Una lección filosófica con flores

Enseñanza de las flores

   La rosa, la orquídea y el tulipán: tres bellas flores creadas por Dios. ¿Qué enseñanzas nos podrían dar? Acompañemos al Dr. Plinio en la consideración de estas maravillas, extraída de una conferencia suya el 6 de marzo de 1.971 ante un joven auditorio estudiantil de varias partes del mundo.  

Hay tres flores que especialmente me agradan: La Rosa, la Orquídea y el Tulipán.

 

La Rosa...   

     Para mi gusto personal, la rosa ocupa el primer lugar entre todas las flores. Es bonita por entero. Perfecta y bien terminada. Es una belleza, una maravilla, una gloria.  

La rosa es eminentemente ordenada. En ella todos los pétalos están puestos en orden y todas sus formas de belleza obedecen a un raciocinio. Yo estaría bien lejos de afirmar que la rosa es una flor planeada, pero diríase que, como que un poeta la planeó. Sí, Dios Nuestro Señor la planeó, la destinó.  

Ella tiene el perfume propio a su belleza. La rosa tiene la belleza del orden ya previsto, racional, explícito; ella es una soberbia explicitación del concepto de belleza.

orquidea 

La Orquídea...  

     Después de la rosa, en la escala jerárquica de las flores, está una de ellas que abunda en Brasil y Colombia: la   orquídea. (*)  

 Si la rosa trae consigo el esplendor del orden, la orquídea es todo lo contrario. Ella es singular y nos da sorpresas. Sus pétalos parecen en movimiento a semejanza de un ballet. Parecen querer danzar como un ballet vegetal, en direcciones que nadie podría imaginar.  

Su parte central posee una belleza magnífica pero imprevisible. Algunas de estas flores tienen por ejemplo un colorido blanco-rojizo en el borde de sus pétalos que se va intensificando y convirtiendo en un rojo profundo a medida que se aproxima al centro, de tal manera que, en cuanto más se aproxima al interior de la flor, más misteriosa queda ella. Se va teniendo así la impresión de que existe un rojo sublime que no se muestra por una especie de recato.  

Así las cosas, la orquídea posee una belleza medio legendaria, inesperada, de muy alta distinción, pero distinción que pareciera decir a quien la observa: “Confiesa que tú no me imaginabas así, y que soy superior a todo lo que pensabas de mí”.  

Hay una especie de “no me toques” en la orquídea, que hace parte de otro tipo de belleza. No es la belleza del desorden -porque el desorden no tiene ningún tipo de belleza- pero sí es una forma superior del orden, que el raciocinio no puede construir y que solamente la fantasía sabría componer.   

Se podría decir que la orquídea es muy semejante al espíritu de dos naciones latinoamericanas psicológicamente muy parecidas: Brasil y Colombia.   

El capricho, lo inesperado y el entusiasmo; a veces, el resentimiento y la venganza; y, de acuerdo a la ocasión, la violencia pero siempre seguida de una reconciliación afectuosa. Todo este vaivén temperamental, muy común en el brasilero y en el colombiano, está marcado de alguna manera en la orquídea.

tulipan 

El Tulipán...  

     El tulipán por su parte es tan bonito, que cuando lo vemos nos preguntamos si puede haber alguna flor más bella. Es mucha la variedad de colores que hay entre ellos, pero el más bello es el bordeaux. Al contrario de la coloración en la orquídea, la del tulipán es leal, estable y definida.  

Mientras que la orquídea es como que una especie de parásita, todo en el tulipán nos habla de autosuficiencia, de independencia. Se levanta como que altanero, y sostiene –en lo más agudo de sus puntas, una especie de equilibrio. Un equilibrio un poco altivo, pues las propias hojas cercan al tallo y se desprenden para dejarlo pasar venciendo él todos los obstáculos y afirmándose casi como una lanza.  

Alguien podría preguntar: en síntesis ¿cuál es entonces la belleza del tulipán? Yo diría que es la belleza de la armonía. Hay una proporción entre la altura, el diámetro, el tamaño de cada pétalo, que hace del tulipán una obra prima de la coherencia. Y cuando se admira esto, se siente la alegría de ser uno un ente racional, se siente la belleza de la razón. Es un orden de belleza al estilo de la Europa maravillosa: ¡racional y equilibrada!  

Cierta vez, al saber yo que existían tulipanes negros, tuve cierta perplejidad y me pregunté: ¿Para qué servirá una flor negra? ¿Será para hacer cruces de difuntos? No entiendo. Pero debe haber una razón cualquiera para que Dios haya creado el tulipán negro.  

Cual no fue mi sorpresa cuando, pasando en automóvil por una calle de París, vi en una vitrina de un almacén, un jarrón con tulipanes de varios colores, entre los que había uno negro. El automóvil iba rápido –con la rapidez de los viejos taxis de Francia, pero alcancé a regalar mis ojos con la escena, pero sobre todo regalé mi inteligencia comprendiendo la razón de ser de aquella maravilla de Dios.  

Al analizar el jarrón y ver cómo el tulipán negro realzaba la belleza de todos los otros colores comprendí por qué Dios creó los tulipanes negros. Era tal el contraste producido por él entre los demás colores que si alguien quisiera sacarlo de allí, yo le diría: no lo saque porque es una de las notas más bonitas del jarrón. Era un modo de fantaseo racional, muy a la manera francesa. Era un teorema respecto a los colores.

Escala de valores  

El análisis de estas flores nos da una interesante lección:  

Para muchos hombres solamente tiene valor aquello que fuere de primer orden; lo que fuere de segundo orden, según ellos, no serviría para nada, sería basura. Pero esto no es cierto, puesto que hay una gradualidad entre las cosas, la cual nos incita a amar la belleza propia de cada grado.  

Bello como la rosa -al menos para mi gusto, el tulipán no lo es. Si embargo el tulipán no es una flor de “segunda categoría”, en el sentido peyorativo de la expresión.   

La escala jerárquica no impone un achatamiento del inferior y sí un resplandecimiento del superior. Hasta entre las flores hay una jerarquía de valores. Aplicando el principio de jerarquía al análisis hecho, podemos decir qua la rosa y el tulipán son las dos flores del anti-igualitarismo: una es bella en grado supremo; y la otra, no siendo la primera, da a Dios gloria, mostrando la belleza que también hay en los grados intermedios.

(*) El Dr. Plinio, aunque conocía a algunos colombianos, no sabía en aquel entonces que la Orquídea es la Flor Nacional de Colombia.

Last Updated on Sunday, 13 September 2015 22:23