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El heroísmo escocés

Describiendo la fotografía de un soldado escocés, el Dr. Plinio apunta la verdadera fuente de todo heroísmo: por amor a Dios y a la Santa Iglesia cualquier infortunio se llena de belleza y se vuelve una magnífica realización de la vida.

 

Flor remanente de un árbol cortado

 

Plinio Corrêa de Oliveira

En cierta ocasión me presentaron la fotografía de un soldado de la guardia escocesa. Él llevaba consigo una gaita y otros objetos, todos de formas y colores muy diferentes. Esa figura me causó tanta impresión, que me gustaría describirla, a fin de poder analizarla.

El curioso traje de un soldado de la guarda escocesa

El soldado portaba una gaita que, para mis ojos poco especializados, parecía una bolsa de aire, que él debe estar constantemente llenando y presionando con el brazo, a fin de emitir un sonido. De la parte inferior se desprendía un tubo con varios orificios en los cuales se tecleaban las notas musicales; en la parte de arriba había varios tubos por donde salía propiamente el sonido.

El personaje tenía también una faja que pasaba sobre el hombro izquierdo, cruzaba desde la espalda hasta el pecho, y dejaba pender una borla ancha. El diseño de su faja era análogo al del tejido de su kilt1. Además del faldón, su traje estaba compuesto de medias largas, zapatos y un saco oscuro con galones plateados. En la frente llevaba un quepis alto que parecía ser de piel; al lado de este pendía una aigrette2 roja. En la parte inferior del quepis había un borde también rojo, que formaba un juego de colores muy interesante.

En la cintura él llevaba, pendiente de una cadena de plata, una especie de bolsa que me parece ser hecha de piel de cabra.

Así era el traje de aquel soldado. Tal vez le parezca extraño a algunos, pero veremos cómo tiene mucha razón de ser.

Fuera de su propio contexto, el traje escocés puede parecer extraño

El soldado era un hombre a quien se le atribuirían unos 50 años. Se trataba de un hombre con mejillas grandes y coloradas, que por el modo alegre y optimista de su sonrisa aparentaba mucha satisfacción. El modo de ser travieso, alegre y saludable de ese hombre, le daba la apariencia de ser casi un niño grande.

Para comprender bien su uniforme, debemos considerar que se trata de un traje profundamente regional, nacido de circunstancias regionales. A primera vista parece tener cierta nota de extravagancia, propia de las cosas característicamente regionales; en determinadas circunstancias y lugares encaja muy bien, pero en otras parece estar fuera de su lugar.

Si imaginamos, por ejemplo, a ese hombre marchando en la Escocia montañosa, quedaría muy bien, pues parece hecho para escalar montañas. Pero si lo imaginasen tocando gaita en la pampa lisa y rasa de Argentina, se vuelve completamente inexplicable. Pues él es hecho para ser visto en su marco y en su ambiente: la Escocia brumosa y montañosa, tierra de la ginebra y del whisky, de bellos lagos y de tradiciones regionales.

El soldado escocés, modelo para todo el pueblo

En esta región todavía se nota un ambiente de guerra hecho de proezas y de hazañas. No de guerra cerrada, en líneas e hileras. Ese traje representa el tiempo en que el coraje valía más que el arma de fuego. En ese ambiente, tocando valientemente su gaita, ese hombre estimulaba a otros a avanzar, infundiendo heroísmo por medio del toque de su instrumento, soplando con vigor, exponiéndose a la intemperie, arriesgándose a las balas.

La magnífica figura de ese soldado es el padrón de un verdadero escocés, así como una muestra de lo que ese pueblo puede dar cuando está expuesto a determinadas condiciones.

¿Por qué él es un padrón para el pueblo? Ese hombre es un guerrero, un combatiente, un auténtico militar. A tal punto que los escoceses combatieron así durante la Segunda Guerra Mundial, con esos trajes y esas gaitas.

No obstante, en su figura se notaba un optimismo, un modo alegre de marchar, como si estuviese caminando hacia la victoria. No se trata de un optimismo bobo, sino de una virtud vivencial proveniente de la fe. Su figura expresaba lo siguiente: combatir es una gran cosa; siendo héroe, exponiendo la vida, se alcanza la plenitud. “Aunque sea para ser herido de tal modo que quede inválido, o hasta para morir, si yo lucho y soy valeroso me habré realizado”.

Para él eso es más importante que la alegría de llevar una vida cómoda, teniendo un buen carro o buena salud.

¿Qué es el heroísmo sin fe? ¿Qué es la vida sin heroísmo?

Infelizmente, la mentalidad de ese hombre, debido al protestantismo, quedó muy laicizada. Pero su equilibrio mental y emocional todavía es una reminiscencia de la época en que se tenía fe, en que esa virtud explicaba su posición de alma y le daba fundamento. Sin la fe, no existe base para eso. Bastaría preguntarle lo siguiente: ¿Si no existiese la vida eterna, Ud. estaría dispuesto a sacrificarse de esa forma?

Me acuerdo que cierta vez entré en un restaurante de la Avenue des Champs-Élysées, en París, y encontré a un mutilado de guerra. Se trataba de un ciego siendo conducido por su esposa. Venía él a oscuras, tambaleando, y la mujer con aire exhausto lo guiaba; los dos arrastraban los pies por esa avenida, que ella no admiraba y él ni siquiera veía. Ella lo condujo hacia adentro del restaurante, se sentaron, y el hombre comenzó a tomar cerveza. Ese era el único placer que él podía tener. Mientras tomaba cerveza, la mujer manifestaba una fisionomía exhausta, como diciendo: “¿Quién me colgó este ciego en mi espalda?” Él parecía dar gracias a Dios por, al menos, tener una cerveza para tomar. Para quien no tiene fe, eso constituiría un espectáculo trágico, pues ¿de qué valdría renunciar a la juventud floreciente y quedar ciego? ¿No sería mejor huir o esconderse?

La única cosa razonable para un espíritu laico puesto en esa situación es huir, a fin de conservar la vida. Sin embargo, ¿de qué sirve vivir sin fe? ¿Qué es la vida sin heroísmo? ¿Será más que sorber cerveza? ¿Qué es la vida sin un ideal?

Pero, en la medida en que se acepta el absurdo, se enfrenta todo… Si se admitiese que Dios no existiese y que la Religión Católica no fuese verdadera, las actitudes más dispares y sin sentido pasarían a ser las más razonables.

Herencia de una era católica

Sin embargo, en la actitud de aquel soldado se percibía que había algo razonable y equilibrado. Eso no es más que una herencia de la era católica que él todavía conserva.

La posición de ese hombre sólo se vuelve razonable en función de la doctrina católica. Pues, al admitir que Dios existe, por amor a Él, por amor a la Santa Iglesia, e inclusive a su propio país – dado que defender el país también es una virtud católica – se enfrenta todo.

Así considerados, cualesquier infortunios se llenan de belleza y se vuelven una magnífica realización de la vida.

Tal estado de alma sólo se comprende en función de las raíces católicas. Si bien que en estos pueblos las raíces católicas desaparecieron casi totalmente, ese estado de alma todavía continuó en las vivencias, a semejanza de una enredadera que al ser cortada todavía continúa durante cierto tiempo haciendo desabrochar algunos botones. Por la actitud de aquel soldado se nota que en esos pueblos las flores de la fe católica todavía no se secaron.

Si fuésemos a analizar a un verdadero católico yendo de encuentro al adversario, ciertamente él tendría una cara menos divertida y, por lo tanto, más seria que la de ese hombre; sin embargo, ostentaría todavía más alegría, paz y coraje.

De esta forma se comprende cómo debemos utilizar las tradiciones para formar una idea verdadera de la Iglesia. Pues, aunque el hombre que describí no sea católico, su actitud es hija de la Iglesia, y fue generada por siglos de civilización católica.

Ese personaje es un comentario vivo del heroísmo; en pocos libros se encuentra la lección que él nos da. Ante su figura nos sentiríamos más estimulados a abrazar el heroísmo que leyendo centenas de libros.

Así como esta figura que acabo de comentar, hay muchas otras cosas de la tradición que ya no son vistas con espíritu católico, pero que, interpretadas con ese espíritu, se vuelven un magnífico comentario de las propias cosas católicas. Así vista, la tradición nos puede enseñar a ser verdaderamente hijos de la Santa Iglesia Católica.

1) Faldón con pliegues y tejido de lana escocesa a cuadros, que hace parte del traje típico de Escocia.

2) Adorno confeccionado con plumas largas.


 (Revista Dr. Plinio, No. 154, enero de 2011, p. 32-35, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 5.2.1969).

Last Updated on Thursday, 19 July 2018 16:35