y su destino histórico.

Evidentemente era útil para el Estado veneciano tener un barco así.

Por lo tanto, no siempre la belleza tiene esa incompatibilidad con lo práctico que presentábamos al inicio de esta exposición. Para la vida del alma, para el intercambio de relaciones entre las almas, para la formación de la política y de la cultura de un pueblo, lo bello tiene una importancia más grande que lo práctico. Y cuando hay una incompatibilidad, casi siempre lo bello prevalece sobre lo práctico.

Doy un ejemplo de nuestros días: el Río Támesis, en Londres, con aquel puente levadizo. Eso es lindo, pero ya no es necesario, porque con los medios modernos se podría construir un puente alto que sustituyese ese. ¿Por qué se mantiene el puente actual? ¡Porque es bello!

Hay, por lo tanto, un práctico de categoría inferior que encontramos al ver automóviles bien equipados. Pero hay un práctico más elevado que toma en consideración que el hombre es más espíritu que materia, y que las cosas del espíritu tienen mucha más importancia que las de la materia. Por eso se debe dar más valor a lo bello que a lo práctico.

(Continúa en el próximo artículo)


 (Revista Dr. Plinio, No. 202, enero de 2015, pp. 32-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 4.10.1986).

Last Updated on Friday, 17 August 2018 18:25