Al día siguiente de Navidad

Al otro día de la noche de Navidad  

 Dr. Plinio concluye esta inocente evocación de su Navidades infantiles, hablándonos del día siguiente, que para él y su familia era un suave apagar de luces dejando en el alma el aroma de momentos felices cuyos recuerdos durarían todo el año siguiente.  

Los 25s. y 26s.: luminoso intervalo  

    En el día 25 de diciembre sucedía lo que acostumbraba llamarse “el entierro de los huesos”: comíamos de las iguarias y bebíamos los últimos ponches que había sobrado la víspera, pero separábamos y guardábamos muchos paquetes de golosinas todavía no abiertos, para dárselos a los niños pobres el día de año nuevo, y eran comprados todavía algunos más para ellos.  

   La noche de ese día era un intervalo luminoso, lleno de suavidad, paz y dulzura, dándome la impresión de que todo el cielo con sus estrellas, estaba impregnado de miel y perfume… Me parecía que el sonido de las campanas llegaba mucho más lejos, y que una alegría enorme circundaba toda la ciudad, impregnando hasta los jardines oscuros y recordando: “¡Cristo nació; nació en Belén!”. Nos íbamos entonces a dormir bajo el aliento sagrado de la Navidad, con el sueño pesado y delicioso de la conciencia tranquila, tanto más que, en la víspera, el reposo no había sido tan bueno por causa de querer sorprender a San Nicolás.  

   El día 26 reinaba una gran animación. Podíamos comer un tanto de los restos de los dulces y jugábamos una vez más con los regalos, hasta familiarizarnos con ellos. Los adultos también participaban del ambiente de Navidad y, más amables y gentiles que otras veces, nos acariciaban con mayor cariño y tenían la paciencia de oírnos contar todas nuestras alegrías. Siendo la fiesta del Niño Jesús, la Navidad era la festividad de todos los niños, y estos eran tratados como si participaran con Él.  

   En esos días íbamos muchas veces a jugar con los niños y las niñas de cierta familia paulista, relacionada con mi abuela. Recuerdo que un sobrino de esa señora se arrojó una vez desde la terraza fingiendo ser un avión. ¡Todos los niños tuvieron una impresión muy grande y gritaron como si el “avión” les fuera a caer encima! Yo pensé: “Él está jugando pero de repente se quiebra una pierna”. Sin embargo, como la terraza era bajita, cayó de pie en el suelo y no le pasó nada”.

Año Nuevo, fiesta de los pobres y día de Reyes: nostalgia y transición  

   El día de Año Nuevo, organizábamos la cena de los niños pobres, nuevamente en la sala de los juguetes. Ellos rezaban con nosotros y, como estaban muy tímidos, nosotros los estimulábamos a servirse libremente.-¡Coma esto, coma aquello!   Nos estaba severamente prohibido comer más que ellos, pues la fiesta ahora les estaba dedicada. Podíamos tomar lo que quedase, pero solamente después de haberlos estimulado mucho a que comieran con confianza.  

   La dulzura festiva se extendía ampliamente, pasando por  Año Nuevo, y los días transcurrían en una atmósfera navideña que terminaba el día 6 de enero. Aunque no era objeto de ninguna conmemoración especial, esa era la fecha en que, en la imaginación de los niños e incluso en la de los adultos, aparecían tres reyes, que eran también sabios y magos, venidos de las brumas ignotas del Oriente. Sin saberse bien de dónde venían, vestían trajes magníficos y traían joyas maravillosas, comparecían en fila con sus siervos y sus camellos para adorar a Jesús. Ese desfile de reyes, llenos de sabiduría, que iban a inclinarse delante del Niño Dios, constituía la última alegría de algo que iba a cesar. Las luces del árbol de Navidad continuaban encendidas, el pesebre estaba allí, y para los niños temperantes, todo eso era una nostalgia de la Navidad y una transición para la vida común. Rezábamos un poco más, comíamos algunos dulces y, a la noche, volvíamos a nuestros cuartos sabiendo que al día siguiente nosotros mismos desmontaríamos el pino, recogeríamos las figuras del pesebre, mamá guardaría todos los adornos y volveríamos todos a los días comunes, que ya no tendrían el esplendor navideño.  

   Al día siguiente no teníamos propiamente tristeza, pero una gran luz quedaba apagada detrás de nosotros. Mientras tanto, nuestras almas estaban un poco más luminosas que antes de Navidad.

Last Updated on Sunday, 13 September 2015 22:23